viernes, 31 de octubre de 2014

La ética de la responsabilidad por el desarrollo científico-tecnológico de la humanidad

El desarrollo científico-tecnológico, que ha tenido la humanidad en los ultímos dos siglos, con el inicio de la revolución industrial y el desarrollo del capitalismo, hace al hombre éticamente responsable de esta problemática.
Hans Jonas, en su libro El principio de responsabilidad, sostiene que la ética hasta ahora se aplicaba a la evaluación de la acción con un alcance inmediato. Tenía que ver con el aquí y el ahora, con situaciones concretas de los hombres tanto en la esfera pública como privada. La acción u omisión tenía que ver con aquellas personas que rodeaban al autor de un hecho y que se vieron afectadas por su acción. Pero que no había responsabilidad por efectos posteriores no previstos.
En la actualidad, se ha agrandado la esfera de su acción, lo mucho que hace hoy el hombre traerá consecuencias para la vida futura de los seres humanos. El impacto provocado por la ciencia y la tecnología, en el plano de la vida humana y en la naturaleza es de mucha envergadura. La propuesta consiste en pensar un modelo ético que parta del impacto que produce la tecnología en la naturaleza, de tal manera que se pueda regular el costo futuro por sus acciones.


La tecnología está en un progreso constante y se supera día a día, y su finalidad es lograr un mayor dominio sobre las cosas. Es un inmenso poder el que se está desplegando.
Jonas dice que si la producción invadió el ámbito de la acción, la moral tendrá que penetrar el ámbito de la producción y concretarse en políticas públicas. Hoy en día no existen políticas públicas que legislen con miras al futuro, que tengan como sujeto de derecho a las generaciones futuras.
Este modelo ético parte del imperativo categórico kantiano reformulado de la siguiente manera: “Obra de tal manera que tú quieras que lo que hagas permita seguir manteniendo la vida en el planeta”. La obligatoriedad estará puesta en que la acción que se realizará debe de garantizar la continuidad de la existencia humana. Es importante poner el acento en los efectos que se desprenden de las decisiones que se toman. “No hay derecho a arriesgar la vida de las generaciones futuras a causa del progreso u obrar humano de la actualidad”.
La ética también se interesa por el futuro previsible y el futuro remoto, del que también somos responsables. Las políticas públicas deberían estar orientadas también por los intereses de los no nacidos y de los que aún no tienen poder.

La responsabilidad por el obrar humano está dada por la ética y hoy nos exige:

  • Responder por un acto del cual se es causa, o por su omisión.
  • Responder ante los otros, es decir, por el poder que tenemos sobre los demás.
  • Responder por el futuro, por los efectos de nuestras acciones a largo plazo, en las generaciones venideras.


Este imperativo a diferencia del kantiano, abre un horizonte temporal, exige pensar en “un futuro real previsible como dimensión de nuestra responsabilidad”.