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martes, 8 de enero de 2019

El lenguaje según Wittgenstein


Wittgenstein nació en 1889, en Viena, Austria y falleció en Cambridge, Reino Unido en 1951, fue un personaje  fascinante,  perteneció  a  una  familia  judía, austriaca adinerada  de renombre o prestigio. Estudió ingeniería aeronáutica. En su vida en Londres comenzó a estudiar filosofía de la matemática y de la lógica. Sus críticos lo ubican en el campo del positivismo lógico de Russell, del  cual recibirá una  gran  influencia, se  desmarcará  de  su f ilosofía  científica,  y aportará   desde  su ¨principio  de verificabilidad¨ una   filosofía  analítica  que  pretende  demostrar  que   solamente tienen significado aquellos enunciados que son empíricamente verificables. Es decir, en la misma línea que Karl Popper y  su  metodología  de  la  ciencia,  que  expondrá  el ¨ principio  de  falsación, como una de las bases fundamentales de los postulados científicos.
Hasta  finales  del  siglo  XIX, todos  los  temas y problemas filosóficos giran alrededor de la relación entre lenguaje y pensamiento. Los filósofos entendían que a través del lenguaje, el pensamiento de las personas se ofrecía para sí mismo y para los demás a través de palabras y oraciones.

LENGUAJE
PENSAMIENTO

Esta relación entre lenguaje y pensamiento se manifiesta o aflora cuando hablamos de la realidad, de las representaciones, de la verdad, de ética, del poder o cuando analiza la cultura humana. Hay una estrecha relación entre pensar y hablar, porque es la raíz de nuestras acciones, gustos, creencias, deseos y, en definitiva, de nuestra relación con el mundo y la realidad.
MUNDO
REALIDAD

Los filósofos pensaban que las cosas motivaban las palabras, es decir que el origen y el sentido de las palabras, estaba inscripto en las cosas del mundo, el lenguaje reflejaba el pensamiento; pensar era una forma de imponer categorías intelectuales a los datos de la experiencia y las palabras representaban la relación entre el pensamiento y el mundo.  
Pero a partir de la filosofía contemporánea las cosas empiezan a verse de otra manera y se comienzan a darse algunos señalamientos de tres órdenes diferentes:

      1)    En el orden lingüístico.
Se comienza a dejar de lado la idea de que el lenguaje cumple una función representativa. La relación entre las palabras y las cosas es arbitraria.
     2)    En el orden filosófico.
Con la filosofía analítica se comienza a decir que todos los problemas filosóficos son problemas planteados por el uso del lenguaje y, que resueltos estos problemas lingüísticos, desaparecerían gran parte de los problemas filosóficos.
     3)    En el orden lógico.
Se planteó el problema de la posibilidad y la necesidad de formalizar el lenguaje. La lógica era una técnica que posibilita pensamientos correctos.

Con Frege, Russell y Wittgenstein la lógica comienza a verse como una estructura misma del lenguaje.
El lenguaje sigue siendo un problema central en los debates filosóficos de la época actual. Wittgenstein se consideró como la síntesis y la máxima expresión de los debates sobre el lenguaje. Sus trabajos marcan un punto de inflexión, un antes y un después en la filosofía del lenguaje.
La filosofía de Wittgenstein suele considerarse dividida en dos fases, la segunda de ellas caracterizada por una crítica radical de las tesis defendidas en la primera; existen, con todo, rasgos comunes a ambas, como el interés por analizar el lenguaje como método de reflexión filosófica.
El primer Wittgenstein.
Plantea el problema lógico-formal del lenguaje y sus ideas se refleja en su primer obra el Tractatus Lógio-philosophicus.
Su preocupación principal era establecer una relación lógica entre el lenguaje y el mundo. El mundo adquiere sentido a través del lenguaje o el nexo entre nosotros y el mundo es el lenguaje.
Los componentes del lenguaje que hacen posible esta relación son: 







LOS NOMBRES
Son expresiones que designan una cosa. El significado de un nombre consiste en el objeto que nombra y el significado de una oración consiste en la situación que describe.
Los objetos son como una especie de átomos lógicos y constituyen la materia con la que están construidos todos los hechos. Por ejemplo: la palabra árbol designa a la cosa árbol.
Pero los nombres solos no producen sentido. Por ejemplo decir: árbol, árbol, árbol, no nos dice nada.




LAS PROPOSICIONES
La relación lógica existente entre el lenguaje y el mundo se establece a través de proposiciones.
Una proposición es un enunciado acerca del mundo. Todas las proposiciones tienen un significado y pueden ser verdaderas o falsas.
Hay dos tipos de proposiciones:
1)       Las proposiciones elementales o atómicas: son aquellas que no se descomponen en otras proposiciones.
2)     Las proposiciones complejas o moleculares:








IMAGEN PICTÓRICA
DEL SIGNIFICADO
Las proposiciones elementales tienen sentido porque son imágenes de estados de cosas. Una proposición comparte con la situación que describe una misma estructura o forma pictórica o lógica.
Las imágenes pictóricas del mundo son imágenes isomórficas, es decir, representaciones en la que están coordinadas o coinciden cosas, propiedades y relaciones de un sistema (mundo), con cosas, relaciones de otro sistema (lenguaje). La coordinación es lo que hace que un hecho sea imagen de otro. Si una imagen es isomórfica es verdadera, de lo contrario es falsa. El significado de la proposición será entonces el resultado de la coordinación de la proposición.






LOS NEXOS LÓGICOS.
Son también llamados conectivas extensionales, son palabras lógicas que tienen la propiedad de que, a partir de proposiciones elementales cuyo valor de verdad está determinado, crean una proposición compleja cuyo valor de verdad queda, a su vez, determinado por el valor de verdad de las proposiciones atómicas que la componen. Algunos de estos nexos lógicos son: y, o, si… entonces…, no, ni… ni.
Dos o más proposiciones elementales o atómicas unidas por nexos lógicos configuran una proposición compleja o molecular. Por ejemplo: “el árbol están caído y la vereda está rota”  la unión de dos proposiciones atómicas unidas por un nexo lógico componen una proposición molecular.
La verdad o la falsedad de las proposiciones complejas o moleculares dependen de las proposiciones elementales o atómicas que la componen y el tipo de nexo que se establece entre ellas.

Estos componentes del lenguaje nos permiten hacer referencia del mundo. Pero ¿de qué está compuesto el mundo?
 El mundo está compuesto por:




      1)    Los hechos.

Wittgenstein dice: “El mundo es la totalidad de los hechos, no de las cosas”.
Cuando los hechos existen las proposiciones elementales o atómicas son verdaderas y lo referido a ellas son estados de cosas del mundo.



      2)    Los estados de cosas.
Las proposiciones refieren a estados de cosas que están compuestos por hechos, que a su vez compuesto por objetos. Por ejemplo: “el árbol está caído”, es una proposición verdadera si hay un hecho en el mundo real que es justamente que el árbol esté caído.

En resumen, para Wittgenstein el lenguaje es la totalidad de las proposiciones, sean estas verdaderas o falsas o el lenguaje es la totalidad de las figuras de todas las situaciones, existentes o inexistentes. Cada figura representa su sentido y una proposición es una figura de situación, por compartir una misma forma lógica o pictórica.

El segundo Wittgenstein.

El segundo momento del pensamiento filosófico de Wittgenstein está expuesto en su libro “Investigaciones Filosóficas”. En esta obra se advierte un cambio en sus ideas con respecto al Tractatus Lógigo-Philosóphicus.  En este segundo período la idea principal está representada en la siguiente tesis: La relación del mundo-lenguaje no es de carácter necesario, es decir, no es de carácter lógico-formal. Como esta relación no es necesaria puede adoptar diversas formas.
Esta forma de entender el problema modifica sustancialmente el concepto de significado. El significado de una expresión no reside en lo que representa lógicamente, sino en los usos del lenguaje en el contexto de las diversas actividades humanas. De lo que se trata ahora es de saber cómo funciona el lenguaje en vez de intentar responder a la pregunta de por qué una proposición tiene sentido. En esta nueva mirada sobre el lenguaje, adquiere especial significación y presencia el lenguaje cotidiano.  Por otra parte, realizar un breve recorrido por los principales puntos de esta elaboración, nos sitúa en la puerta de uno de los temas más complejos de la filosofía del lenguaje contemporánea: la teoría pragmática del significado. En otras palabras, es difícil comprender la discusión actual acerca del lenguaje, si no se tiene en cuenta los problemas planteados por Wittgenstein.
Como la relación entre lenguaje y el mundo no es necesaria, entonces son posibles diversas formas de lenguaje que pueden expresar de muchas formas esa relación. Cada una de esas maneras es un juego lingüístico. Los lenguajes son múltiples y esta multiplicidad varía; es decir, algunos juegos lingúisticos aparecen mientras otros van cayendo en desuso y son olvidados.
El lenguaje deja de ser la representación lógica y pasa a ser una actividad. Dar órdenes, describir la apariencia de un objeto, narrar un suceso, formular una hipótesis, presentar los resultados de una experiencia en tablas y diagramas, recitar, hacer chistes, preguntar, agradecer, maldecir, rogar, etc., son algunos de los múltiples juegos del lenguaje.
¿Cuál es el alcance de esta modificación del punto de vista anterior?
En primer lugar, se modifica la idea que se tiene del significado: en los juegos lingüísticos, el significado de una palabra, de una oración es el uso que se hace de ellas en cada juego del lenguaje, y el uso es la costumbre de las técnicas de ese juego.
En segundo lugar, Wittgenstein deja de lado la idea de un lenguaje es tanto mejor cuánto más se aproxima al ideal de un lenguaje exacto. En la idea del lenguaje exacto propio del primer Wittgenstein había tres exigencias:
    1)    Las palabras debían ser definidas (las definiciones eran ostensivas: para definir “árbol” había que señalar, indicar, el objeto árbol),
     2)    Las palabras debían seguir reglas lógicas;
     3)    Las reglas tenían que ser establecidas para siempre (las reglas eran lógico-formales).
Wittgenstein piensa ahora que estas exigencias son ilegítimas dentro del lenguaje cotidiano. La primera exigencia queda impugnada con la teoría de los juegos del lenguaje: las palabras se definen por su uso en un contexto determinado. La exigencia de la exactitud es un despropósito: dentro de los juegos del lenguaje no hay límites de exactos para establecer un significado. Por lo tanto, y en relación a la tercera exigencia, Wittgenstein asegura que no hay reglas que definan de una vez y para siempre el significado de una expresión: los significados son abiertos, dinámicos y variables, según el contexto y el uso que se hace de ellos.
En tercer lugar, las expresiones proferidas ya no buscan ser sólo la descripción del objeto o hecho del mundo nombrado, sino que la expresión significa ahora sólo aquello que debe ser entendido. Entender correctamente una expresión dentro del juego lingüístico utilizado en esa oportunidad, es entender el significado de la expresión. Por ejemplo: un adolescente de una escuela secundaria concurre el domingo a la cancha de fútbol y una persona que está a su ledo le dice: ¿me aguantás un faso?. El joven saca un cigarrillo y se lo da. En este caso se utilizó un juego del lenguaje propio del ambiente de una cancha de fútbol y la comunicación fue eficaz. El lunes va a su escuela y le dice a su profesora de lengua: ¿”me aguantás el libro”? La profesora ante el pedido de su alumno se enoja y considera que el pedido fue una falta de respeto. En este caso hubo un uso inadecuado del lenguaje porque la preferencia, el juego del lenguaje utilizado, varió de contexto y resultó inapropiado y, por lo tanto, la comunicación fue ineficaz.
Entonces: ¿qué es lo que determina que una expresión ha sido utilizada correctamente? Lo que determina  el comportamiento que muestra una comprensión correcta lo decide la reacción de la comunidad lingüística que establece un determinado comportamiento como comprensión correcta. Queda claro que las determinaciones de corrección o incorrección de las comunidades lingüísticas no son fijas, ni universales, sino que se van modificando con el tiempo y según los lugares, las influencias que recibe esa comunidad.
En cuarto lugar, Wittgenstein señala que: “no puede haber una regla del lenguaje para uno solo y para una sola vez”. Esto es lo que se conoce como la imposibilidad de los lenguajes privados.
Las sensaciones de una persona pueden ser privadas pero las palabras de las sensaciones son públicas y están sometidas al control del criterio público acerca de ellas. Por ejemplo cuando digo “tengo un dolor”. Una expresión tiene significado sólo cuando públicamente hay casos en que puede ser usada correctamente o incorrectamente. Solo hay utilización correcta o incorrecto cuando hay compromiso para la utilización de los juegos del lenguaje. Los controles del uso del lenguaje los hace la comunidad lingüística, en un lugar y tiempo dado. Los juegos del lenguaje y sus usos son públicos y las reglas de esos juegos son las que juegan todos.
Los alcances filosóficos del cambio en el pensamiento de Wittgenstein son:
1.    La tarea filosófica tiene una finalidad terapéutica. La preocupación de este primer momento filosófico de Wittgenstein deja de ser la realización de un lenguaje completo y perfecto. Wittgenstein ve a la filosofía como una enfermedad cuyo mal mayor consiste en plantear falsos problemas, y busca utilizar el análisis del lenguaje como terapia. En muchos casos lo que el filósofo necesita no son respuestas a sus preguntas, sino comprender que las preguntas que carecen de sentido. Cuando el filósofo queda enredado en esas pseudo-preguntas, se enferma y las cuestiones filosóficas pasan a ser sus enfermedades. Entonces, la única terapia posible es un filosofar que saque al filósofo  de esos nudos inconducentes y sin sentido.
2.   La multiplicidad de juegos del lenguaje desemboca en un relativismo lingüístico. Otra consecuencia filosófica importante de esa segunda etapa del pensamiento de Wittgenstein, es el relativismo lingüístico que se pone de manifiesto en la defensa de la multiplicidad de juegos del lenguaje. De la perspectiva del lenguaje como  representación lógica del mundo se pasa a la visión del lenguaje ordinario como instrumento.
Wittgenstein afirma que todo lenguaje está en orden tal como está. Por lo tanto, es imposible que un lenguaje lógico o científico pretenda constituirse en el lenguaje que comprende a todos los otros y mucho menos mostrarse como el lenguaje capaz de ofrecer criterios de rectificación y de interpretación de un mundo que lingüísticamente se le muestre lejano o inabordable (el mundo de la vida cotidiana, el mundo del lenguaje ordinario).