sábado, 4 de octubre de 2014

La cultura determina al hombre.

Ernst Cassirer dice en su libro de Antropología filosófica: El hombre es un ser simbólico.
Si observamos la conductas de los animales hay entre el sistema receptor de estímulos y el efector – que conduce la respuesta a esos estímulos- hay una relación directa. Los animales están determinados por sus impulsos no pudiendo esperar ni postergar su descarga. Viven en su medio natural provistos de todo lo necesario para poder sobrevivir.
Por el contrario, en el hombre hay un sistema simbólico que es el eslabón intermedio entre el receptor y el efector. Y este sistema simbólico es lo que llamamos cultura que diferencia las reacciones animales de las respuestas humanas. El hombre no puede vivir en ese estado natural, esta determinado por su cultura que es su segunda naturaleza. Naturaleza simbolizada por el hombre siendo el único espacio donde puede vivir.
El hombre no puede escapar de su propio logro, no le queda más remedio que adoptar las condiciones de su propia vida; ya no vive en un puro universo físico sino en un universo simbólico. El lenguaje, el mito, el arte y la religión constituyen partes de este universo, forman los diversos hilos que tejen la red simbólica, la urdimbre complicada de la experiencia humana. (…) El hombre no puede enfrentarse ya con la realidad de un modo inmediato; no puede verla, como si dijéramos, cara a cara (…) En lugar de tratar las cosas mismas, en cierto sentido, conversa constantemente consigo mismo. Se ha envuelto en formas lingüísticas, en imágenes artísticas, en símbolos míticos o ritos religiosos, en tal forma que no puede ver nada sino a través de la interposición de este medio artificial.
El hombre en su obrar interpreta los hechos, los pone en palabras, selecciona tal o cual aspecto, los incorpora al texto de una narración. Percepción, afectos, deseos, temores, imágenes le dan la perspectiva a su visión. Tampoco en su obrar es víctima pasiva de de impulsos y deseos, puede establecer una pausa entre el estímulo y la respuesta. Esa pausa significa que el hombre simboliza su respuesta, a través del lenguaje, la imaginación y el pensamiento. En la vida cotidiana, cuando decimos de alguien que reacciona en forma primitiva o brutal, es porque pasa a la acción sin ninguna mediación, ni del pensamiento ni de la palabra.


La creatividad del hombre es otra manifestación de su capacidad simbólica. Elabora herramientas, instrumentos, utensilios a través de los cuales puede disponer de su medio, conocer, explorar y hacer habitable la naturaleza.
El hombre modifica el mundo con su trabajo. En esa transformación el mundo natural se hace mundo humano, es decir, un mundo cultural. La palabra cultura proviene del verbo cultivar, por ejemplo, el cultivo de la tierra se lo llama agricultura; también hablamos de cultivar la amistad y de rendir culto a Dios. La cultura es la actividad humana en el ámbito de la naturaleza, los otros seres humanos y Dios.

Por lo tanto, podemos pensar que la naturaleza le otorga al hombre las condiciones básicas para la vida, y deja que el mismo las realice. Existir humanamente es una tarea, y el permanecer en la vida es un problema para cuya solución el hombre deberá sacar de sí y de su entorno las posibilidades, transformándolas en posibilidades para vivir.