Estas
reglas son las siguientes:
Estas
reglas son las siguientes:
Hermenéutica significa interpretación, de acuerdo con lo cual podemos decir, en un primer acercamiento que “la hermenéutica es el arte de evitar los malentendidos”; fácilmente nos podemos dar cuenta de la cantidad de problemas que, en la vida diaria tenemos acerca de lo que observamos, escuchamos, leemos, etc. La interpretación y su estudio tienen una larga trayectoria. Se ha empleado en los estudios bíblicos, lingüísticos, jurídicos desde hace años. Sin embargo, el problema de la hermenéutica se convierte en un problema filosófico y lo advertimos fácilmente cuando leemos diferentes libros y nos damos cuenta que hay algunos que más nos gustan porque lo entendemos mejor que otros, lo mismo sucede cuando los profesores damos clases y los estudiantes eligen al que explica mejor los conocimientos de su materia. En general los malentendidos son problemas de interpretación y se nos presentan todo el tiempo en la vida cotidiana. La hermenéutica es una forma de comprensión y ésta cae bajo el concepto general del conocer y se entiende por conocer el proceso por el cual se busca un saber de validez universal.
En síntesis, de lo que se trata la hermenéutica es que:
1. Comprender
es ponerse de acuerdo con alguien sobre algo.
2. El
lenguaje es el medio universal para realizar el consenso o comprensión.
3. El
diálogo es la forma concreta en que se alcanza la comprensión.
4. El
comprender es interpretar.
5. La
comprensión que se realiza en el diálogo se mueve en un círculo dialéctico: pregunta-respuesta.
6. La
comprensión es la concreción de la conciencia de la historia que se lleva a
cabo.
7. No
hay verdades absolutas que se puedan imponer porque cada uno construye
subjetividad y va interpretando el mundo en el que vive a su manera y ese
cúmulo de experiencias y saberes es su propia realidad, que a veces puede
coincidir con las demás personas o no con lo se dice o piensa de lo que es o lo
existe o se siente realmente.
Esta idea de lo inesperado me hizo recordar
aquellos momentos vividos por diferentes lugares haciendo cicloturismo en la
que la planificación de mis viajes no estaba en la agenda, de lo que se trataba
era ir haciendo camino al andar, ir improvisando cada viaje dejándome llevar
por mis instintos, mis emociones e ir conociendo lugares y personas inolvidables,
donde el tiempo se detiene, no hay horarios ni mapas rígidos que seguir. Una
filosofía de vida que produce una sensación plena de libertad. De lo que se
trataba era de rodar la bici permitiendo conectar lo más profundo de mi ser con
el entorno natural que iba encontrando. Llegar a cada pueblo era imaginar
historias que iba escuchando; en algunos me sentaba en la plaza principal o a
orillas de un rio o la costa del mar a escuchar música, leer un libro, escribir
historias, momentos o sensaciones percibidas, a recordar momentos de mi vida,
familia, amigos, historias que me motivan a contar. Otros lugares inspiraban a
cocinar, tomar una cerveza o un vino con algún amigo del camino. Al final, los
recuerdos y los momentos más potentes suelen ser aquellos que no buscamos y que
nos dejamos llevar viajando a la deriva. Una forma de viajar y hacer filosofía
desde la improvisación, el deambular por la vida sin un itinerario estricto y
de apertura a encuentros fortuitos con la naturaleza o personas, dejando que
las cosas sucedan sin ninguna planificación previa.
Podemos contar nuestra historia personal, con
excepción de dos momentos del día del nacimiento y de la muerte que devendrá.
El nacimiento es parte de una narrativa familiar, padres, tíos, abuelos, porque
cuando nacemos no recordamos absolutamente nada. No somos conscientes del
nacimiento. Necesitamos de una narrativa colectiva. Lo mismo que nuestra muerte
que todavía no vivenciamos, seguramente la relatarán nuestros hijos, nuestros
congéneres.
El relato familiar cuenta que el embarazo fue
complicado, mi vieja debía cuidarse mucho, porque tenía perdidas y ya había
perdido varios embarazos, entre el nacimiento de mi hermana y el mío. Pero
además el médico sospechaba que podía nacer con la misma sangre que ella, 0 rh
negativo. Mi padre era 0 rh positivo. Si al nacer era 0 rh negativo, había
incompatibilidad sanguínea. Por tal motivo, se había organizado un operativo de
emergencia en donde mi Tío Emilio, viajo inmediatamente a un laboratorio en
Buenos Aires, para ver con que factor había nacido. Finalmente, todos festejaron
porque tenía la sangre igual a mi viejo 0 rh positivo y no había que hacer
ninguna transfusión de sangre. Mi primer recuerdo, que todavía sigue vigente
fue a los dos años. Habíamos viajado a San Juan y nos alojó en su casa un tal
Waransky, Amigo de la familia. Y en el patio había un sótano lleno de conejos.
Quedé fascinado de esa experiencia que jamás olvidé.
Mis recuerdos de la infancia me llevan a pensar
en los trabajos que realizaba mi padre. Mi viejo, camionero, estuvo bastante
ausente en mi infancia, como consecuencia de su trabajo. A veces pasaban
semanas que no lo veía. Mi vieja me decía que cuando regresaba a veces no lo
reconocía. Pero a medida que fui creciendo estuvo muy presente. Era una persona
muy libre, muy seguro de sí mismo, calentón, buen tipo, de convicciones
fuertes. Siempre halagaba su honestidad, su sinceridad. Frontal, rústico, de
mucha fortaleza física. Fue un pilar fundamental para construir mi
personalidad, me marco mucho. Cuando uno está seguro de lo que quiere, no hay
vuelta atrás, así la decisión que se tome sea equivocada o errada. El límite no
es causar daño a los demás, no defraudar, aunque a veces cuando somos frontales
decimos cosas que otras personas no quieren escuchar.
El aspecto filosófico no sé de donde proviene,
pero desde muy pequeño tuve la curiosidad de comprender el mundo en el que
vivía. Mi infancia transcurría en la ciudad los días de semana y los meses de
vacaciones de invierno y verano, sumados los fines de semana en el campo. Una
etapa muy feliz rodeado de mucho afecto familiar. Me fascinaba el campo, sentía
que tenía mucho espacio para hacer lo que quería, andar a caballo, jugar con
mis primos, subir a los árboles, salir a caminar con mis perros. Amante de la
libertad y de la naturaleza, siempre tenía como sostén a mis viejos. Mi padre
me daba rienda suelta para el aprendizaje y en cada caída me alentaba a
levantarme solo. Mi madre, más miedosa y sobreprotectora, tiraba de la cuerda,
siempre buscaba tenerme bajo sus alas, producto de sus propios miedos como
consecuencia de que a los cinco años había perdido a su madre y eso la hizo muy
insegura. Pero siempre presente, a mi lado. Me fascinaba las noches de verano
dormir a la intemperie junto a mi viejo. Tirábamos un colchón arriba de la
cabina del camión y dormíamos frescos. Pero en la profunda oscuridad del campo
me encantaba mirar el cielo. Ver cantidades de estrellas que brillaban y
siempre veíamos caer alguna. Lleno de interrogantes, preguntas, quería saber
¿cómo se había formado el universo? ¿a qué distancia se encontraban de la
tierra? Me sentía una pequeña partícula cósmica en la inmensidad del espacio
exterior. En el campo se hacía una gran parva de pasto que se acumulaba durante
el invierno, era la fuente de alimentación de los animales durante la época
invernal. Me encantaba subirme a ella. Me tiraba panza arriba y de ahí
contemplaba el cielo diurno, de vez en cuando pasaba algún avión dejando una
gran tela blanca en el cielo. Mi imaginación se activaba y pensaba hacia donde
se dirigía ese avión. Me imaginaba como sería ver la tierra desde arriba. Jamás
olvidé la fecha del 13 de octubre de 1972, apenas tenía nueve años, casi diez.
Mi tío todas las mañanas escuchaba Radio Colonia, la única frecuencia que en
aquella época se escuchaba y la noticia fue que había desaparecido un avión en
la Cordillera de los Andes, en el que viajaban jóvenes uruguayos a jugar un partido
de Rugby a Chile. Fueron dos meses y medio de escuchar la radio todas las
mañanas para saber qué había
A los diez años, mi viejo nos llevaba al Aeroclub
Salto, un amigo tenía un avión un Pipper para cuatro personas y otro que era de
tela biplaza. Su apellido era Lanziotti amigo de la familia. Mi viejo, mi tío
Carlos Boscoscuro y mi primo Rubén Zerbarini, siempre acompañaban a volar a
Lanziotti. Un día sábado mi viejo Mateo y mi tío Emilio nos llevaron a mi
hermana Alicia y mis primas Nancy y Betina al Aeroclub, a las mujeres las
sentaron a las tres en el asiento de atrás y a mí el único varón, me sentó en
el asiento de adelante, el avión tenía dos comandos para manejar, uno el piloto
y el otro para el acompañante, en ese caso yo. El avión comenzó a carretear
sobre la tierra y de repente comenzó a despegar. Era la primera vez que
volábamos en avión, fue una sensación fenomenal, fuera de serie. Volamos por
arriba de Salto, aproximadamente una hora. Recuerdo ver a las palomas de la
iglesia caminando por la plaza. Inolvidable experiencia que me marcó para
siempre.
Durante el período escolar las maestras me
llamaban la atención porque me desconectaba de la clase, no les prestaba
atención porque volaba y en los informes que definían mi perfil o personalidad
decían era que muy despistado, que vivía en la luna, que volaba desconectándome
de la realidad, que no prestaba atención. Y era cierto la escuela me aburría
mucho, prefería el campo, andar a caballo. Me revelaba mucho estar tanto tiempo
adentro de un aula escuchando o haciendo tareas que no me interesaban.
Inclusive tuve algunos problemas de conducta en cuarto y quinto grado. Llamaron
a mis viejos a la dirección. Estaban preocupados por mis conductas
antisociales. Era muy rebelde y llamaba mucho la atención, pero lo compensaba
bailando folclore. Era un buen bailarín, entonces para todas las fiestas patria
subía al escenario y recibía aplausos que me encantaban escuchar y alimentaban
mi ego. Con cierto liderazgo en la escuela, tal vez un liderazgo negativo, como
se lo suele llamar ahora, pero en los años posteriores lo pude superar. Mis
amigos que me apodaban “El Caco”, también se reían porque decían que era muy
despistado. A veces me hacían preguntas y yo les respondía cualquier cosa,
porque me colgaba. Cuando apareció el flippers, me decían que me tildaba. Una
faceta de mi personalidad, soñar, volar, imaginar mundos en mi cabeza me
encanta.
Desde hace un tiempo largo y en especial después de la pandemia, me vengo haciendo preguntas para poder entender el mundo actual que me toca y nos toca vivir: la postmodernidad, el mundo ha cambiado con tanta rapidez que estoy anonadado, desorientado. El tiempo y el espacio han cambiado su significado, en especial con el uso del celular y sus nuevas tecnologías que avanzan tan rápido que resulta difícil de entender. Y el lugar donde trabajo: la escuela pública, ha sido impactada porque nuestros estudiantes están inmersos a condiciones externas de un mundo donde la imagen le ha ganado a la palabra. Lo real ha sido suplantado por lo virtual. Y en este contexto nuestros estudiantes viven una hiperrealidad artificialmente construida para que ellos estén adormecidos, atontados, alucinados con las miles de imágenes y videos que ven durante el día, inclusive las horas que pasamos juntos adentro del aula. Y eso es lo que más me duele, estar inmerso en un sistema que no hace nada para transformar esta realidad. Y me pregunto: ¿cuál es el rol que me toca cumplir como profesor de filosofía? Este verano estuve leyendo un texto de un filósofo español sobre pensamiento crítico, teniendo en cuenta que el diseño curricular de la materia filosofía hace hincapié en formar a los estudiantes con pensamiento crítico, reflexivo, analítico. Regresé al aula a intensificar los aprendizajes para aquellos estudiantes que no aprobaron la materia. Volví con la esperanza de poner en práctica aquello que había leído, pero la realidad me volvió a dar un cachetazo, y otra como tantas veces, volví a mi casa con mucha frustración. Me pregunté ¿Qué es ser docente hoy? ¿Cómo motivo a los estudiantes a que como mínimo dialoguemos? Ya ni siquiera los motiva aprobar la materia y para aprobar la materia filosofía tienen que leer, escribir, hablar, escuchar y realizar actividades pedagógicas. No, todo el tiempo con ese aparatito tecnológico que ya forma parte de los cuerpos. Ni siquiera habían llevado el material trabajado del año pasado. Insistí, insistí en entablar una conversación, un diálogo para motivarlos a trabajar, solo logré que se activaran un breve tiempo, a cada rato les sonaba un click que los obligaba a mirar el celular. Insistí un par de veces más, hasta que me cansé e hice un largo silencio. Tampoco, mi silencio aún les servía para seguir obnubilados con el celular. No hablo en particular, en todas las escuelas ocurre lo mismo. ¿Y qué hacemos los que estamos inmersos en educación para transformar la realidad? ¿Seguimos mirando para un costado? Ya ni siquiera nos motiva concientizarnos del fracaso educativo, la responsabilidad que tenemos de que los jóvenes aprendan lo mínimo indispensable: ¿qué les enseñamos? Como mínimo el diálogo para una ciudadanía responsable, poder dialogar y convivir pacíficamente, cuidar nuestro planeta que habitamos, valores éticos y morales para una humanidad responsable. Y por si faltaba algo, todos inmersos en una coyuntura política y económica corrupta donde se recortan derechos (Paritarias, Incentivo Docente, Conectividad, reforma laboral) y el bolsillo con los magros salarios que cobramos. Pero hay otro flagelo más peligroso que avanza en la sociedad y que de a poco va llegando a nuestras escuelas y es la violencia, los discursos de odio, de mucha crueldad que bajan desde las más altas esferas del poder por las redes sociales en la que los estudiantes están las 24 horas conectados. Y los docentes muchas veces dejamos de lado la enseñanza para poder contener a los jóvenes que vienen a la escuela con graves problemáticas sociales y familiares, cumpliendo el rol de padres, psicólogos, psicopedagogos. La escuela de hoy sirve para que los chicos estén cada más tiempo en ellas y puedan desayunar, almorzar en los comedores escolares o llevar una caja de alimentos “Mesa Bonaerense”, que cada vez viene con menos alimentos. El sistema educativo es un sistema jerárquico y estoy convencido de que cuando más arriba del escalafón se está ocupando un cargo directivo, más responsabilidad se tiene. Los que dirigen se han convertido en unos burócratas ineficientes, que para justificar que hacen algo y cobrar sus abultados honorarios, nos recargan de insumos burocráticos que muchos de ellos son un sinsentido. El año pasado entró en vigencia un nuevo Régimen Académico, una nueva normativa que regula la actividad educativa, con ella puedo tener muchas coincidencias ideológicas. Pero me parece que el apresuramiento para su entrada en vigencia sin capacitación previa, sin informar, explicar a las familias de que se trataba permitió que haya resistencia de parte de la mayoría de los docentes, porque nadie sabía qué hacer, ni personal jerárquico, ni docente, preceptores y tampoco se les explico a las familias. Tal vez, si se hubiese implementado progresivamente comenzando en primer año, de a poco todo el sistema educativo se hubiese ido adaptando lentamente, solo vino a recargarnos de actividades con los períodos de intensificación, (en mi época cuando me llevaba materia, mis padres pagaban a maestros particulares para aprobar las materias). Ahora los docentes además del dictado de clases anuales, tenemos que intensificarlos y fortalecerlos de lo que no aprendieron durante todo el año, porque faltaron o no hicieron nada. Está claro que detrás de los jóvenes estamos los adultos (padres y docentes) enseñándoles a asumir responsabilidades y a ponerles límites necesarios para un crecimiento saludable, pero evidentemente aún seguimos ausentes. Como consecuencia de ello a meses de su entrada en vigencia tuvo que renunciar toda la cúpula de funcionarios inútiles responsables de la reforma. Es hora de empezar a producir transformaciones en serio, no meras reformas para que nada cambie. Es hora de empezar a levantar la voz para decir lo que pensamos y aprender a no callarnos. Estoy harto de formar parte de un sistema educativo que no da respuestas, que la mayoría de los funcionarios educativos junto a los políticos de turno aparecen a las escuelas solo a sacarse fotos (en especial en años electorales), para entregar algunas obsoletas computadoras, destapar alguna placa, después están ausentes para resolver las graves problemáticas que atraviesa la educación. Además, me harté de hacer cursos de capacitación con reconocidos Licenciados en Educación, psicopedagogos con fascinantes teorías educativas, pero que después te chocas con la realidad cotidiana, porque ellos hablan desde la comodidad del ambiente de sus pomposas teorías. Solo sirven para que los docentes interesados en ocupar cargos jerárquicos repitan como loros en los exámenes o concursos lo que dicen estos teóricos burócratas, frases muy lindas que no se condicen con el día a día. ¿Y el pensamiento propio, crítico, reflexivo que nos dicen las normativas vigentes donde queda? Basta de apariencias, hipocresías, engaños que hablan de educación transformadora y después los exámenes son al mejor estilo conductista del sistema educativo del siglo XIX. Desde hace años no hay inversión en infraestructura escolar, seguimos llevando a algunas escuelas tiza y borrador para seguir escribiendo en obsoletos pizarrones. Seguimos inmersos en las escuelas construidas en el siglo XX, en el Panóptico de Foucault, que educaba en la obediencia para el trabajo industrial, que de a poco va desapareciendo a causa del avance tecnológico (IA y robotización). Allí seguimos concurriendo a dar clases, con grupos de 30, 40 estudiantes ¿y la educación personalizada? Nos piden diagnósticos a cada rato, autoevaluaciones, planificaciones ¿para qué? Ahora también nos piden que salgamos a los barrios a repartir folletos para que los jóvenes vuelvan a la escuela, o nos ofrecen un Plan de Alfabetización para estudiantes de 6to año. ¿Qué fracaso, Nó? Alfabetizar a un estudiante que tiene una trayectoria educativa desde los 4 años de edad, pasando por Inicial, seis años Primaria y seis años de Secundaria y tiene dificultades para leer y escribir. A veces me dan ganas de patear el tablero y salir del sistema en el que estoy inmerso y en el que no veo, desde hace quince años, ningún avance, al contrario veo una sociedad y una escuela en retroceso. Insisto, como adulto me siento responsable del futuro de los jóvenes (incluidas mis cuatro hijas), pero la responsabilidad es ascendente, cuanto más poder más responsabilidad se tiene. Tienen todo el derecho a discrepar con lo que digo, cada uno tiene su verdad, y por cierto es subjetiva, pero es lo que pienso y lo que siento.
Desde hace mucho tiempo, en especial trabajando en educación, me preocupa la falta de sentido que existe dentro del sistema educativo que permite que tengamos que realizar actos administrativos burocráticos que son insignificantes, que generan una perdida de tiempo y que nada hacen para mejorar las prácticas educativas en las aulas de las escuelas, pero que los docentes todos los años debemos realizar para cumplir con esos insumos porque la normativa así lo indica, y de la que la mayoría somos consciente de la estupidez de esos actos que se van normalizando, naturalizando, que nos quejamos en voz baja, pero nos hacemos los boludos para que el sistema siga funcionando de la misma manera sin lograr resultados positivos para la enseñanza de nuestros estudiantes. Podría enumerar unos cuantos ejemplos que vienen a mi memoria, pero puedo mencionar un ejemplo en el que todos los años recorremos las escuelas para que los directivos avalen con sus firmas nuestra declaración jurada de horas, cuando la declaración es un juramento personal que hacemos como sujetos de derechos responsables de decir la verdad y que en el caso de falsear los datos nos debemos de hacer responsables de sanciones establecidas en el Estatuto Docente por mentir. Por mi rol de profesor de filosofía, porque me gusta problematizar, decir lo que pienso con argumentos convincentes y además provocar, deconstruir y dar disputa por la búsqueda del sentido del sinsentido. Eso me lleva a la lectura de textos provocativos como el que acabo de leer "Nuevo elogio a la imbecilidad", y la pregunta que surge del texto promovida por su autor es ¿por qué hay tantos imbéciles en este mundo? una excelente pregunta para encontrar una respuesta.
En un reportaje en la Revista Orsai que encontré investigando por internet, el autor del libro Pino Aprile un escritor y periodista Italiano da una respuesta de la cuál hice una interesante sintesis para comprender por qué los seres humanos son tan imbéciles.
Los seres humanos tienen una tolerancia natural y especial hacia la estupidez. ¿No nos damos cuenta de que casi todas las cosas que hacemos no tienen sentido alguno? Ysi nos damos cuenta: ¿cómo es posible que nos tenga sin cuidado, o que nos hagamos los boludos?
Darwin, en su libro "el origen de las especies", dice que el ser humano es un animal muy similar a los simios antropomorfos que siguió un larguísimo proceso evolutivo, regido por las mismas leyes que siguen marcando el camino de todas las especies y esto nos ha convertido en lo que somos, lo que nos distingue de los demas seres vivos, es la cantidad y calidad de inteligencia que tenemos y que no tienen los demás seres vivos. ¿Por qué esta cualidad de ser tan inteligentes nos tocó solo a nosotros y la utilizamos tan poco? La ley de la evolución es igual para todos: sobreviven quienes mejor se adaptan al medio y que permita adaptarse ventajosamente al entorno. la selección natural no sigue un plan establecido, sino que actua por azar. en una serie de intentos se impone la característica que garantiza nuestra supervivencia de la especie y eso fue, nuestra inteligencia. el origen de nuestra especie comienza con el mono y llegamos a la sublimación de la última especie homo sapiens sapiens (nosotros).
Konrad Lorenz. Libro: "El anillo del Rey Salomón" se preguntó por: ¿Quiénes somos? ¿De donde venimos? ¿Hacia donde vamos? ¿Por qué el ser más inteligente del planeta tiende a actuar de un modo absolutamente irracional? Lorenz estudio el comportamiento de los seres humanos según los principios y métodos de la Etología, y este podría ser el camino para comprender los motivos que nos inducen a comportarnos como estúpidos. Pino Aprile, en una entrevista a Lorenz le preguntó: ¿No cree usted que el comportamiento humano tiende muchas veces a reducir el uso de la inteligencia en vez de aumentarla? ¿Es posible que estemos condicionados por una selección cultural o impuesta por la sociedad que nos acerca a la imbecilidad?
Lorenz enumeró pruebas de la estupidez humana por ejemplo: las Guerras Mundiales, Hiroshima y Nagasaky, muchas de las decisiones que adoptan los líderes políticos mundiales, la carrera armamentistica etc.
La selección cultural tiene mucho más fuerza que la selección natural. Los comportamientos sociales condicionan las opciones de los individuos. Esta selección cultural propicia una disminución de las facultades mentales. el ingenio humano inventa varias salidas para todas las necesidades de nuestra vida y una vez que descubre la solución al problema, no necesita utilizar la inteligencia: le basta con copiar. Pero imitar no es inventar, y asi se marchitan nuestras facultades intelectuales por falta de estímulo.
Un profesor de filosofía que escribio sobre ética política y filosofía del derecho aconsejó a Aprile a no abandonar las intuiciones porque los resultados podrían ser sorprendentes. Lorenz en su libro "La decadencia de lo humano". se pregunta: ¿Es realmente posible que la inteligencia humana se encuentre en un proceso de extinción? Esta posibilidad parece un absurdo. Los hominidos de los que procede el hombre se encontraba en clara desventaja frente a los demás animales porque el hombre carecía de cualidades fisicas de defensa y ataque para garantizarle la supervivencia porque estaban a merced de un entorno hostíl y condenados a la extinción. Su número de humanos era escaso. eramos pocos y débiles pero poseíamos un potencial que nos permitió seguir adelante y convertirnos en un motor de la evolución extraordinaria: la inteligencia, un conjunto de facultades, el factor determinante del desarrollo de nuestra especie. Nuestros antecesores eran inferiores a sus adversarios y rivales en la competencia para conseguir comida y refugio. esta desventaja quedo compensada con las facultades intelectuales para su evolución. mientras que la supervivencia y la evolución de los otros animales se basaban en las cualidades físicas, el ser humano dependió de sus facultades intelectuales que marcó el camino del Homo Sapiens Sapiens. La inteligencia nos salvo de la extinción y nos convirtió en lo que somos. La evolución del ser humano se ha ralentizado en los últimos 30.000 años, tanto que parece haberse detenido. el aspecto físico y el tamaño de nuestro cerebro son hoy idénticos a los denuestros antepasados hace 300 siglos. ¿Qué es lo que nos diferencia de nuestros semejantes de hace 30.000 años? La respuesta está en la inteligencia. El tamaño del cerebro sigue siendo igual, pero el uso de su inteligencia ha sufrido una profunda evolución porque lo hacemos con mayor intensidad que nuestros antepasados por la complejidad de la tecnología actual, en la habilidad para usar las màquinas de hoy, las ideas, los conocimientos científicos, la especulación intelectual y religiosa, las instituciones y los valores. a pesar de que nuestro cerebro no haya cambiado demasiado de tamaño, nuestras facultades intelectuales han realizado progresos significativos. Tal es así que reproducimos la Inteligencia Artificial, la calculadora, la computadora, son réplicas de nuestras facultades mentales. Aprile piensa que nuestras facultades mentales, lejos de reducirse, seguirán desarrollándose aunque la supervivencia está asegurada. Lejos de encontrarnos en peligro por la agresión o la competencia de otras especies, hemos exterminado a unas cuantas especies y nuestro excesivo crecimiento demográfico y nuestro poder a través del desarrollo tecnológico científico constituyen una amenaza para el equilibrio ecológico de este sistema llamado planeta tierra. El homo solo es peligroso si es sapiens, si no lo fuera el planeta podría soportar su presencia. El peligro que corre la especie humana no es que se extingue, sino que se multiplique y aumente demasiado y que tenga un poder excesivo ej: Bombas nucleares.
Si la inteligencia es la característica que distinguió al “Homo sapiens sapiens” y fue clave en su evolución, ¿por qué hoy la estupidez parecería ser más funcional para la supervivencia? La herramienta del imbécil es la violencia, la fuerza, porque no tiene argumentos para convencer a sus interlocutores y tiende a suprimirlos, oprimirlos, doblegarlos. Y, lamentablemente, tenemos ante nuestros ojos los efectos de un dominio creciente de la estupidez en nuestro planeta. El ser humano, el Homo sapiens, es el único animal del planeta que puede poner los logros del mejor al alcance de todos. Uno inventa el fósforo y otro enciende el fuego enseguida, aunque no sepa cómo se fabrica el fósforo.
¿Estamos frente a una especie de “imbecilidad organizada” que se convierte en identidad social? ¿Es la estupidez un nuevo tipo de capital simbólico? Sí, la especie humana necesita la estupidez justamente para organizarse. Desde Aristóteles hasta hoy, el Homo sapiens es una especie social. Significa que no existe solo, necesita a sus semejantes para existir, y la única manera de existir junto a sus semejantes es siendo estúpido, ¿por qué? Porque para estar junto a los demás no podes ser demasiado diferente, más inteligente, superior a los demás; eso te aísla. Cuando en una comunidad existen solo reglas impuestas sin confrontación, tenemos la prueba, la demostración evidente, de que un estúpido está al mando, en el poder. No solo un estúpido individual, quizás incluso uno solo, sino que un sistema estúpido se ha convertido en un sistema de poder absoluto. Cuando el poder se vuelve absoluto, no hay lugar para la crítica, el diálogo, la inteligencia. Cuando la crítica es sofocada, entonces sabemos que la inteligencia se ha convertido en un crimen.
El peronismo es un empecinamiento, terquedad, obstinación argentina, alimentado por los propios peronistas, pero también por el antiperonismo encarnado en el odio, el desprecio por el pueblo, temeroso del pensamiento popular, rechaza la pobreza, manifiesta su xenofobia, reivindica los golpes de Estado, niega los derechos humanos. A pesar de todo, el peronismo, siempre subsiste, siempre permanece, siempre retorna al poder. Tal vez, por la incapacidad de todos aquellos gobiernos que intentaron algo diferente, haciendo al peronismo imbatible y que vaya mutando acorde a las coyunturas históricas en sus diversas formas de manifestarse: peronismo del 45 al 55, el de la resistencia de los 60 y 70, el retorno del 73, y el post mortem de Peròn: el Menemismo, Duhaldismo, Kirschnerisno, Cristinismo ; y ahora Albertismo, como una nueva versión de ese peronismo que sigue encarnado en la sociedad argentina con memoria colectiva de sus años de pujanza como movimiento de liberación, de desarrollo de un capitalismo nacional, del reconocimiento de los derechos de los trabajadores como columna vertebral, de ascenso social, de acceso a la educación, a la vivienda propia.
Una
vez me preguntaron ¿Qué es el peronismo? Para mí el peronismo es un sentimiento,
se lleva en el corazón, se siente, son recuerdos de familia, de mis viejos, de
mi infancia, de ese viaje inconcluso a Ezeiza a recibir a Perón del exilio, de
mi época de militante de la JP en la UB “Eva Perón” y en la JUP de la Facultad
de Derecho. Es folckore, es cultura
popular, que me identifica con el pueblo argentino. También significa mi rebeldía contra la
opresión, la injusticia social, el individualismo. Es la resistencia a los
golpes de Estado. Es pura esencia de argentinidad. Desde el pensamiento
racional, el peronismo es
ideológicamente neutro, es policlasista, es todo y a su vez es nada y como
decía el propio Perón en el movimiento hay nacionalistas, radicales,
conservadores, socialistas, marxistas, pero todos somos peronistas. Es muy
abarcativo, pero a su vez disperso. Me identifico con el peronismo del 45, el de la resistencia cuando estaba
proscripto en los 60, y el de los 70, lleno de jóvenes con utopías de querer
cambiar el mundo. El peronismo me dio la posibilidad de formarme con los mejores intelectuales como
Jauretche, Scalabrini Ortiz, Rodolfo Walsh, Ortega Peña, Paco Urondo, Norberto
Galasso, José María Rosa, etc.; sus libros me permitieron acceder al
conocimiento político e histórico de la
argentina y al pensamiento filosófico con José Pablo Feinmann, Ernesto Laclau o
Ricardo Foster, muchos de sus textos me sirvieron para poder entender esta
pasión que es peronismo, en especial en épocas del Menemismo, el cual me sentí
defraudado en lo ideológico, nunca entendí esa conversión al neoliberalismo,
fue una traición. Fueron épocas de mucha discusión con otros peronistas que
justificaban a Menem, nunca pude entender ese pragmatismo, ese verticalismo, ese
movimiento pendular que va a veces hacia la derecha y otras veces hacia la
izquierda. El peronismo se caracteriza por ser el partido político del poder,
siempre tiene esa vocación innata o voluntad de poder al mejor estilo
Nietzscheano que va por todo, que cuando se une es arrasador; y eso habilita a
que el Movimiento se llene de obsecuentes, trepadores, alcahuetes,
defraudadores, traidores, que ven en el peronismo el camino más corto para
acceder al poder. Como maquinaria electoral ha permitido que muchos
gobernadores e intendentes se eternicen en el poder al mejor estilo feudal.
Tampoco comparto algunas prácticas mafiosas o corruptas como metodología para
conseguir votos, o sobreprecios en la obra pública para financiar la política.
Cuestiono la carencia de democracia partidaria,
reemplazada por la dedocracia para elegir cargos partidarios y en la
administración pública, la falta de debates de ideas, la formación de cuadros militantes con
conciencia social y política, etc. Esto me distanció del PJ, durante muchos
años. Pensé en otras alternativas
políticas (FREPASO – ARI), que
terminaron con el mismo pragmatismo que el PJ, aún peor justificando políticas
neoliberales como las de la Alianza o el Macrismo, que lamentablemente
terminaron en crisis como la del 2001, y la de hoy de Macri. Por suerte pude
correrme a tiempo y ser fiel a mis convicciones.
La
filosofía me permite posicionarme desde otro lugar, tener un pensamiento
crítico, estudiar diferentes corrientes filosóficas representadas por
Nietzsche, Marx, Foucault, Gramsci, Marcuse, Sartre. Lyotard, Derrida, R. Kush, E. Dussel, profundizaron mi pensamiento e incorporaron otras
miradas para poder interpretar el mundo, latinoamerica y la sociedad argentina,
tener mayor amplitud y poner distancia
con aquellas ideologías que terminan convertidas en dogmas cerrados. La
filosofía te permite hacer análisis reflexivos con mayor apertura, mayor
objetividad. Es el refugio que elijo en tiempos difíciles y de crisis
individuales y sociales, para comprender mejor lo que ocurre.
Ya
estoy grande para comer sapos, me cae mal al estómago y van en contra de mis
convicciones. Hace rato que desensille esperando que aclare pero todavía veo
nublado el panorama, tal vez sea muy desconfiado, escéptico, aunque creo que lo
prioritario, principal es que se vaya este gobierno inepto de Macri que tanto
daño le hace a la sociedad.
Son
tiempos difíciles los que se vienen y no es momento para tibios, o se gobierna
para el pueblo o para los poderosos que se enriquecieron en este último tiempo,
es hora que el gobierno que viene no sea tan racional y moderado como el
establishment económico pretende, porque eso significa más ajuste para poder
cumplir los pagos a los especuladores privados y el FMI. Lo prioritario es hoy
poder comer, tener salud, trabajo, educación, poder cubrir las necesidades
básicas de la población.
Desde
mi humilde opinión, el próximo gobierno debería trabajar algunos ejes que
marquen claramente un cambio estructural, un cambio epocal. El primero de ellos es una reconstrucción ética y una reparación social a
tanto daño ocasionado. Iniciar un debate histórico sobre la deuda externa sería
muy interesante. El Congreso Nacional
debería instituir una Comisión Investigadora sobre la Deuda Externa que
determine responsabilidades políticas y económicas de semejante saqueo. Llegó
la hora de poner fin al endeudamiento
externo, a la transferencia de divisas al exterior, y de los que menos tienen a
los que más tienen. El país va a cumplir casi dos siglos de pagar deuda, desde el primer empréstito de la Baring
Broters a Rivadavia, hasta hoy con Macri. ¡Es hora de decir basta!. Un segundo eje o tema a debatir es poner punto final a tanta corrupción enquistada
en el Estado, judicial, empresarial, sindical, política y económica. Para ello
se necesita una reforma judicial y política en serio, tiene que haber conductas
ejemplificadoras que el que roba el patrimonio de todos, algún día sea
condenado a través de los resortes constituciones garantizando el debido
proceso y jueces probos. Un tercer eje para pensar, es una reforma
tributaria en donde los que más tienen y más se beneficiaron en el presente y
épocas pasadas tributen un porcentaje sobre su patrimonio, especialmente
aquéllos bienes improductivos como sus cuentas Off Shore, inmuebles comprados
en el exterior, etc. Hay 50 argentinos que tienen más de 300 millones de
dólares, sus riquezas están claramente detalladas en la revista Forbes http://www.forbesargentina.com/ranking-los-50-mas-ricos-de-argentina/.
Que paguen impuestos a las ganancias
aquellos que especulan comprando acciones en la Bolsa de Comercio y los
depositantes de plazo fijo bancario. El que trabaja cobra un salario y no es
ganancia, por lo tanto no debería
tributar. Distinto sería si los trabajadores participaran de las
ganancias de las empresas, en este caso si deberían tributar, no sobre el
salario, sino sobre las ganancias obtenidas en el balance anual de las
empresas, establecido en el artículo 14 bis de la CN.
Alberto
Fermández surgió de una jugada magistral de CFK, que movió el tablero electoral
y lo colocó como el candidato que unificó a todo el peronismo. El Kirchnerismo
es la base electoral más amplia del espacio político, pero a su vez están los
gobernadores y el Frente Renovador, Las PASO y las definitivas de ayer 27 de octubre le dijo a
Macri que ya fue e inicia un nuevo período, habrá que ver, entonces, para que
arco dispara el wing en ese juego pendular, en esos giros imprevistos del
peronismo, promete poco, se sabe menos aún de su futuro gabinete y de su
ministro de economía, manda señales para todos lados, si bien tiene su base
electoral en el peronismo, sabemos que hay una melange, un poco de todo en la
construcción política que se unió para derrotar a Juntos en el fracaso
(Cambiemos), pero recibe a los empresarios del círculo rojo, a la Fundación Mediterránea,
a los Agroexportadores, etc. Es difícil un pacto social con sectores del poder
que boicotean y desestabilizan un país cuando su rentabilidad y sus intereses
se ven afectados, acostumbrados a que sus patrimonios crezcan sideralmente,
habrá que ver si ceden y aportan a la salida económica del país. Del otro lado
estamos nosotros la clase media, trabajadores y los más postergados, los
grandes perdedores del neoliberalismo. Veremos el Pacto Social del que se habla
que resultado obtiene, esperemos que sea lo más positivo posible, pero hay un
sector que está cansado de tanto esfuerzo en vano, necesita mejorar su situación
social y económica y los hechos demostraran si los que concentran el poder
económico están dispuestos a ceder. No sólo se construye política a través del
consenso, a veces es necesario el conflicto o la confrontación para generar
tensión y lograr objetivos como lo fue “Perón o Braden”, “Patria o Colonia”,
“bicicleta financiera o producción genuina”.
A
partir del 10 de diciembre, se inicia un nuevo período político y los pingos se
ven en la cancha. En el debate Alberto Fernández hablo de que él era
pragmático, que va a tomar de la ortodoxia o la heterodoxia económica lo mejor
para sacar el país adelante. Aplicar la ortodoxia económica sería un
Neomenemismo que significaría otro nuevo fracaso para el país, sabemos lo que
significa el neoliberalismo en la Argentina. Personalmente espero que sea una
nueva versión de conquista de derechos sociales, económicos y culturales como
las mejores épocas del peronismo y el kirchnerismo, pero también en calidad
institucional, con los funcionarios más capaces, aptos, eficientes y honestos
para ocupar los cargos públicos. Sabemos que dentro del espacio hay personas que reúnen estos requisitos para dar salida a la pésima situación que
atraviesa la Argentina. Las acciones de gobierno serán juzgadas por la sociedad
y la historia en un futuro cercano.
(Este texto fue escrito, luego del triunfo electoral de Alberto Fernández en octubre de 2018.)