“Comprender a un maestro no es repetirlo, es
prolongarlo. No es hacer de él una pieza de museo, sino un fermento”. Con ese
espíritu que expresa André Ligneul es que vamos a encontrar en la obra de Juan
Carlos Llauradó, reflexiones sobre nuestro aquí y nuestro ahora. Los invitamos
a hacer crecer aquel fermento enraizándolo en nuestra circunstancia concreta.
“Desapercibidos, el poema es un texto que pone
de manifiesto los grandes problemas existenciales de la humanidad. Como Borges,
Bourdelaire, Derridá o el propio Nietzsche, a través metáforas, Juan Carlos reflexiona
sobre el hombre y el lugar que este ocupa en el mundo.
Durante mucho tiempo el ser humano se
consideró el centro del Universo, pero esta concepción se ha ido derrumbando en
un proceso filosófico, lento y paulatino. Nos gustaría destacar tres instantes fundamentales que pueden ser
definidos como las tres grandes humillaciones al egoísmo humano y, cuyos
principales representantes son: Nicolás
Copérnico, Charles Darwin y Sigmund Freud.
La humanidad sufrió tres grandes “heridas narcisistas”, es
decir, tres golpes de gracia en su orgullo colectivo como especie.
La primera fue la revolución
copernicana: no somos el centro del universo, sino los modestos inquilinos de
un pequeño planeta que gira alrededor de una estrella periférica de una de las
incontables galaxias perdidas en el espacio.
La segunda fue la teoría de la
evolución (que, por cierto, hace mucho que dejó de ser una teoría para
convertirse en una evidencia irrefutable). La raza humana no es algo aparte, el
resultado único e inigualable de un acto de creación especial, sino un eslabón
de una cadena evolutiva que nos emparenta con todos los demás seres vivos y nos
convierte en primos cercanos de los simios.
La tercera gran herida narcisista
fue, según Freud, el propio psicoanálisis, o, más exactamente, la constatación
de que nuestra conducta viene determinada en gran medida por procesos
inconscientes que no sólo no controlamos, sino que ni siquiera conocemos.
Esta pérdida de la centralidad en el
universo nos genera angustia
Uno de los autores que mejor tematizó
el tema de la angustia existencial fue Jean Paul Sartre.
Y entonces ¿Cómo volver a darle sentido a nuestra vida, ahora que dejamos de ser el
centro del mundo?
Sartre, nos dice que la condición del
hombre, el ser arrojado al mundo, nos obliga a actuar, y para actuar necesariamente
debemos elegir. Cada elección del hombre va condicionando su vida y la de los
demás, ¿qué gran responsabilidad no? tener que elegir es uno de los “obsequios”
que nos da la libertad, como lo expresa
este filósofo “estamos condenados a ser libres”.
El hombre es un proyecto, es decir,
no algo ya constituido, terminado, sino una
realidad que se va haciendo, que no está nunca completa, algo que está siempre en camino. Un ser
inacabado enfrentado continuamente al futuro en la medida que elige lo que va a
hacer en el minuto siguiente.
Todo hombre filosofa o al menos tiene
la posibilidad de hacerlo, porque filosofar en su sentido más amplio es
preguntarse, interesarse por el mundo, por las cosas, por la gente, por buscar el
sentido y la coherencia de hechos y dichos. Aprendemos a vivir viviendo,
aprendemos a caminar caminando, aprenderemos a filosofar filosofando: Porque
para el hombre no hay nada hecho. Todo tenemos que ir haciéndolo. El ser humano
es uno de los tantos seres que habitan una realidad cuyos límites ni siquiera
podemos imaginar.

