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sábado, 29 de mayo de 2021

 

ARQUEOLOGÍA DEL SABER.


Foucault, caracterizado como el filósofo del poder, teniendo como punto de partida a Nietzsche y Heidegger, propone un cambio fundamental en la filosofía contemporánea en cuanto a la interpretación tradicional del conocimiento. Comienza a hablar de “Arqueología del saber”, reemplazando a “teorías del conocimiento”.

La arqueología no se preocupa de conocer las “cosas en sí”. No hay teorías del conocimiento. Hace una profunda crítica al conocimiento.

La arqueología utiliza un instrumento que lo denomina “análisis de los discursos”, reestructurando y analizando tres nociones, conceptos o aspectos: el conocimiento, el saber y la verdad.

a)   El discurso. A Foucault no le interesa como se manifiesta la cosa, es “algo”, es un material incorpóreo, una relación entre los enunciados. Al discurso se lo reconoce por sus efectos que tienen significación (el discurso es cualquier cosa provista de significado). Efecto de exclusión: (siempre queda algo afuera de lo que quiero decir) Efecto de dominación: (los discursos imponen criterios y se establecen relaciones asimétricas en distintos órdenes). No se habla de cómo se ve, sino como se explica. Lo único que cuenta es lo que se dice. Más allá del discurso no hay nada, por lo tanto, quien elabora el discurso dominante organiza una aprehensión de lo inteligible. Organiza una manera de entender lo que pasa.

b)   El saber. El tema de la arqueología es el saber, que se busca acceder a través del análisis del discurso. El saber se entiende dentro de un contexto en el que se dice, como un complejo de elementos discursivos (enunciados, relaciones entre enunciados) y no discursivos (prácticas instituciones, sociales e ideológicas). El saber no es lo mismo que conocer o “lo que se conoce”.. entendido como un complejo de elementos discursivos, el saber es generador de una práctica ejercitada al nivel de los discursos. La elaboración del discurso es una manera de entender el mundo y las cosas. Las prácticas discursivas son dinámicas e históricas, el saber es la forma en que se entiende el mundo en cada momento histórico; es una construcción histórica generada a partir de los discursos, donde se reorganiza la experiencia que es aquello que se conoce o que puede conocerse, o de acuerdo al principio de exclusión aquel conocimiento que no se quiere conocer. Por lo tanto, todo conocimiento está subordinado, condicionado por el saber.

c)   El conocimiento es un tipo de violencia ejercida sobre las cosas. ¿Por qué es un tipo de violencia? Porque el discurso fuerza o condiciona a las cosas a ser del modo en que el discurso dominante las organiza. El efecto que el discurso produce sobre el conocimiento y su objeto real no existe identidad ni semejanza. Esta postura rechaza la idea del conocimiento como representación o como reproducción del objeto en el sujeto. El conocimiento no tiene referencia en la realidad exterior. El conocimiento está subordinado al saber. Conocer es producir las condiciones para comprender las cosas. El discurso genera un conjunto de reglas que posibilitan la aparición de lo cognoscible. El discurso impone reglas que él mismo produce, para poder entender lo que ocurre. El conocimiento es una producción cultural, por lo tanto, lo que se conoce no es estable o eterno. Conocer, entonces, es lo que la cosa se deje decir, se explicite a sí misma a través, del saber histórico. En síntesis, el conocimiento es un sistema práctico e ideológico de apropiación de conceptos y enunciados dentro de un saber.

d)   La verdad. La verdad deja de ser la adecuación entre el intelecto y el objeto. La verdad es una construcción, un objeto, que incluye una práctica social y el ejercicio de poder.

En síntesis, en Foucault la Arqueología del saber pretende ser una actividad orientada a exhibir la eficacia del discurso dentro del conjunto de prácticas sociales realizadas en el eje “discurso-saber-poder”.

El conocimiento queda subordinado al saber, es un producto de la actividad discursiva y se constituye en un sistema de apropiación del mundo cuya táctica está orientada a permitir un determinado dominio social a través de la construcción de la verdad.




sábado, 24 de abril de 2021

¿Filosofar acerca de la filosofía?

 


Hoy más que nunca, no sólo tiene sentido la filosofía, sino que además debemos agregar, es necesaria. En un mundo donde parece perderse el deseo de saber, de escudriñar las cosas y cuando cada vez es más evidente que el amor por la lectura no resulta ser como en el pasado, entonces, qué bien haría a todos ejercitar el saber filosófico como quien se ejercita físicamente para sí, mantenerse en forma; qué mejor manera de mantener adecuadamente los signos vitales del intelecto que, leyendo con juicio crítico un buen libro que no sea bueno sólo porque tiene un costo económico o porque tiene un título seductor, sino porque resulta ser edificante para el espíritu y para el desarrollo de todas las capacidades mentales. La lectura acrecienta, a no dudarlo, el cuestionamiento, favorece la capacidad de análisis y posibilita la autocrítica.

Si se lograra al menos de manera general, comprender y ejercitar uno de los propósitos de la filosofía, se estará en camino al conocimiento, y esto, cualquiera que tenga voluntad para lograrlo, bien lo puede alcanzar. No tiene capacidad de saber y conocer solamente quien estudia formal y académicamente. Con frecuencia mezclamos conceptos y realidades; con facilidad asombrosa caemos en la trampa ingenua de qué si alguien ostenta mucha formación académica, es que “sabe”, cuando en realidad, ninguna universidad certifica conocimientos; los centros de estudio tan solo certifican estudios.


A la realidad descrita anteriormente, se añade el hecho de que la graduación universitaria no debe considerarse nunca el final feliz de una carrera, la cual, pasó más por la angustia y el estrés del estudio que por el disfrute de haber aprendido algo nuevo cada día; constituye más bien el comienzo de una vivencia plena de lo que se estudió y un compromiso por continuar hurgando en las fuentes de conocimiento más cercanas que son los libros, y en este sentido la filosofía es un apoyo ineludible para cualquier persona que “padece” de esa dichosa sed de saber, por cuanto ella posibilita la obtención de un juicio crítico de la realidad, enriquece el vocabulario y permite reivindicar el conocimiento en detrimento de la ignorancia. No es que la filosofía tenga la solución a todos los problemas existenciales, al contrario, ella misma es una pregunta de carácter existencial, pero en esa incesante actividad del cuestionamiento se pueden hallar posibles respuestas a las inquietudes intelectuales. La filosofía es una de las innumerables posibilidades que tiene el ser humano para entender su entorno físico y su realidad metafísica; de ser esto así, es casi una imperiosa obligación la que tiene el hombre de cuestionarse todo cuanto sea posible; por tal motivo, no se encuentra mejor forma de concluir que, afirmando: ¡Hoy, más que nunca se debe filosofar!

lunes, 8 de febrero de 2021

La voz de los sin voz. 

Introducción

Durante el transcurrir de este año 2018, en la materia EDI, del 4to. Año del Profesorado de filosofía, desarrollamos el módulo sobre, CLASE-RAZA-GÈNERO. En las temáticas trabajadas sobre la problemática indígena de nuestro país, vimos una película documental denominada: “Octubre Pilagá” (Relatos sobre el silencio). Una conmovedora y angustiosa historia ocurrida en el año 1947, en la Provincia de Formosa, donde el pueblo Pilagá, fuere perseguido, masacrado, fusilado por la Gendarmería Nacional y cautivo en una reducción de tierras fiscales, siendo luego sus sobrevivientes sometidos y explotados para el trabajo del algodón y la caña de azúcar. Un genocidio más silenciado contra los pueblos originarios de Argentina. Teniendo como punto de partida este acontecimiento histórico, el siguiente trabajo consistirá en un análisis sobre la problemática indígena de nuestro país, atravesada por diferentes políticas públicas aplicadas por el Estado Argentino, cuya visión etnocéntrica dicotómica civilización o barbarie-salvajismo, tuvo un único objetivo, la apropiación de territorios indígenas abundantes en recursos naturales y la utilización de mano de obra barata para el desarrollo de empresas agropecuarias. 

Una historia sin fin. 

Hace aproximadamente unos 30 mil años, grupos humanos emprendieron el desafío de atravesar el mar congelado del Estrecho de Bering, llegando al continente americano. Estos grupos nómades se fueron esparciendo por todo el continente, desde Alaska hasta Ushuaia, fundaron pueblos con un cierto grado de desarrollo que le permitieron prosperar en diferentes condiciones geográficas. Durante el transcurso del siglo XV, Europa había alcanzado un nivel de desarrollo científico y tecnológico, que les permitió salir en busca de nuevas aventuras por el mundo. Por error Cristóbal Colón llegó a América y desde 1492, hasta hoy, este “descubrimiento” de los europeos, llevó a los pueblos originarios de América al borde su extinción. Persecuciones, torturas, muertes, explotación laboral, enfermedades, robo, violaciones fueron algunas de las atrocidades que el europeo cometió en el continente. Las colonias españolas en América permitieron el triunfo de la burguesía europea, cuya máxima expresión fueron: la revoluciones industrial y Francesa; dando inicio al nuevo orden mundial denominado capitalismo. Este sistema económico, político y social se expandió por el mundo en busca de recursos naturales y mano de obra barata para desarrollar sus industrias y América quedó a merced de estos intereses. A comienzos del siglo XIX, esas ideas burguesas libertarias llegaron a América y dio inicio a la independencia de las colonias españolas, dando nacimiento a nuevos Estados Nacionales y entre ellos nuestro país. Argentina no fue ajena a lo que pasaba en el mundo, quería parecerse a la Europa Blanca civilizada y para ello debía apropiarse de territorios que todavía seguían en manos de los pueblos indígenas. Durante los últimos ciento cincuenta años, el Estado argentino ha entablado diversos tipos de vínculos con comunidades originarias a lo largo y a lo ancho del territorio, que modularon entre tratados y alianzas por la vía diplomática, y políticas de usurpación y desplazamientos territoriales mediante el ejercicio de la fuerza. Estos procesos han sido abordados por el campo historiográfico de forma disímil trayendo como correlato la elaboración de discursos instalados hegemónicamente, que supieron entender a estas sociedades muchas veces de forma acrítica y descontextualizada. En este marco, el abordaje de la cuestión indígena se presenta como un gran desafío desde el campo de la historia, pues requiere de una ardua revisión y un replanteo de miradas que permitan dar cuenta de la compleja y heterogénea dinámica entablada entre el Estado argentino – en sus diversas etapas– y las organizaciones político-étnicas de las comunidades indígenas. La campaña del desierto durante el gobierno de Bernardino Rivadavia en el año 1926, (cuyo brazo ejecutor fuera el Coronel Prusiano Rauch), inicia una política de Estado tendiente a ocupar territorios habitados por las poblaciones originarias y destinarlas a la ganadería y posteriormente a la agricultura. Todos los gobiernos que continuaron gobernando el país tuvieron el mismo objetivo. No hubo diferencias ideológicas en avanzar contra el desierto salvaje. Unitarios y federales, conservadores, radicales y peronistas, todos implementaron en diferentes épocas, políticas de Estado que posibilitaran apropiarse de los territorios indígenas con el objetivo de convertir a la Argentina en un país “agroexportador”, al servicio del capitalismo mundial. Sus protagonistas principales: Rivadavia, Rosas, Roca, Yrigoyen, Perón y los gobiernos sucesivos, tuvieron todos, la misma finalidad. En la actualidad, pareciera no haber cambiado nada. La desaparición y posterior muerte de Santiago Maldonado o el asesinato de Rafael Nahuel, ponen de manifiesto la vigencia de esta problemática que todavía no ha sido resuelta, las tierras siguen siendo ocupadas por blancos europeos (Benetton o Lewis), su brazo armado ejecutor la Gendarmería Nacional , y los pueblos originarios reclamando sus tierras que le fueren arrebatadas. 

Los Pilagá. 

El pueblo Pilagá (pit´laxá) habita desde siempre el centro de la provincia de Formosa y Chaco, es un pueblo indígena de la familia guaycurú que. Conviven el mismo espacio territorial con otras comunidades indígenas como los abipones, los mocovíes y los tobas (todos ellos grupos indígenas que vivían desde el siglo XVI, frente a lo que hoy es Asunción del Paraguay), fueron llamados “guaycurúes” por los guaraníes y “frentones” por los españoles (por la costumbre de raparse la parte delantera de la cabeza). Son entre 5000 y 9800 habitantes, que actualmente viven en 19 comunidades en el centro de la provincia de Formosa. Estas comunidades son: Ayo La Bomba, Barrio Qompí Juan Sosa (en Pozo del Tigre),Bartolomé de las Casas (compartida con los tobas),Cacique Coquero, Campo del Cielo, Colonia El Calaudillal, El Descanso, El Simbolar, Estanislao del Campo, Juan Bautista Alberdi, Kilómetro 14,La Línea, La Yolita o Ceferino Namuncurá, Laqtasatanyi, Pozo de los Chanchos, Pozo Molina, Pozo Navagan, San Martín, Sánchez Ibarreta. En sus épocas felices fueron cazadores y recolectores de frutos del algarrobo, del chañar, del mistol, de la tuna y del molle, de los higos de tuna, pequeños ananás silvestres, porotos de monte, raíces y cogollos de palmera, y han practicado el cultivo del suelo. Pero actualmente son explotados en la zafra del algodón y otros cultivos, o los utilizan como hacheros o realizan artesanías típicas como tejidos, tallas de madera (en carandillo y chaguar) y cestería las cuales venden para ayudar a su humilde subsistencia. Algunos privilegiados practican la agricultura y la ganadería (crían cabras y ovejas), además de aprovechar los frutos del monte como base de su alimentación. Todos ellos solo tienen acceso al agua “potable” por medio de la recolección de agua de lluvia o de lagos o ríos cercanos, que se encuentran contaminados. Este pueblo originario luchó muchísimo por lograr que le reconozcan sus derechos, no solo como pueblo sino también como personas. 

Octubre Pilagá. 

En el año 2006, se ordenó el allanamiento de las instalaciones del Escuadrón de Gendarmería de Las Lomitas de esa provincia frente a la denuncia que afirmaba que allí se hallaban las fosas comunes con los restos de personas pertenecientes a miembros de esta comunidad, asesinados por la Gendarmería Nacional, en 1947. La Justicia comenzó la búsqueda y encontró restos de un cuerpo que podrían pertenecer a un integrante del pueblo originario. Mediante la recolección de datos y testimonios de sobrevivientes de la masacre, se realizó el rastreo por todo el área para dar con estos restos, logrando comprobar científicamente la veracidad de lo ocurrido: el fusilamiento de cientos de indígenas. Este hecho se ha mantenido oculto no solo desde el relato construido durante abril y octubre de 1947, que justificaba la presencia policial en la zona y armaba un imaginario de “indio peligroso” en el pueblo, sino también a partir del silencio y la negación por más de 60 años. Gracias a los testimonios de sobrevivientes, que aún residen en Las Lomitas, y del trabajo de un grupo interdisciplinario de arqueólogos, antropólogos y científicos en general, se fue reconstruyendo los acontecimientos, permitiendo hacer un trabajo de comparación y análisis con respecto a las razones que el Gobierno y la Gendarmería habían fundamentado para dar con la ofensiva. Además, Valeria Mapelman culminó en un libro y una película documental: “Octubre Pilagá-Relatos sobre el silencio”, donde se cuenta la masacre en “Rincón Bomba” en 1947 durante el gobierno del General Perón. Mapelman narra que, para mediados de 1947, segundo año del primer gobierno de Juan Domingo Perón, hacía ya más de medio siglo que en el Norte de Argentina, se había impuesto el régimen de colonias aborígenes (antes llamadas reducciones). Estas colonias eran fundamentales para el sistema de control de la población originaria sobreviviente del genocidio iniciado cuatrocientos años antes por los conquistadores españoles. Eran una versión renovada de las antiguas reducciones religiosas y estatales, y concentraban a miles de personas de distintos pueblos que el Estado argentino sometía al trabajo esclavo para satisfacer las necesidades de ingenios, algodonales y obrajes. El Ministerio del Interior era el organismo de gobierno que velaba por el buen funcionamiento del régimen de colonias. La policía y la Gendarmería Nacional, tenían a cargo el disciplinamiento y la represión. En 1947, los Pilagá que habían sobrevivido a sucesivas campañas de exterminio estaban siendo desplazados a tierras áridas o inundables. Aislados, y con su territorio reducido, no tenían otra salida que buscar trabajo en las industrias. La historia oficial siempre nos impuso la idea de desierto y en este caso en particular la de “desierto verde”, es una de las grandes mentiras construidas al servicio de la apropiación territorial y el control de la fuerza de trabajo, sirvió como fundamento al modelo colonizador en el que se fundó el estado argentino, un recurso eficaz para conquistar la pampa húmeda, la Patagonia y ahora el gran Chaco. El desierto verde era un inmenso espacio de bosques, ríos y tierra fértil destinada a la producción ganadera y agropecuaria; además de una población que se convertiría en mano de obra barata para las industrias. El Gran Chaco es un territorio que siempre estuvo en poder de las comunidades indígenas, cuya organización social, económica y política, fue totalmente diferente a la Argentina capitalista del siglo XIX, que veía a estos pueblos como salvajes al que había que “civilizar”, creando reducciones donde las familias eran encerradas para ser moldeadas como proletarios al servicio de la producción capitalista. 

10 de Octubre de 1947. 

En octubre del 1947, en La Bomba , un paraje cercano a Las Lomitas, unos dos mil Pilagá se habían reunido para recibir de boca del carismático Tonkiet (Luciano) la noticia sobre un Nuevo Dios, escrita en un libro hasta entonces desconocido para ellos: La Biblia. Las danzas y los tambores se mezclaron con los himnos bíblicos y resonaron durante muchas noches, y en el regimiento 18 de Gendarmería, distante a sólo un kilómetro del paraje comenzó a gestarse la represión planificada y ordenada por el Estado. La indisciplina tenía que cesar, la gente debía ser encerrada en un espacio controlado para ser enviada a trabajar. Aquella expresión de libertad cultural y religiosa podía ser contagiosa y el escarmiento no tardó en llegar. El día 10 de octubre, al caer la tarde, la Gendarmería Nacional apuntó sus armas contra la multitudinaria reunión, fusilando a cientos de personas. De acuerdo a los testimonios de los sobrevivientes, la matanza se extendió varios días. Después de los fusilamientos del día 10, se iniciaron las persecuciones de testigos a través de los montes, las mujeres sufrieron violaciones y hubo más fusilamientos en las comunidades cercanas. Muchos niños murieron por las heridas de bala. Muchos ancianos murieron vencidos por el cansancio y la sed, acorralados por las tropas que patrullaban el acceso a los arroyos. Los cadáveres no pudieron ser sepultados y continúan desaparecidos. Los sobrevivientes recuerdan las capturas y el encierro final. Los diarios de la época también informaron estos hechos aunque en forma muy distinta a lo que paso realmente. En esas noticias se les echa la culpa a los aborígenes de su propio genocidio: "Extraoficialmente, informamos a nuestros lectores que en la zona de Las Lomitas se habría producido un levantamiento de indios. Los revoltosos pertenecen a los llamados pilagás quienes, según las confusas noticias que tenemos, vienen bien previstos de armas... ya se habrían producido algunos encuentros, no se sabe si con los pobladores de la zona o tropas de la Gendarmería Nacional". (Diario "Norte", Formosa, pág.1, Col. 5).” "El viernes último, en horas de la tarde, en la localidad de Las Lomitas, Territorio de Formosa, se ha producido un levantamiento de indios pilagás, como consecuencia de un asalto que habrían realizado estos últimos contra vecinos de ese pueblo, lo que habría obligado a intervenir a las fuerzas de la Gendarmería Nacional allí destacadas". (Diario "El Intransigente", Salta, 12 de octubre de 1947, pág. 6, col.1-3).” "Días atrás se produjo en Las Lomitas, localidad del vecino territorio de Formosa, un levantamiento de 1.500 indios de las tribus pilagás existentes en esa zona. Fuerzas de Gendarmería Nacional debieron actual con energía para impedir que esa actitud acusara desgraciadas consecuencias, y el gobernador formoseño se vio precisado a concurrir al lugar de los sucesos para calmar a los indígenas sublevados". (Diario "El Territorio" de Resistencia, Chaco, en la pág. 3). "En las Lomitas se Produjo un Levantamiento de las Tribus de Indios Pilagás..” Informaciones procedentes de estación Las Lomitas hacen saber que en aquella zona se produjo un levantamiento de las tribus de indios pilagás. Las mismas noticias aseguran que tropas de la Gendarmería Nacional intervinieron inmediatamente para restablecer el orden. Se tiene conocimiento que están listos para partir hasta Las Lomitas, en caso necesario, efectivos del ejército destacados en la guarnición local". (Diario "La Prensa", domingo 12 de octubre de 1947 (Día de la Raza), página 13. Aquí vemos la complicidad de los medios de comunicación de aquella época haciendo alusión a la matanza en forma de que fueron los Pilagás los culpables de dicha masacre y no el gobierno. De esta manera hacen ver a los aborígenes como seres malvados e innecesarios para la sociedad, de tal forma que la gente apoye este genocidio, cosa que ha venido sucediendo desde épocas inmemorables y que, lamentablemente, aún hoy sigue pasando. Uno de los ejes fundamentales del libro es el cuestionamiento de los relatos oficiales, periodísticos y académicos que criminalizan a los originarios y justifican la represión. Al igual que en masacres anteriores como la de Fortín Yuncá (1919) y Napalpí (1924), la prensa cumple un rol funcional al poder político creando un “territorio salvaje y peligroso” para avanzar hacia la destrucción de los pueblos originarios, tergiversando los hechos para criminalizarlos, y luego silenciando para restablecer la calma y que el manto de silencio sepulte la masacre en el olvido. La noticia del “malón indio” una vez ocurrida la represión debía justificar las balas disparadas y la destrucción de pruebas. La academia acompañó las investigaciones realizadas en los años ‘70 en el Gran Chaco buscaron desde un discurso científico convertir a las víctimas en victimarios y se convirtió al monte en un escenario de guerra entre dos bandos, abonando una teoría de los dos demonios, al igual que la dictadura militar del 76, justificó los 30.000 desaparecidos. En su libro Argentina originaria, Darío Aranda, nos dice que los pueblos originarios tienen la historia en común con los blancos, con promesas incumplidas, intentos de sometimiento, muerte, despojos, resistencias. Desconfían del periodismo. Tienen experiencias de engaño, siempre a favor del político, el estanciero o empresario. Identifican a los medios de comunicación como aliado del poder de turno, socio del modelo extractivo que los acorrala, les quita alimentos, los condena. Los pueblos originarios no están en la agenda de los medios, se los niega o se los muestra como el pasado salvaje y cuando aparecen en los medios siempre son destinatarios de caridad, limosna, pero que nunca cuestionan la causa de su postergación histórica o se los muestra como un hecho folklórico, haciendo eje en su vestimentas, costumbres o comidas. Nunca los considera como sujetos de derechos y actores políticos y sociales con demandas legítimas y derechos incumplidos. Valeria Mapelman, en su libro Campañas militares, reducciones y masacres. Las practicas estatales sobre los pueblos originarios del Chaco, Historia de la crueldad argentina, nos dice: “la discriminación que sufren nuestros pueblos originarios es problema de todos, ya que ellos son los verdaderos “dueños” de esta tierra, ellos que con su lucha y su sacrificio, comenzaron a forjar los suelos de este país antes de la llegada de los españoles inclusive y que ahora, por el afán de conseguir las riquezas de las tierras que habitan, están siendo exterminados, no solo en el sentido literal de la palabra, sino que también se los elimina de la educación, de la cultura, de la salud y del pueblo argentino en general, como si ellos no formaran parte de esa “argentinidad” que poseemos o decimos poseer. Ellos nos necesitan, necesitan ser tratados como iguales, ya que lo son. Ellos, y nosotros, exigimos que se le respeten sus derechos de una vez y para siempre, así por fin pueden dar por terminada esta batalla que comenzó hace siglos atrás con la venida de esos barcos de bandera española que dijeron venir en son de paz. Porque así, como paso en un principio, que se cambiaban sus riquezas por espejitos de colores, ahora les están “cambiando “sus tierras por promesas que jamás cumplieron ni cumplirán Dejemos de explotar a nuestros hermanos y unámonos en su lucha para que puedan descansar finalmente en paz. Ya mucho han sufrido y es hora de que alguien les otorgue realmente lo que se merecen”. El libro Genocidio en América, cuyo autor Luciano Peñera, nos cuenta la defensa realizada por Bartolomé de las Casas, Fraile Dominico y Obispo de Chiapas acusando a los españoles del exterminio de 40 millones de indios, a partir de 1492. Dice: “...las bacterias y virus que traían los europeos, fueron los aliados más eficaces de los conquistadores. Los indios morían como moscas; sus organismos no oponían defensas ante las enfermedades nuevas, y los que sobrevivían quedaban debilitados e inútiles…”. “...De 70 millones de indios que eran, solo quedan 3 millones, un siglo y medio después...”. “...Entre 1503 y 1660 llegaron al puerto de Sevilla 185.000 kilos de oro y 16.000.000 de kilos de plata...”. “...La economía colonial estaba dirigida por los mercaderes, los dueños de las minas y los grandes propietarios de las tierras, quienes se repartían el usufructo de la mano de obra indígena bajo la mirada celosa y omnipresente de la Corona...”. “...Las minas exigían grandes desplazamientos y desarticulaban las unidades agrícolas comunitarias. No solo extinguían innumerables vidas a través del trabajo forzado sino que indirectamente abatían el sistema colectivo de cultivos...”. “...Desterrados en su propia tierra los indios de América fueron empujados hacia las zonas más pobres, las montañas áridas o en el fondo de los desiertos....”. “...Las matanzas de los indios que comenzaron con Colón nunca cesaron. En Uruguay y en la Argentina los indios fueron exterminados en el siglo pasado...”. “...El contacto con el hombre blanco sigue siendo para el indígena el contacto con la muerte. Sobre los Estados Unidos se carga hoy la responsabilidad del genocidio sobre la Amazonia...”. “...El genocidio de América ha sido el resultado o consecuencia final de las guerras de conquista de la cruzada de exterminio y de la política colonial de explotación en beneficio del capitalismo europeo en expansión. Al colonialismo europeo se lo hace principal responsable de aquel inmenso saqueo colonial que hizo posible el desarrollo del capitalismo europeo...”. “...La corona española aparece como su fiel colaboradora o instrumento en su continua política de la hipocresía legal y de intereses mercantilistas...”. “...En realidad la explotación de América benefició en mucha mayor medida a otros países europeos, especialmente a Gran Bretaña...”. 

Algunos comentarios interesantes al respecto. 

“Hicimos una búsqueda intensiva en el monte formoseño. En base a muchos testimonios confirmamos la ubicación de una fosa. Con autorización del juez, confirmamos los hallazgos. Los cuerpos estaban degradados por el tiempo y las condiciones climáticas. No es un cementerio porque los pilagás no hacían fosas colectivas y a sus muertos los enterraban en dos fosas”. En este caso, hay cráneos que sufrieron un estallido efectuado con proyectiles de alta velocidad. Fueron traídos muertos y se sospecha de miembros de la Gendarmería. Según testigos, los cuerpos fueron tirados en el lugar desde dos camiones. También hemos encontrado bulones que corresponden a los camiones de carga de aquella época” (Enrique Prueguer, Equipo Científico Forense, MARZO 2006) “En mis años nunca había llegado a informarme que había pasado en Rincón Bomba, esto ha estado muy oculto, no figura en la agenda de la historia que nos cuentan. Es necesario que se conozca en todos lados, en cada escuela, en cada pueblo del país” (Nora Cortiñas, Madre de Plaza de Mayo Línea Fundadora). “Pilagás. Un modelo de lo que dejó la llamada colonización para los pueblos originarios. Cuando quisieron defender lo suyo de los invasores, la solución occidental y cristiana: balazos, muerte, persecución. El bosque, la selva como último recurso, como último refugio. Pero el presente y el futuro les anuncia: hasta allí los van a perseguir, hasta de allí los van a expulsar con la palabra progreso. Irán a engrosar, como otros originarios, las villas miseria de las grandes ciudades del progreso. Todavía quedan entre ellos algunos ancianos que recuerdan la matanza sufrida en 1947 a manos de la Gendarmería Nacional. Rincón Bomba. En Formosa. A tiro limpio, los salvajes, los bárbaros, expresión de Julio Argentino Roca que quedó para siempre. Es que había que dejar libres las tierras para los inversores. Ahí está el futuro: las inversiones, no el cuidado de la naturaleza. Después de los tiros asesinos de la Gendarmería Nacional en 1947, llegó el progreso a manos llenas. Llenas para quienes obtuvieron las ganancias” (Osvaldo Bayer, historiador, 2010) “Yo escuché ametralladoras. Al monte nosotros en plena noche. No sabemos qué pasó con todos, con las tolderías...Antes ya habían muerto envenenados. Yo visto eso. Nos fuimos a Campo del Cielo (un poblado a 35 km de Lomitas). Muchos visto tirados, no sé si los enterraron. Nosotros queremos saber. Nos trataron muy mal. Gendarmería nos corrió de madrugada. Dormimos en el monte. En Campo del Cielo, Nicolás Curestes nos ayudó. Estaba en defensa de nosotros” (Alberto Navarrete, sobreviviente, 2008). “La Masacre de Rincón Bomba es un hecho que sucedió no hace mucho tempo. Sesenta y nueve años no son 500 años. Fue una masacre cometida por soldados argentinos contra indígenas que habitaban territorio argentino. Con las armas del Estado Nacional, masacraron a niños, hombres, mujeres y ancianos del Pueblo Pilagá. Y aún no tienen Justicia” (Francisco Nazar, Equipo Nacional de Pastoral Aborigen).

Conclusión. 

Parece que nada ha cambiado en la historia de nuestro país, pese la Reforma Constitucional de 1994, que en su artículo 75, inciso 17, donde se reconoce la preexistencia étnica y cultural de los pueblos indígenas y la posesión y propiedad de las tierras comunitarias o nuevas legislaciones como la Ley 26.160, que hace referencia a las comunidades indígenas y la creación del INAI (Instituto Nacional de Asuntos Indígenas) y la incorporación, de todos los Tratados de Derechos Humanos internacionales con jerarquía constitucional, que condena el racismo, la esclavitud, la tortura y pregona el respeto a la diversidad cultural. Hace nada más que un año, la muerte de Santiago Maldonado puso en evidencia esta problemática milenaria que todavía no está resuelta. Hoy, las comunidades originarias siguen reclamando sus derechos comunitarios. Algún día el Estado Argentino deberá realizar una reparación histórica por el padecimiento sufrido, lo peor del ser humano afloró, la agresividad en su máxima expresión se puso de manifiesto desde hace cinco siglos. La codicia del blanco por apropiarse de los territorios de América, el desarrollo del capitalismo culminó en el genocidio más grande de la historia de la humanidad de 50 millones de indios del que no tuvieron la posibilidad de defenderse frente a semejante atrocidad, no tuvieron un juicio justo como el de Nüremberg al pueblo judío; o el Nunca Más y juicio a las Juntas Militares por los 30 mil desaparecidos en Argentina. Por todas estas razones, además de haber participado del “Foro Internacional Indígena sobre Biodiversidad”, realizado en Buenos Aires, en 1997, y haber comprendido a los pueblos originarios en su pensamiento y sentimiento de respeto hacia toda forma de vida en el planeta, su defensa por la ecología y recursos naturales, su solidaridad por sus semejantes, su amor a sus dioses, etc., es que siento mi deber de reivindicar su cultura. Mapuches, Tehuelches y Pehuelches en la Patagonia; Coyas, Tobas, Aymarás, quechuas, en el norte; Tobas, Matacos, Pilagás, Guaraníes en el noreste; Araucanos y Pampas, en el centro del país, siguen solicitando a nuestras autoridades provinciales y nacionales la devolución de sus tierras de la cual fueron desterrados y condenados a la pobreza. 

Bibliografía utilizada. 

• Valeria Mapelman. Octubre Pilagá. Memorias y archivos de la masacre de La Bomba. Ed. Tren en movimiento. 2015. • Luciano Peñera. Genocidio en América. Ed. Planeta. 1980. 
• Dario Aranda. Argentina Originaria. Genocidios, saqueos y resistencias. Ed. La vaca. 2014. 
• Documental Diana Lenton. https://www.youtube.com/watch?v=lAZikxH7G7M
• Documental Historia de un país, CD 1: Campaña del Desierto. Colección Historia Argentina. Canal Encuentro. https://www.youtube.com/watch?v=1bhYeJkJdck 
• Película documental. Octubre Pilaga. Obligatorio para la materia: https://www.youtube.com/watch?v=ZWV-8P4MA00 
• Izquierda diario. https://www.laizquierdadiario.com/Genocidio-saqueo-explotacion-y-lucha • Revista Cítrica: http://www.revistacitrica.com.ar/santiago-maldonado-vigilar-castigar-y-desaparecer.html • PDF: http://endepa.org.ar/contenido/rincon-bomba-comp.pdf

domingo, 7 de junio de 2020

Sueño inspirador.

Anoche tuve un sueño. Habíamos concurrido con mi familia a un circo, estaba lleno de gente había  malabaristas, magos, payasos, etc. De pronto la función se detuvo y no sé por qué salimos todos corriendo. De pronto, fuimos  a orilla del mar, de allí salió una pequeña capsula submarina con tres personas desvanecidas, estaban los medios de comunicación informando que esas personas eran los dueños del circo, que se habían quedado sin oxígeno, y a causa de ello habían fallecido. De regreso al circo para continuar con el espectáculo, vemos que sólo habían quedado las dos columnas centrales y que la gente se llevaba todo lo que había quedado en ese lugar.  Todos estábamos en una situación de pánico total. Desperté de ese sueño y mi corazón latía fuertemente. Adormecido, asustado me pregunté: ¿por qué había soñado esta situación? ¿Es la realidad o es sólo un sueño?

Desde hace un tiempo largo tengo pesadillas. Mis profundos sueños se ven interrumpidos por imágenes tétricas, en ellas me encuentro con personas que ya no están, mis padres, familiares y personas ficticias con las que nunca estuve. Muchos de ellos ocurren en la ciudad de Buenos Aires, lugar donde viví un tiempo prolongado. Camino por senderos estrechos, con casas antiquísimas similares a pueblos o ciudades españolas o italianas, en donde en algún momento la calle se termina, y me despiertan situaciones en las tengo que salir corriendo. Mi corazón y respiración se aceleran, mis músculos se tensan y mi cerebro se activa, comienza el intento de interpretar cada sueño en la oscuridad de la noche al mejor estilo Sigmund Freud. El inconsciente se manifiesta a través de los sueños, en esa permanente actividad neuronal que realiza mi cerebro al pensar.

¿Qué significan mis sueños? ¿Por qué ocurren en este momento y tan seguidos? ¿Serán los miedos interiores de enfrentar la realidad del mundo en qué vivimos? ¿Miedo a la muerte? ¿A contagiarme de la peste actual? ¿De la perdida de seres queridos? ¿De perder la estabilidad laboral?

El mundo está convulsionado, inestable, inseguro a pesar de que permanentemente buscamos certezas para poder vivir. El desarrollo de la ciencia y su expresión tecnológica nos puso en la centralidad del universo. Creíamos poder dominar la naturaleza a través de la cultura para apropiarnos de cosas materiales. Ser dueños de un pedazo de tierra y tener derechos a hacer de ella lo que nos plazca. Volar los cielos y en pocas horas llegar a otro continente. Conquistar la inmensidad del mar depredando todos los seres vivos que hay debajo de ella. Construir populosas ciudades con edificios que casi tocan el cielo, llenamos de automóviles sus calles y sus autopistas de acceso a la gran urbe. Cambiamos el cauce de un río para construir un country o barrio privado. Entubamos un arroyo para pasar sin mojarnos los pies. Contaminamos sus aguas con tóxicos que desparraman las fabricas que nos abastecen de bienes para consumir. En la tierra desparramamos tóxicos herbicidas e insecticidas para garantizar la producción de cereales. Y todo esto ha servido para que unos pocos se apropien de las riquezas y concentren sus ganancias depositadas en Bancos para la especulación financiera y la inmensa población viva al borde de la inanición, hacinados en lugares inhabitables. Los medios de comunicación se encargan todos los días a través de imágenes tétricas la realidad circundante. Nos llenan de noticias tóxicas, de odio, de miedo, de bronca y todas las noches cuando me voy a dormir mi cerebro sigue maquinando cómo salir de esta situación caótica en la que nos encontramos frente a un pequeño bichito microscópico que nos desestabilizo nuestras vidas. Tal vez pienso sea la vacuna que se inyectó nuestro planeta para curarse de la pandemia llamada “humanidad”. Pero hay otro tema que me preocupa, además de la guerra contra el virus, hay otra guerra económica o comercial que llevan adelante las potencias mundiales, que dicho sea de paso están lideradas por los presidentes que todos conocemos, potenciales psicópatas y genocidas, que tienen en sus manos toda la tecnología bélica para destruirnos.

¿Cómo no voy a tener pesadillas frente al mundo que me toca vivir? Tal vez sea un pensamiento extremo motivado por mis sentimientos o muy escéptico de la realidad actual. Aunque a veces durante el día tengo fantasías de un mundo mejor por venir para el futuro de mis hijas. Por ahora solo me queda refugiarme en mi casa rodeado de los afectos familiares más cercanos que tengo, y en el tiempo ocioso para seguir leyendo mis libros y agradecer a Dios que todavía sigo vivo.  

Momentos de inspiración.

“Es mi parecer que el hombre nuevo, el que está floreciendo, tiene un estilo más informal, más simpático y definitivamente más irreverente, y a diferencia de lo que algunos dicen, este hombre no es superficial, ni poco comprometido, ni mucho menos ignorante. Es simple, pero nada tonto. Es básico, pero eso suele ser expresión de sabiduría. Es rústico, pero rústico suele ser un adjetivo inherente a virtudes como el coraje y la fortaleza”.

Como me gusta hurtar ideas, esta frase la saqué de un libro, comprado en Rosario. Estimulado por su título “No te hagas el boludo”, y encontrando en su interior esta frase, que identifica y describe una manera de ser, una manera de estar en el mundo. Su autor Mariano (Mano) Moreno, un pibe común de Capitán Bermúdez, filósofo de la calle. Sus amigos lo llamaban el “Desfasado”, porque vivía en la luna y leía libros que nada tenía que ver con los temas desarrollado en el aula, en su época de transcurrir la secundaria. Viajo por diferentes países, liviano de ropa y con poco dinero, un día se animó a salir de su pueblo y dar una vuelta por la redonda. Conocer nuevas culturas, entablar nuevas amistades, nuevos paisajes que le cambiaron la cosmovisión del mundo. Polémico, provocador, no conforme con el orden establecido, amante del ocio, del tiempo libre buscó nuevas respuestas en su interior y dejándose llevar por la interpelación, la duda y el asombro buscó respuesta en su espacio interior. Vive una vida simple, sin certezas, disfruta de las pequeñas cosas de la vida y siendo adulto curso los estudios del profesorado de filosofía. Un simple personaje en el cual pude encontrar en él, muchas facetas de mi modo de ser, de mi personalidad y la forma de interpretar al mundo, con el cual, valga la redundancia, me identifico.

Cuando abordamos la identidad como un problema filosófico, es algo así como una narración que hacemos de nosotros mismos, pero también una imagen social que viene de afuera. Nos reflejamos en un gran espejo que es la familia y la sociedad en la que nacemos. Es una construcción narrativa temporal, que va cambiando de aspectos en ese tránsito en la atravesamos diferentes etapas y en cada una de ellas vivenciamos experiencias que nos abren al conocimiento y al aprendizaje, algunas de ellas son buenas o positivas porque nos producen placer y alegría y otras malas o negativas que nos angustian. Pero necesarias para el crecimiento. Sin ellas sería imposible aprender. Los obstáculos, las frustraciones, los fracasos son piedras que se interponen en nuestro camino y nos hacen caer, pero que nos enseña a levantarnos, en cada una de ellas, a veces, quedan heridas, pero el transcurso del tiempo se encarga de que cicatricen y de fortalecernos. Mi viejo me decía que en la vida los problemas tienen soluciones y hay que encontrarlos haciéndose cargo de los mismos, enfrentando cada dificultad con decisión, coraje y esfuerzo. Inclusive decía él, que cuando ya no había más solución a los problemas, la muerte también era una última solución.  

Heidegger decía que el ser humano es arrojado al mundo. Somos "seres para la muerte", somos una posibilidad entre las muchas posibilidades que se presentan durante nuestra vida, pero entre todas estas posibilidades, está la muerte, la posibilidad de dejar de existir y tenemos conciencia de ello y eso nos angustia.

Por eso cada día que nos levantamos debemos agradecer de estar vivos, de enfrentar los obstáculos que se interponen en el camino con la cabeza erguida, sin miedos, porque el miedo nos paraliza, inmoviliza. Todos los días debemos elegir frente a diferentes posibilidades que se los abren. Pero ¿somos libres de elegir?

“El hombre es lo que hace, con lo que hicieron de “el”, nos dice Sartre. Como seres sociales, gregarios que somos, necesitamos del otro para existir. De una familia que nos cobije, de la escuela para socializarnos, de los amigos para poder crecer. Pero eso nos condiciona, hace que nuestra libertad se restrinja para poder convivir con los demás.

Somos una esponja absorbemos todo lo que hay a nuestro alrededor, ideas, pensamientos, conocimientos, costumbres, hábitos, códigos morales y éticos. Nuestra sociedad es un rizoma que va construyendo raíces de un entretejido social que se expande horizontalmente con códigos culturales que se solidifican a través del tiempo. Somos seres condicionados por la realidad que nos rodea, familia, sociedad, medios de comunicación. Entonces ¿tenemos posibilidad de construir ideas propias? ¿hay lugar para un pensamiento propio?

En mi experiencia personal, soy un cúmulo de ideas robadas, de mi familia, de los grupos en los que he participado en diferentes momentos, de los libros que he leído y de los diferentes niveles educativos transcurridos. Recuerdo en algún momento haber creído tener una idea original y una de ellas fue la de vivir una vida en contacto con la naturaleza. Para ella tuve que romper con la vida artificial que llevaba en la gran urbe de cemento llamada Buenos Aires. Allí tenía mi futuro asegurado. Una profesión. Un trabajo redituable. Vida nocturna… etc., Pero mi reloj biológico demandaba otra cosa. Un día desperté con la decisión de tirar todo por la borda, todo lo construido hasta ese momento. Renuncie al trabajo y a la salida de la oficina compré una mochila, la llene de lo mínimo indispensable para viajar y sin mucha carga encima comencé el largo trajinar hacia Machu Pichu. Naturaleza pura. Lejos de la gran ciudad, de las luces de la noche que te encandilan los ojos. Despojado de la seguridad del hogar y de los bienes de consumo. Encontré el lugar que necesitaba, y ese, era mi mundo interior. Por primera vez, tomé conciencia de que estaba solo en este mundo y que necesitaba hacerme cargo de mi vida, de ser feliz, de hacer fluir mis instintos y mis sentimientos. Mi cabeza, después de esa inolvidable experiencia, cambió de rumbo. Apague el televisor, deje de seguir a la manada y di autenticidad a mi vida.


jueves, 4 de julio de 2019

EL PROBLEMA DE LA IDENTIDAD.

¿QUIÉN SOY YO?
Esta es una de las preguntas más importante que nos hacemos en algún momento de nuestra vida y es saber quiénes somos, ello me ha conducido a recorrer diferentes caminos en la búsqueda de mi propia identidad. Una de ellas es la búsqueda interminable de mi genealogía, saber quiénes fueron mis antepasados. Otra interesante experiencia fue hacer una introyección hacia mi interior para poder reconocerme en mis ideas, mis conductas, mis hábitos, costumbres y mi entorno social. Además en la lectura de diferentes textos y cursando el Profesorado de filosofía, encontré una autora que me aclaró bastante el panorama, ella es Marta Badaro, (Escritora y Profesora de Filosofía y Ciencias de la Educación) en su libro: ¿qué es la filosofía antropológica? Y finalmente un texto sobre el problema de la identidad personal, de Samuel Cabanchik, filósofo, profesor de la UBA, me despejó todas las dudas para entender esta problemática, y del cual me pareció interesante hacer un breve extracto de él.  
La antropología filosófica como disciplina se manifiesta en las siguientes preguntas: ¿qué es el hombre? ¿Cuál es la esencia del ser humano? ¿Cuáles son las propiedades que permiten distinguir a este ser de las realidades no humanas? Y teniendo en cuenta estas propiedades, ¿Qué lugar le corresponde al ser humano en el cosmos?
La investigación filosófica sobre la naturaleza del ser humano se presenta como una pregunta por la identidad personal. Cuando intentamos responder a esta pregunta, vienen a la mente características diversas, con las que podemos identificarnos; por ejemplo, "soy alguien que mide tantos metros, que pesa tantos kilos, que tiene el cabello de tal color, que usa anteojos; también soy alguien alegre, charlatán, con ciertas creencias y recuerdos; también soy el hijo de M, el marido de F, ejerzo determinado oficio, soy socio de un club, afiliado de un partido político, ciudadano de un Estado"; por último, también puedo decir "soy un ser humano".
La identidad personal no se constituye sobre la base de una única característica, sino que está conformada por varias cualidades y, por el otro, que estas cualidades son heterogéneas. Algunas de ellas pertenecen al aspecto físico de la persona (talla, peso, color de cabello, capacidad visual), otras se refieren a su aspecto psicológico (carácter, idiosincrasia, historia personal), otras aluden a sus relaciones sociales (familiares, laborales, políticas) y, por último, comparte con sus congéneres la propiedad de ser humano. Cuantos más aspectos de una persona conoce, mejor conocerá a esa persona. Por ejemplo, imaginemos que se muda un nuevo vecino a nuestro barrio. El primer día que lo vemos abriendo la puerta de su casa podemos ya suponer algo acerca de él. Sin embargo, la idea que nos podemos formar de él es todavía muy abstracta: sólo conocemos de él algunas de sus características físicas, por ejemplo, sabemos que es varón, bajo, de cierta edad y demás. Esta primera percepción de nuestro vecino nos puede también brindar algunos indicios sobre la trama de relaciones sociales que constituyen su identidad. Por ejemplo, si lo vimos acompañado de una mujer y de niños, podríamos pensar que es casado y con hijos; si vestía ropa de trabajo, podríamos pensar que es un trabajador manual y demás.
Puede utilizarse la expresión "identidad formal" para referirse al conjunto de propiedades por las que se reconoce a alguien como una persona en general, es decir, no como esta o aquella persona, no como Juan o María, sino como una persona cualquiera. En cambio, puede utilizarse la expresión "identidad material" para referirse al conjunto de aspectos físicos, psíquicos y sociales por los que se conoce a una persona en particular, esto es, no como un miembro más del género humano, sino como este individuo singular irrepetible e irremplazable, distinto de todos los demás.
Los cuatros aspectos de como percibo mi identidad material:
1)      El conjunto de mis capacidades y de mis discapacidades está determinada por lo que se denomina "el cuerpo propio". Gracias a mi cuerpo, percibo los objetos como cercanos o lejanos a mí, como estando a mi derecha o a mi izquierda, arriba o debajo de mí, como atractivos o repugnantes, benéficos o peligrosos y demás. El cuerpo propio condiciona mi perspectiva tanto en el espacio como en el tiempo. Con los años, mi cuerpo se modifica, tal como lo evidencia, por ejemplo, la observación de las fotos que me sacaron hace algunos años,
2)      El carácter temporal de la subjetividad exige pasar a examinar el segundo aspecto que se encuentra en la identidad material: la autoconciencia psicológica o conciencia empírica de mí mismo. Cuando trato de identificar quién soy yo, puedo recurrir al conjunto de mis experiencias pasadas y de mis expectativas futuras. Respecto de las primeras, puedo realizar el siguiente experimento mental: fijar mi atención sobre algunos acontecimientos de mi propio pasado que creo especialmente significativos e incluso ordenarlos sucesivamente. El resultado de este experimento sería algo así como una película autobiográfica imaginaria, gracias a la cual tomo conciencia de quién soy, sobre la base de lo que me pasó y de lo que hice. Cada vez que alguien recapitula reflexivamente el curso de su vida, no se limita a proyectar la misma película ante un espectador imparcial. Entre el momento en que ensaya una recapitulación y el momento en que ensaya la siguiente, ha transcurrido un período en el que ha tenido ciertas experiencias y ha realizado ciertas acciones. Estas experiencias y acciones no se limitan a prolongar un poco más la película, sino que también modifican la perspectiva del espectador puesto que, de una "proyección" a otra, han ocurrido acontecimientos que han modificado su identidad material. Mi identidad material denominado "autoconciencia psicológica" y la proyección de una película imaginaria sobre mi propio pasado consiste, entonces, en que cada presente, en el que imagino cierta sucesión de acontecimientos autobiográficos, se encuentra atravesado por distintos "ayeres" asumidos y distintos "mañanas" esperados. La modificación de los distintos aspectos de mi identidad material, provocada por nuevas experiencias, acciones, sentimientos, creencias y relaciones sociales, entre otras cosas, modifica la conciencia que tengo de mí mismo. Sin embargo, a través y a pesar de todas estas modificaciones, conservo mi identidad personal, puesto que puedo reconocerme como el mismo que hace algún tiempo tenía otra idea de sí mismo. En distintos momentos de mi vida, reflexiono sobre mi identidad personal e imagino diversos relatos de mi historia personal que dan un sentido a mi vida. Estos relatos se van modificando con los años, pero siempre los reconozco como relatos sobre una vida única: la mía. La diversidad de narraciones, por tanto, no disuelve la identidad personal en una pluralidad de identidades, porque la autoconciencia psicológica reconstruye distintos relatos sobre una única identidad personal.
3)      En estos relatos en los que intento reconstruir imaginariamente mi propia historia, yo soy el protagonista o personaje principal. Sin embargo, cabe advertir que no soy el único personaje, solitario y aislado. Relatarme el pasado que me constituye como lo que soy implica necesariamente pensarme en el conjunto de relaciones sociales que he establecido a lo largo de mi vida. Eso exige considerar el tercer aspecto de la identidad material: la intersección de relaciones sociales. No soy sólo un cuerpo propio y una autoconciencia psicológica, sino que también soy una intersección o nudo de relaciones sociales. Yo (sólo yo) soy hijo de M, esposo de S, empleado de U, alumno de A, vecino de X, amigo de C y demás. Seguramente, si no hubiese establecido estas relaciones con ellos, un aspecto de mi identidad material sería distinta. Las relaciones sociales que establecí a lo largo de mi vida me constituyen como el individuo singular, irrepetible e irremplazable que soy, en alguien distinto de otros individuos (con quienes me relaciono directa o indirectamente). Un elemento interesante de este tercer aspecto de la identidad material consiste en que su conformación depende del reconocimiento. Por ejemplo, el caso de un rey. Esta persona tiene ciertas funciones y responsabilidades que se corresponden con su cargo, mediante las que se relaciona con sus súbditos y con los gobernantes de otros Estados. Si por el motivo que fuera, unos y otros dejasen de reconocerlo como rey, él dejaría de serlo. su realeza está subordinada al hecho de que los demás lo consideren un rey. Del mismo modo, lo que somos depende siempre de las relaciones sociales que establecemos y este establecimiento depende del reconocimiento recíproco. Los criterios que utilizamos para reconocernos los establecemos, conservamos y modificamos nosotros mismos. Estos criterios se encuentran organizados en las instituciones sociales. La familia, la escuela, la universidad, las organizaciones barriales, sindicales o políticas y el Estado, entre otras, son instituciones que fijan criterios para determinar si alguien es padre o hijo, docente o estudiante, miembro o externo, ciudadano o extranjero y demás. Estas instituciones permiten fijar cierto conjunto de reconocimientos y están sujetas a las modificaciones históricas que sus autores creen convenientes. En el ejemplo citado, la realeza del rey depende del reconocimiento de los súbditos. De la misma manera, todos los elementos que conforman el aspecto social de la identidad de cualquier persona dependen del reconocimiento de otras personas.
Por último, además de ser un cuerpo propio, una autoconciencia psicológica y una intersección de relaciones sociales, soy un ser humano como cualquier otro. Además de los aspectos materiales, que me constituyen como un individuo singular distinto de otros, encuentro en mí algo común a todos los miembros del género humano: la identidad formal. Esta identidad formal es el soporte de los deberes y derechos éticos, válidos para todo ser humano, con independencia de sus rasgos físicos, su origen, sus creencias, su carácter, su lugar de nacimiento, su pertenencia a una familia o a un Estado y demás. Estos derechos y deberes, llamados "derechos humanos", han sido objeto de diversas declaraciones e incorporados a las constituciones de los Estados modernos. Estos derechos de tercera generación fueron incorporados en nuestro país con la reforma constitucional de 1994.

miércoles, 17 de abril de 2019

¿Qué es la Justicia?


Problemática:

Desde Tales de Mileto hasta nuestros días, la filosofía se ha caracterizado por interrogar los grandes problemas que acogen a la humanidad, entre ellos la pregunta por la justicia que es sin duda una de las más difíciles de responder, y tal vez, sea una de las preguntas más importantes que el pensamiento humano se ha hecho en diferentes épocas.

Introducción:

El concepto de justicia, es de una inmensa abstracción, sin embargo constantemente en la vida cotidiana hacemos referencia a ella. El hombre al ser arrojado al mundo se siente inseguro y va en busca de justicia, pero a veces resulta imposible y dice frases como: “vivimos en un mundo injusto”, “lo justo es justo”, “la sanción o pena aplicada fue injusta”, “en nuestra sociedad no hay justicia social”, “los Diputados y Senadores debe de sancionar leyes justas”, etc. Es decir que a la palabra justicia le podemos dar variados usos y diferentes significados desde lo hermenéutico; por lo tanto, este trabajo se orientará a investigar las diferentes argumentaciones y múltiples significados que los filósofos le fueron dando, en el intento de responder al interrogante en las diferentes etapas de la filosofía.

La Antigüedad clásica.

En el diálogo “La República”, Platón plantea la cuestión de la justicia y hace referencia a que justo es “decir la verdad y pagar las deudas”; “dar a cada uno lo que le corresponde”, o “justicia es el interés del más fuerte”. También para Platón la idea de justicia estaba ligada a la noción de armonía: cada individuo realiza el trabajo que le compete de acuerdo a la posición que ocupa, sin inmiscuirse en los asuntos de los demás. Para Aristóteles, la justicia es una virtud, entendiendo por virtud el término medio entre dos extremos, es decir entre dos vicios: el vicio de exceso y el vicio del defecto. También define a la justicia como una virtud total y consiste en la observancia de la ley orientada hacia el bien común de la sociedad al regular la distribución de cargas y premios.

La edad media.

Su máximo representante, santo Tomás de Aquino hace un sincretismo de cristianismo y aristotelismo, que ha tenido una gran influencia en la historia. Toma el concepto de justicia de Aristóteles, pero señala que la caridad es superior que la justicia porque, mientras la justicia solo se limita a reparar los daños y premiar los méritos, la caridad sobrepasa la mera justicia teniendo como modelo la gratuidad con que Dios ama a los seres humanos.  Distingue dos tipos de leyes: la ley positiva, que surge de un pacto o convenio y tiene fuerza obligatoria, y la ley natural, que es la que otorga Dios a los hombres para que puedan alcanzar el fin de lo que le es propio. De Santo Tomás surgen los derechos naturales de las personas, como derechos innatos, eternos e inmutables, establecidos por Dios como evidentes a la razón humana. Posteriormente, esos derechos naturales se convertirán en “derechos humanos”.

La modernidad ilustrada.

Durante el siglo XIX, en Europa surge un movimiento cultural, filosófico, político, literario y científico, que representó el pensamiento de la burguesía que llevó a  transformar  las caducas estructuras del Antiguo Régimen medieval. Este movimiento se denominó: La Ilustración Siglo de las Luces o iluminismo, desarrollado en Francia, Inglaterra y Alemania.
Durante este período se insiste que la noción de justicia está en que los individuos poseen derechos naturales y considera justos o legítimos a los sistemas políticos que garanticen los derechos básicos a toda la población.
Los filósofos como Hobbes, Locke y Rousseau afirman que hay que entender a la sociedad política como el producto de un contrato social, en el que las personas ceden una parte de sus derechos naturales en favor del Estado.
Kant fue el máximo exponente de este pensamiento filosófico y formula un enunciado al que denominó imperativo categórico, que constituye el resultado esencial de la filosofía moral y su solución al problema de la justicia. El imperativo categórico promulga el deber por el deber mismo, y no por sus consecuencias, afirma que la conducta humana es buena o justa cuando está determinada por normas que los hombres que actúan pueden o deben desear que sean obligatorias para todos. En este sentido la justicia es obrar bien, independientemente de las consecuencias que esto tenga o pueda tener para el que actúa. El derecho natural y la justicia legal se basan en la razón humana y no en la ley eterna.
Con el ascenso de la burguesía, van siendo dejados de lado los estamentos cerrados del medioevo y se comienzan a disfrutar de un amplio conjunto de libertades o derechos de primera generación de corte liberal (como los establecidos en el artículo 14 de nuestra Constitución Nacional), garantías procesales y derecho a la propiedad privada.
A partir del siglo XIX, el utilitarismo de John S. Mill, representa la visión o concepción de justicia de la sociedad moderna que fomenta la mayor felicidad para la mayor cantidad de población.

La justicia actual contemporánea.

La burguesía impone su poder en la revolución Francesa desde lo político y la revolución industrial que da surgimiento al capitalismo como modelo económico, establece un nuevo orden mundial, al cortarle la cabeza al último Rey de la monarquía católica, Luis XVI, y con este acontecimiento finaliza el viejo orden medieval.
El ascenso al poder de la burguesía trae la conformación de una nueva clase social, la proletaria, que había quedado marginada de los derechos establecidos en la Declaración Universal del Hombre de 1789. A partir de estos acontecimientos aparecen nuevas ideologías de tinte proletarias o trabajadoras que reclaman la incorporación de nuevos derechos con justicia social.  El socialismo, el comunismo y el anarquismo eran las nuevas ideologías obreras.
En este contexto surge el pensamiento filosófico, político y económico de Carlos Marx, para quien el derecho que subyace del orden capitalista era injusto, critica el sistema de explotación laboral de la burguesía sobre el trabajador, a quien aliena en su trabajo y se apropia de las ganancias a través de la plusvalía, incrementando beneficios económicos a los burgueses. Las luchas obreras trae el triunfo de los derechos de segunda generación, como lo son los derechos económicos, sociales y culturales que vienen a impartir justicia social, haciendo de las actuales teorías de la justicia que formuladas en el campo social significan equidad en la distribución de cargas y beneficios sociales a los trabajadores.
El siglo XX fue escenario de dos conflictos bélicos mundiales –la Primera y Segunda Guerra Mundial-, en la que murieron millones de personas y se cometieron atroces violaciones a la dignidad humana. El holocausto judío y los horrores de la guerra produjeron como reacción que las naciones del mundo iniciaran un camino hacia la concreción de acuerdos para que la dignidad humana no vuelva a ser avasallada.
El 24 de octubre de 1945, representantes de cincuenta países, se reúnen en Estados Unidos y redactaron la Carta de las Naciones Unidas, que tuvo como finalidad preservas a las generaciones venideras del flagelo de la guerra, a reafirmar los derechos fundamentales del hombre y promover el progreso social.
El 10 de diciembre de 1948, la ONU aprobó la Declaración Universal de los Derechos Humanos, en la que la comunidad internacional llega a un consenso sobre cuáles son los derechos inherentes a la dignidad humana, sin distinción de raza, sexo, idioma o religión de las personas. El respeto por los derechos era fundamental para la convivencia internacional, cuya tarea de regular y proteger los Derechos Humanos  ya no eran exclusivas de los Estados, sino que corresponden al derecho internacional y a sus organizaciones.
Luego de la Declaración Universal de los Derechos Humanos se establecieron otros pactos y convenciones que la complementan y sus características principales son: universales, naturales, inalienables, inviolables, obligatorios, indivisibles. Estos tratados internacionales sobre Derechos Humanos, fueron incorporados en nuestra Constitución Nacional y son la Ley Suprema de la Nación.
A partir de 1980 se reconocen los Derechos de tercera generación y recaen sobre sujetos colectivos como por ejemplo, una nación, un pueblo, una comunidad, una etnia o toda la humanidad y comprende los siguientes derechos: el derecho a la paz, el derecho al desarrollo, el derecho a un medio ambiente sano y equilibrado, el derecho al respeto del patrimonio común de la humanidad.
John Rawls establece un nuevo de sistema de justicia de carácter universal. Válida para toda la sociedad, independientemente de las características históricos culturales. Define a la justicia en términos de su distribución equitativa entre los individuos de la sociedad. Una norma es justa cuando favorece a todos y a cada uno con independencia de sus características particulares. La justicia es definida como justicia distributiva y se opone a la justicia utilitarista, que surgida en el contexto de la sociedad norteamericana proponía como meta de la Ética la mayor felicidad y el menor dolor para la mayor cantidad de personas.
El concepto de justicia, pertenece tanto al ámbito de lo ético como al
de lo jurídico, ha sido y sigue siendo empleado desde diferentes perspectivas que
corresponden a distintas concepciones de las relaciones sociales. Como virtud y valor ético-social, su realización se encuentra siempre en tensión y frecuentemente en conflicto con la exigencia de la libertad individual. Asimismo, la forma de entenderla y tratar de realizarla, tanto en el nivel jurídico como en el ético –que son planos distintos pero interrelacionados, por cuanto lo jurídico encuentra su razón de ser en su intencionalidad ética– puede responder a una cosmovisión tradicionalista o a una progresista. La primera trata de mantener las cosas como están, suponiendo que todos se benefician en una sociedad estable, a pesar de los defectos de cualquier sistema social real. La progresista, en cambio, intenta remediar los defectos mediante la crítica conducente al replanteamiento de las estructuras sociales y a la redistribución de los bienes materiales y culturales en busca de una sociedad más justa. Se dan también dos ideas contrapuestas de la justicia: la que se basa en el mérito (que corresponde a la visión tradicionalista: a cada cual lo que se merece) y la que se basa en la necesidad (correspondiente a la visión progresista: a cada cual lo que necesita).
La correspondencia con el concepto de equidad se da propiamente en la segunda,
porque ésta parte del presupuesto de la igualdad de todas las personas en cuanto
sujetos de derechos; mientras que la primera no sólo establece de entrada un orden de privilegios a partir de los méritos, sin considerar las condiciones sociales de quienes no han podido lograrlos, sino que, además, corresponde a un concepto reducido a la recompensa o a la venganza. John Rawls, en su Teoría de la justicia, le da la prioridad al concepto de equidad, al definir la realización de la justicia como el resultado de un contrato social hipotético que, en virtud de un supuesto “velo de ignorancia” previo –es decir, ignorando en un principio los hechos, las historias y las situaciones particulares–, reconoce imparcialmente los derechos iguales de todos; pero a partir de tal reconocimiento tiende a procurar su realización efectiva para quienes en una sociedad determinada se encuentran en desventaja -los pobres, los marginados, los excluidos-.
Otros de los filósofos contemporáneos que relaciona la ética con la justicia es Paul Ricouer nos dice que la intención de la ética es el de una “estructura del vivir-juntos (convivir) de una comunidad histórica -pueblo, nación, región, etc.-”, que garantice la igualdad como equidad, lo que implica el reconocimiento efectivo de los derechos de todos y cada uno de los integrantes de la sociedad. Sobre la base de la pluralidad, que es un dato fundamental de la condición humana, la realización de la justicia como equidad exige la concertación mediante la participación activa de todos los integrantes de la sociedad en las decisiones que afectan la determinación de los contenidos y la realización de la vida buena para todos y cada uno.

Conclusión final.

Durante el recorrido histórico realizado en la búsqueda de una respuesta a la pregunta sobre ¿qué es la justicia?, resulta arduo dar una respuesta contundente. La filosofía que interroga, problematiza, aspira alcanzar la verdad, a través  de una explicación racional, se ha esmerado, esforzado en encontrarla en ese recorrido que realiza desde los presocráticos hasta hoy. La palabra abre un abanico de respuestas infinitas como consecuencia de la interpretación que cada persona realice conforme a como una Nación aplica sus leyes o de la acción que una persona realice pudiendo ser considerada justa o injusta. La justicia es una aspiración al que todo individuo o sociedad pretende alcanzar. La religión nos redime de toda situación de injusticia cuando vamos al cielo, siempre y cuando nos portemos bien acá en la tierra, Nietzsche lo denomina moral de los esclavos. En la vida terrenal, el hombre como un ser gregario, cede parte de su libertad para vivir en sociedad; y el Estado se encarga de regular los derechos y obligaciones que tenemos los ciudadanos a través de leyes que regulan nuestras conductas, y ellas podrán ser justas o injustas. Por lo tanto, en este mundo terrenal sólo quedan dos alternativas, acatar las leyes tal cual fueron sancionadas o ponerse en acción a través de los mecanismos democráticos establecidos para cambiar la realidad y como dice Marx: “los filósofos no han hecho más que interpretar al mundo, pero de lo que se trata es de transformarlo”.

martes, 8 de enero de 2019

El lenguaje según Wittgenstein


Wittgenstein nació en 1889, en Viena, Austria y falleció en Cambridge, Reino Unido en 1951, fue un personaje  fascinante,  perteneció  a  una  familia  judía, austriaca adinerada  de renombre o prestigio. Estudió ingeniería aeronáutica. En su vida en Londres comenzó a estudiar filosofía de la matemática y de la lógica. Sus críticos lo ubican en el campo del positivismo lógico de Russell, del  cual recibirá una  gran  influencia, se  desmarcará  de  su f ilosofía  científica,  y aportará   desde  su ¨principio  de verificabilidad¨ una   filosofía  analítica  que  pretende  demostrar  que   solamente tienen significado aquellos enunciados que son empíricamente verificables. Es decir, en la misma línea que Karl Popper y  su  metodología  de  la  ciencia,  que  expondrá  el ¨ principio  de  falsación, como una de las bases fundamentales de los postulados científicos.
Hasta  finales  del  siglo  XIX, todos  los  temas y problemas filosóficos giran alrededor de la relación entre lenguaje y pensamiento. Los filósofos entendían que a través del lenguaje, el pensamiento de las personas se ofrecía para sí mismo y para los demás a través de palabras y oraciones.

LENGUAJE
PENSAMIENTO

Esta relación entre lenguaje y pensamiento se manifiesta o aflora cuando hablamos de la realidad, de las representaciones, de la verdad, de ética, del poder o cuando analiza la cultura humana. Hay una estrecha relación entre pensar y hablar, porque es la raíz de nuestras acciones, gustos, creencias, deseos y, en definitiva, de nuestra relación con el mundo y la realidad.
MUNDO
REALIDAD

Los filósofos pensaban que las cosas motivaban las palabras, es decir que el origen y el sentido de las palabras, estaba inscripto en las cosas del mundo, el lenguaje reflejaba el pensamiento; pensar era una forma de imponer categorías intelectuales a los datos de la experiencia y las palabras representaban la relación entre el pensamiento y el mundo.  
Pero a partir de la filosofía contemporánea las cosas empiezan a verse de otra manera y se comienzan a darse algunos señalamientos de tres órdenes diferentes:

      1)    En el orden lingüístico.
Se comienza a dejar de lado la idea de que el lenguaje cumple una función representativa. La relación entre las palabras y las cosas es arbitraria.
     2)    En el orden filosófico.
Con la filosofía analítica se comienza a decir que todos los problemas filosóficos son problemas planteados por el uso del lenguaje y, que resueltos estos problemas lingüísticos, desaparecerían gran parte de los problemas filosóficos.
     3)    En el orden lógico.
Se planteó el problema de la posibilidad y la necesidad de formalizar el lenguaje. La lógica era una técnica que posibilita pensamientos correctos.

Con Frege, Russell y Wittgenstein la lógica comienza a verse como una estructura misma del lenguaje.
El lenguaje sigue siendo un problema central en los debates filosóficos de la época actual. Wittgenstein se consideró como la síntesis y la máxima expresión de los debates sobre el lenguaje. Sus trabajos marcan un punto de inflexión, un antes y un después en la filosofía del lenguaje.
La filosofía de Wittgenstein suele considerarse dividida en dos fases, la segunda de ellas caracterizada por una crítica radical de las tesis defendidas en la primera; existen, con todo, rasgos comunes a ambas, como el interés por analizar el lenguaje como método de reflexión filosófica.
El primer Wittgenstein.
Plantea el problema lógico-formal del lenguaje y sus ideas se refleja en su primer obra el Tractatus Lógio-philosophicus.
Su preocupación principal era establecer una relación lógica entre el lenguaje y el mundo. El mundo adquiere sentido a través del lenguaje o el nexo entre nosotros y el mundo es el lenguaje.
Los componentes del lenguaje que hacen posible esta relación son: 







LOS NOMBRES
Son expresiones que designan una cosa. El significado de un nombre consiste en el objeto que nombra y el significado de una oración consiste en la situación que describe.
Los objetos son como una especie de átomos lógicos y constituyen la materia con la que están construidos todos los hechos. Por ejemplo: la palabra árbol designa a la cosa árbol.
Pero los nombres solos no producen sentido. Por ejemplo decir: árbol, árbol, árbol, no nos dice nada.




LAS PROPOSICIONES
La relación lógica existente entre el lenguaje y el mundo se establece a través de proposiciones.
Una proposición es un enunciado acerca del mundo. Todas las proposiciones tienen un significado y pueden ser verdaderas o falsas.
Hay dos tipos de proposiciones:
1)       Las proposiciones elementales o atómicas: son aquellas que no se descomponen en otras proposiciones.
2)     Las proposiciones complejas o moleculares:








IMAGEN PICTÓRICA
DEL SIGNIFICADO
Las proposiciones elementales tienen sentido porque son imágenes de estados de cosas. Una proposición comparte con la situación que describe una misma estructura o forma pictórica o lógica.
Las imágenes pictóricas del mundo son imágenes isomórficas, es decir, representaciones en la que están coordinadas o coinciden cosas, propiedades y relaciones de un sistema (mundo), con cosas, relaciones de otro sistema (lenguaje). La coordinación es lo que hace que un hecho sea imagen de otro. Si una imagen es isomórfica es verdadera, de lo contrario es falsa. El significado de la proposición será entonces el resultado de la coordinación de la proposición.






LOS NEXOS LÓGICOS.
Son también llamados conectivas extensionales, son palabras lógicas que tienen la propiedad de que, a partir de proposiciones elementales cuyo valor de verdad está determinado, crean una proposición compleja cuyo valor de verdad queda, a su vez, determinado por el valor de verdad de las proposiciones atómicas que la componen. Algunos de estos nexos lógicos son: y, o, si… entonces…, no, ni… ni.
Dos o más proposiciones elementales o atómicas unidas por nexos lógicos configuran una proposición compleja o molecular. Por ejemplo: “el árbol están caído y la vereda está rota”  la unión de dos proposiciones atómicas unidas por un nexo lógico componen una proposición molecular.
La verdad o la falsedad de las proposiciones complejas o moleculares dependen de las proposiciones elementales o atómicas que la componen y el tipo de nexo que se establece entre ellas.

Estos componentes del lenguaje nos permiten hacer referencia del mundo. Pero ¿de qué está compuesto el mundo?
 El mundo está compuesto por:




      1)    Los hechos.

Wittgenstein dice: “El mundo es la totalidad de los hechos, no de las cosas”.
Cuando los hechos existen las proposiciones elementales o atómicas son verdaderas y lo referido a ellas son estados de cosas del mundo.



      2)    Los estados de cosas.
Las proposiciones refieren a estados de cosas que están compuestos por hechos, que a su vez compuesto por objetos. Por ejemplo: “el árbol está caído”, es una proposición verdadera si hay un hecho en el mundo real que es justamente que el árbol esté caído.

En resumen, para Wittgenstein el lenguaje es la totalidad de las proposiciones, sean estas verdaderas o falsas o el lenguaje es la totalidad de las figuras de todas las situaciones, existentes o inexistentes. Cada figura representa su sentido y una proposición es una figura de situación, por compartir una misma forma lógica o pictórica.

El segundo Wittgenstein.

El segundo momento del pensamiento filosófico de Wittgenstein está expuesto en su libro “Investigaciones Filosóficas”. En esta obra se advierte un cambio en sus ideas con respecto al Tractatus Lógigo-Philosóphicus.  En este segundo período la idea principal está representada en la siguiente tesis: La relación del mundo-lenguaje no es de carácter necesario, es decir, no es de carácter lógico-formal. Como esta relación no es necesaria puede adoptar diversas formas.
Esta forma de entender el problema modifica sustancialmente el concepto de significado. El significado de una expresión no reside en lo que representa lógicamente, sino en los usos del lenguaje en el contexto de las diversas actividades humanas. De lo que se trata ahora es de saber cómo funciona el lenguaje en vez de intentar responder a la pregunta de por qué una proposición tiene sentido. En esta nueva mirada sobre el lenguaje, adquiere especial significación y presencia el lenguaje cotidiano.  Por otra parte, realizar un breve recorrido por los principales puntos de esta elaboración, nos sitúa en la puerta de uno de los temas más complejos de la filosofía del lenguaje contemporánea: la teoría pragmática del significado. En otras palabras, es difícil comprender la discusión actual acerca del lenguaje, si no se tiene en cuenta los problemas planteados por Wittgenstein.
Como la relación entre lenguaje y el mundo no es necesaria, entonces son posibles diversas formas de lenguaje que pueden expresar de muchas formas esa relación. Cada una de esas maneras es un juego lingüístico. Los lenguajes son múltiples y esta multiplicidad varía; es decir, algunos juegos lingúisticos aparecen mientras otros van cayendo en desuso y son olvidados.
El lenguaje deja de ser la representación lógica y pasa a ser una actividad. Dar órdenes, describir la apariencia de un objeto, narrar un suceso, formular una hipótesis, presentar los resultados de una experiencia en tablas y diagramas, recitar, hacer chistes, preguntar, agradecer, maldecir, rogar, etc., son algunos de los múltiples juegos del lenguaje.
¿Cuál es el alcance de esta modificación del punto de vista anterior?
En primer lugar, se modifica la idea que se tiene del significado: en los juegos lingüísticos, el significado de una palabra, de una oración es el uso que se hace de ellas en cada juego del lenguaje, y el uso es la costumbre de las técnicas de ese juego.
En segundo lugar, Wittgenstein deja de lado la idea de un lenguaje es tanto mejor cuánto más se aproxima al ideal de un lenguaje exacto. En la idea del lenguaje exacto propio del primer Wittgenstein había tres exigencias:
    1)    Las palabras debían ser definidas (las definiciones eran ostensivas: para definir “árbol” había que señalar, indicar, el objeto árbol),
     2)    Las palabras debían seguir reglas lógicas;
     3)    Las reglas tenían que ser establecidas para siempre (las reglas eran lógico-formales).
Wittgenstein piensa ahora que estas exigencias son ilegítimas dentro del lenguaje cotidiano. La primera exigencia queda impugnada con la teoría de los juegos del lenguaje: las palabras se definen por su uso en un contexto determinado. La exigencia de la exactitud es un despropósito: dentro de los juegos del lenguaje no hay límites de exactos para establecer un significado. Por lo tanto, y en relación a la tercera exigencia, Wittgenstein asegura que no hay reglas que definan de una vez y para siempre el significado de una expresión: los significados son abiertos, dinámicos y variables, según el contexto y el uso que se hace de ellos.
En tercer lugar, las expresiones proferidas ya no buscan ser sólo la descripción del objeto o hecho del mundo nombrado, sino que la expresión significa ahora sólo aquello que debe ser entendido. Entender correctamente una expresión dentro del juego lingüístico utilizado en esa oportunidad, es entender el significado de la expresión. Por ejemplo: un adolescente de una escuela secundaria concurre el domingo a la cancha de fútbol y una persona que está a su ledo le dice: ¿me aguantás un faso?. El joven saca un cigarrillo y se lo da. En este caso se utilizó un juego del lenguaje propio del ambiente de una cancha de fútbol y la comunicación fue eficaz. El lunes va a su escuela y le dice a su profesora de lengua: ¿”me aguantás el libro”? La profesora ante el pedido de su alumno se enoja y considera que el pedido fue una falta de respeto. En este caso hubo un uso inadecuado del lenguaje porque la preferencia, el juego del lenguaje utilizado, varió de contexto y resultó inapropiado y, por lo tanto, la comunicación fue ineficaz.
Entonces: ¿qué es lo que determina que una expresión ha sido utilizada correctamente? Lo que determina  el comportamiento que muestra una comprensión correcta lo decide la reacción de la comunidad lingüística que establece un determinado comportamiento como comprensión correcta. Queda claro que las determinaciones de corrección o incorrección de las comunidades lingüísticas no son fijas, ni universales, sino que se van modificando con el tiempo y según los lugares, las influencias que recibe esa comunidad.
En cuarto lugar, Wittgenstein señala que: “no puede haber una regla del lenguaje para uno solo y para una sola vez”. Esto es lo que se conoce como la imposibilidad de los lenguajes privados.
Las sensaciones de una persona pueden ser privadas pero las palabras de las sensaciones son públicas y están sometidas al control del criterio público acerca de ellas. Por ejemplo cuando digo “tengo un dolor”. Una expresión tiene significado sólo cuando públicamente hay casos en que puede ser usada correctamente o incorrectamente. Solo hay utilización correcta o incorrecto cuando hay compromiso para la utilización de los juegos del lenguaje. Los controles del uso del lenguaje los hace la comunidad lingüística, en un lugar y tiempo dado. Los juegos del lenguaje y sus usos son públicos y las reglas de esos juegos son las que juegan todos.
Los alcances filosóficos del cambio en el pensamiento de Wittgenstein son:
1.    La tarea filosófica tiene una finalidad terapéutica. La preocupación de este primer momento filosófico de Wittgenstein deja de ser la realización de un lenguaje completo y perfecto. Wittgenstein ve a la filosofía como una enfermedad cuyo mal mayor consiste en plantear falsos problemas, y busca utilizar el análisis del lenguaje como terapia. En muchos casos lo que el filósofo necesita no son respuestas a sus preguntas, sino comprender que las preguntas que carecen de sentido. Cuando el filósofo queda enredado en esas pseudo-preguntas, se enferma y las cuestiones filosóficas pasan a ser sus enfermedades. Entonces, la única terapia posible es un filosofar que saque al filósofo  de esos nudos inconducentes y sin sentido.
2.   La multiplicidad de juegos del lenguaje desemboca en un relativismo lingüístico. Otra consecuencia filosófica importante de esa segunda etapa del pensamiento de Wittgenstein, es el relativismo lingüístico que se pone de manifiesto en la defensa de la multiplicidad de juegos del lenguaje. De la perspectiva del lenguaje como  representación lógica del mundo se pasa a la visión del lenguaje ordinario como instrumento.
Wittgenstein afirma que todo lenguaje está en orden tal como está. Por lo tanto, es imposible que un lenguaje lógico o científico pretenda constituirse en el lenguaje que comprende a todos los otros y mucho menos mostrarse como el lenguaje capaz de ofrecer criterios de rectificación y de interpretación de un mundo que lingüísticamente se le muestre lejano o inabordable (el mundo de la vida cotidiana, el mundo del lenguaje ordinario).