Buscar este blog

domingo, 27 de noviembre de 2016

Antropología Filosófica.

Instituto de Formación Docente y Técnica N° 126 Salto.

Espacio: Antropología filosófica.
Tema: Conceptualización de la Antropología, su objeto y método de estudio y su relación con las demás ciencias del hombre, en el marco de las corrientes filosóficas que la fundamentan.
Trabajo práctico realizado por: Juan Carlos Boscoscuro.
Fecha: 12 de mayo de 2016.
-------------------------------------------------------------------------------------------

Introducción.
           
           

Cuando hablamos del ser, no hablamos de algo ajeno, ni de algo extraño, sino que hablamos de nosotros mismos como hombre, como ser, de lo más íntimo de nosotros, de nuestra vida en el mundo.
            Desde los orígenes del pensamiento, el hombre siempre fue motivo de reflexión, no solo racional sino también desde lo mítico y religioso.
            La variedad de respuestas que el hombre ha dado establecen el lugar que ocupa en el universo, las relaciones con los otros hombres, la naturaleza y los animales.
            En diferentes etapas históricas, la filosofía fue buscando responder las preguntas acerca del hombre, Los primeros fueron los filósofos clásicos, quienes reflexionaron sobre el hombre en relación con la naturaleza, (desde una visión antropocéntrica). Luego durante la filosofía medieval se entendió al hombre como parte de un orden divino. (Teocentrismo).
            Con el renacimiento y la ilustración, vuelve su preocupación  y nuevamente se pone en el centro de su conocimiento. Con la ayuda de las diferentes ciencias que se desarrollaron a partir de la modernidad, el hombre se vuelve objeto de conocimiento, abriendo un abanico de posibilidad de encontrar diferentes discursos que lo develan como un problema, el problema antropológico, como lo ha denominado la filosofía contemporánea.
            Como dice Gevaert, en su libro, el problema del hombre: "…La antropología filosófica no crea ni inventa los problemas del hombre. Los encuentra, los reconoce, los asume, los examina críticamente…"
            Algunos de ellos son los que a continuación se desarrollan.

Desarrollo.

Ø    Conceptualización de la Antropología.

            Desde una dimensión histórica, se fueron construyendo una red de significados a estas preguntas, y las respuestas fueron surgiendo dentro de un marco muy heterogéneo que fueron consolidando diferentes alegatos.
            Nietzsche, nos dice: “…no hay hechos, solo interpretaciones…”. Teniendo como punto de partida que solo hay interpretaciones, pues entonces, hallaremos una variedad de discursos sobre el hombre; en cada uno de ellos influirá el pensamiento de cada autor, haciendo una apreciación acorde a su formación filosófica, científica o profesional  Pero también, desde la cotidianeidad cualquier persona simple podrá hacerse preguntas, sobre sí mismo o de su relación con el mundo, y también en este sentido es una reflexión en el marco de esta disciplina.  
            Con René Descartes, surge la filosofía moderna y el hombre ya no se explica desde una perspectiva de la naturaleza, ni desde un punto de vista sobrenatural; sino ligada a su acción: sus producciones, sus obras y sus relaciones con otros hombres.
            Max Scheler, fue el primer filósofo en pensar la antropología filosófica, en su libro: “El puesto del hombre en el cosmos”, da mucha importancia al fenómeno de la cultura y la historia de la humanidad. Para él, la antropología filosófica es la manera de explicar, a partir de la estructura fundamental del ser humano, todas las funciones y obras específicamente humanas: el lenguaje, la moralidad, el Estado, las armas, la guerra, los instrumentos, la técnica, la religión, el arte, la ciencia y la filosofía misma. Nos dice que el hombre ocupa un lugar especial en el cosmos, tiene una intencionalidad de apertura al mundo, es libertad y tiene capacidad de trascender lo inmediato. Biológicamente, Scheler reflexiona que no existen diferencias esenciales entre el hombre y los animales, sino solamente diferencias de grado. La existencia del ser humano tiene una dimensión espiritual que lo separa de la mera animalidad. Por ella, el hombre es el ser capaz de decir no, se libera de sus instintos animales y adapta al medio ambiente a sus necesidades, en vez de adaptarse él al medio ambiente como hacen los animales. Afirma que, mientras la imaginación, la memoria, la sensibilidad y el sentimiento son fenómenos vitales no muy distintos de los propiamente biológicos -razón por la cual, en este aspecto, la diferencia entre el hombre y los animales es solamente de grado-, en el hombre aparece una dimensión diferente: la dimensión del espíritu, opuesta en cierto sentido a la vida, y que permite al hombre reprimir y controlar sus impulsos, de manera que el espíritu se ve potenciado por esta auto-negación ascética. Este planteamiento metafísico, y todavía tradicional -puesto que sigue siendo dualista, al oponer el cuerpo animado y el espíritu-, será superado en el tiempo con la aparición de nuevas explicaciones.
            Helmuth Plessner, parte de la consideración de la base biológica, verdadera condición humana, desde la cual se constituye el hombre en la historia, y propugna la independencia de la antropología filosófica respecto de cualquier otra ciencia.
            Arnold Gehlen, piensa al ser humano como un sujeto inacabado, caracterizado como ser biológicamente no especializado y con una larga infancia dependiente de los adultos. Esta caracterización del hombre como “ser carencial”, expresión ya utilizada por Herder, o como “animal no fijado”, es la que determina tanto su capacidad de aprendizaje como su capacidad de transformación de la naturaleza. En dicha capacidad se manifiesta el carácter fundamental del ser humano, a saber, la “acción”. Este principio de la “acción”,  le permite eliminar el dualismo que estaba en la base de la antropología filosófica desde Descartes, Kant y Scheler, ya que en la acción confluyen todos los aspectos del ser humano: su cuerpo, su naturaleza, su inteligencia, su sociabilidad y su cultura.
            Para Cassirer, la antropología filosófica, es un estudio sobre el hombre, y dice que la única forma que tiene el hombre para entender el mundo en el que vive es conocerse primero a sí mismo. Por eso cultiva una rama de la filosofía, la antropología filosófica, que nos pone una visión de la estructura fundamental de las actividades humanas y que nos permite entenderlas como un todo orgánico. Analiza las distintas actividades humanas como el lenguaje, la religión, el arte, la ciencia, y las modalidades cada una de ellas forma parte de la cultura humana para construir un propio universo simbólico que le permite comprender e interpretar, articular y organizar, sintetizar y universalizar su experiencia. Todas las actividades están relacionadas entre ellas, pero cada una también aporta un elemento nuevo a la concepción del ser humano cambiando la interpretación de hechos del pasado y modificando las expectativas para el futuro. Mediante el estudio del ser humano, Cassirer considera al hombre como un ser simbólico. El hombre no puede vivir en estado natural, sino que además necesita de la cultura, que es su segunda naturaleza en la que el hombre puede vivir.
            Para Jacinto Choza, la antropología filosófica es un saber que tiene por objeto al hombre, y que teniendo en cuenta el desarrollo de los diferentes saberes, se constituye como una síntesis de conocimientos aportados por las ciencias biológicas, las ciencias humanas y las ciencias sociales, en el plano filosófico significa una comprensión metafísica de cuantas las ciencias positivas han aportado al conocimiento humano. La antropología filosófica, es un saber cuyo problema reside en realizar una síntesis entre saberes muy heterogéneos, con lo cual requiere, entonces, una síntesis que combine e integre datos y métodos muy heterogéneos.
            Para Joseph Gevaert, la antropología filosófica es la disciplina que toma al hombre como objeto de investigación, en el intento de aclarar y de establecer en cierto modo su ser, esto es, los aspectos fundamentales de su esencia o naturaleza. Podría decirse que la antropología filosófica estudia al hombre desde el punto de vista del hombre, para enunciar en qué consiste el misterio de ser hombre. Es la parte de la filosofía que estudia el sujeto humano en cuanto sujeto, que se plantea la pregunta clave ¿qué es el hombre? ¿Quién soy yo?”. Es la Antropología Filosófica, una respuesta racional del ser humano sobre sí mismo, que a diferencia de las demás disciplinas, estudia al individuo como sujeto personal en su globalidad. Su intención última es comprender al ser humano en su relación con la naturaleza, con su yo, con lo absoluto y con lo trascendente.
            Para Heidegger es un ser abierto, el hombre es apertura. El hombre-es-un-ser-en-el-mundo. El hombre, el Dasein, el hombre arrojado al mundo. Ese Ser se pregunta por el Ser. El Ser ahí es el ahí del Ser. En el Ser ahí se pregunta por el Ser. Es el Ser que siente la presencia de la nada, que siente la inminencia de la muerte, se angustia. Es un Ser para la muerte porque sabe que va a morir. El Dasein es el Ser que sabe que va a morir. Que tiene infinitas posibilidades en su futuro, pero en todas sus posibilidades está la posibilidad de morir. El Dasein es un ente existencial, que está devorado por el mundo.
            Al igual que Sartre, piensa que el hombre es un ser arrojado al mundo que lo precede, en un tiempo y lugar que no elige, pero vive en un mundo de posibilidades que lo hacen irremediablemente libre. El hombre comienza por no ser nada. Es proyecto, una flecha disparada en el tiempo, no puede detenerse, ni volver atrás. No permanece inmóvil, es siempre diferente.
            El hombre no tiene naturaleza, no tiene esencia, empieza por no ser nada, el hombre nace siendo nada, lo único que tiene es la existencia y debe en la vida lograr su esencia.
            El hombre para Sartre es un ser libre, de plena libertad, por lo cual es el único responsable de lo que haga con su vida. Esta conciencia plena de libertad y ante la obligación de hacerse cargo de la vida, generan en el hombre un sentimiento de angustia.
            La angustia es la conciencia del desamparo, del vacío, de la responsabilidad de tener que decidir qué individuo (hombre o mujer) queremos ser. Ya no hay destino que nos libere de tomar decisiones, ni de responsabilidades.
            De las diferentes concepciones vertidas por los autores precedentemente mencionados, podemos analizar la variedad de conceptualizaciones que se hace a la disciplina y hablar de la antropología filosófica, como una rama de la filosofía o disciplina filosófica y holística que reflexiona y problematiza acerca del hombre como un ser sí mismo, un ser en el mundo, un ser que se construye en relación con los demás seres. El hombre es el único ser que se presenta como inacabado, dentro de un contexto universal, cósmico, en el que necesita comprenderse para saber quién es, quién quiere ser y cómo puede realizarse. Ésta necesidad de saber quién es, surge de su conciencia de finitud, de saber que no es dueño de su tiempo y, por lo cual, necesita diseñar su vida.

Ø  Objeto de estudio.

            Teniendo en cuenta la complejidad de su objeto de estudio, hubo una fuerte discusión dentro del pensamiento filosófico si era posible convertir al hombre en objeto de su propio estudio. Para algunos filósofos como Descartes, Kant y Hegel, separan al sujeto del objeto, para lo cual el sujeto puede ser estudiado como un objeto, como un ente. Por lo tanto, se convierte en objeto de estudio de muchas ciencias que estudian al hombre. Para otros filósofos, desde Heidegger hacia la contemporaneidad, no hay sujeto y objeto, sino que es el hombre un sujeto existencial,  que se angustia, que muere, que se pregunta por su propio ser.

Ø  El método de estudio.

            Entendiendo a la antropología filosófica como una parte de la filosofía que estudia al hombre, el método es la simple reflexión o problematización, (entendida como poner en discusión un determinado concepto, hecho, asunto o cuestión, siempre a través de la interrogación). Para ampliar el espectro de su conocimiento podrá complementarse con las demás ciencias biológicas, humanas y sociales, que estudian al ser humano utilizando cada una de ellas su propio método de investigación científica (deductivo, inductivo, dialéctico, analítico, etc.)

Ø  Su relación con las demás ciencias del hombre.

Hay muchas ciencias que tienen como objeto de estudio al hombre; por ejemplo: con Darwin, se abre nuevas perspectivas en considerar al hombre desde una visión biológica, dentro del contexto de la evolución de las especies. La medicina se preocupa por las condiciones en las que el hombre conserva o recobra su salud, cuáles son sus procesos biológicos naturales y las condiciones físicas que favorecen su desarrollo. La antropología cultural estudia la producción material y simbólica de diferentes grupos sociales. Freud, a través del psicoanálisis y su estudio del inconsciente, se interesa por los procesos personales, subjetivos e individuales del hombre, cómo desarrolla su personalidad, que factores pueden influir en el desarrollo de su personalidad, etc. La sociología se va a interesar por el hombre en relación con la sociedad humana. En este sentido, podremos enumerar a muchas ciencias más que se interesan por el conocimiento del hombre. Por lo tanto, la antropología filosófica que parte de una pregunta simple y despojada, en relación interdisciplinaria con las demás ciencias podrá utilizar las conclusiones arribadas por ellas, para mejor comprensión del hombre y seguir en su tarea inagotable de encontrar una respuesta.

Conclusión.

Se entiende a la antropología filosófica como una reflexión o problematización, que cada uno de nosotros realizamos, durante nuestra vida, en el intento de encontrar una explicación de lo que somos. En diferentes etapas de la vida nos hemos preguntado acerca de ¿quiénes somos?, ¿de dónde venimos?, ¿hacia dónde vamos?. Desde una mirada introspectiva, hacia nuestro interior, como lo hacía Sócrates en su “conócete a ti mismo”; en extensos interrogatorios familiares de los ¿por qué?, para entender el mundo que nos rodea; en interminables diálogos con amigos durante la adolescencia en la búsqueda de nuestro propio yo, de nuestra propia identidad; y durante la adultez, seguimos buscando completar el proyecto de vida que nos lleva definitivamente hacia nuestra finitud.
            “…Me desperté de pronto en medio de un sueño, pero solo para tomar conciencia de lo que estaba soñando y de que necesitaba seguir haciéndolo para no morir…” (Nietzsche. La gaya ciencia.)        
            Como dice Joan Manuel Serrat, en el maravilloso texto de Marta Badaro “…caminante no hay camino, se hace camino al andar…” Y la filosofía es esa herramienta que necesitamos para seguir preguntándonos quiénes somos y encontrarle un sentido a nuestra existencia.

Bibliografía consultada.

ü  Textos obligatorios de la materia.
ü  Nietzsche, Friederich. “ideas fuertes”. Ed. Longseller.
ü  Feinmann, JP. La Filosofía y el barro de la historia. Ed. Planeta.

ü  Sztanszrajber Darío, ¿Para qué sirve la filosofía? Ed. Planeta.

lunes, 22 de diciembre de 2014

Conclusión

“La filosofía me destruye el cerebro y me hace perder el sentido de ubicación. Me desubica. Me desacomoda. Me desestructura. Me hace salir un rato de lo cotidiano. De este mundo cosificado donde todo tiene valor y donde todo es útil, con lo cual me convierte en un Ser inútil. Me hace tomar conciencia de que en este mundo no soy nada y que la mejor verdad es el silencio. Que todo es anarquía, caos, un gran orden-desorden. Que todo fluye. Que todo se transforma. Que todo es inestable. Que el tiempo no existe. Sólo sé que existo y no sé por qué. Me convierte en un sospechoso. Sospecho de todo: Ser, Dios, Patria, amistad, amor, religión, palabra, historia, ciencia, lenguaje, verdad, conocimiento… de todo… La filosofía me ha arrojado a un mundo al que todavía no termino de entender y me convierte en un Ser ignorante. Uno elige ser lo que es y he elegido ser, en este mundo, un Ser inútil e ignorante, (consciente de mi finitud); aunque elegiría seguir siéndolo; a ser un ignorante útil o útil ignorante”.


miércoles, 10 de diciembre de 2014

¿Qué es y para qué sirve la filosofía?

La filosofía provoca un estado de desacomodamiento frente a una realidad cotidiana que se presenta con una serie de certezas.
No hay certezas absolutas de las cuestiones existenciales: ¿de dónde venimos?, ¿hacia dónde vamos?, ¿por qué somos?
En lo cotidiano (diario, común, corriente, frecuente ,habitual, consuetudinario, periódico) donde se nos va la vida, las grandes preguntas existenciales quedan congeladas, entre paréntesis, suspendidas. La cotidianeidad se maneja con certezas funcionales, es el ámbito donde las cosas funcionan y tienen que funcionar. Lo cotidiano no se detiene a reflexionar sobre la filosofía. Tiene otros valores y uno de ellos es el valor de la utilidad. Todo lo que sucede en la cotidianeidad sucede para algo por algo, tiene una finalidad, una utilidad. Ejemplos: vengo a clase por algo, estudio para recibirme y obtener el diploma, trabajo para ganar dinero.
La filosofía lo que hace es observar el panorama de utilidades conducentes por todos lados y comienza a preguntar ¿por qué? Y esta pregunta siempre tiene la última palabra. La filosofía interrumpe la lógica de la utilidad. El por qué es improductivo, no sirve para nada, pero abre.
Un pensamiento técnico científico explica el funcionamiento de las cosas a través de las ciencias. ¿por qué funciona un televisor? ¿cómo nace un bebé?. Una vez explicado el funcionamiento o el nacimiento a través de la ciencia se termina el problema.
Pero la filosofía se va a preguntar ¿por qué hay vida? La vida puede ser explicada en la trama científica, pero que el ser de la vida sea así y no de otro modo, no puede dar respuesta la ciencia.
A diferencia del pensamiento cotidiano o técnico, la filosofía no pregunta para encontrar respuestas. Las respuestas existen, la filosofía lo que hace es preguntar para desestructurar esas repuestas que fueran dadas como algo definitivo, cerrado. Lo que hace es abrir las respuestas.



La filosofía demuestra que toda respuesta dada como definitiva puede tener otra respuesta. Todo puede ser de otra manera.
Lo cotidiano no puede siempre estar dando respuestas. En la cotidianeidad todo se presenta de modo definitivo. Tengo que pagar
los servicios porque si no me lo cortan. Si dejo de pagarlos me quedo sin teléfono, sin luz, sin gas.
En cambio, en filosofía podemos cuestionarnos por qué usamos el celular, ¿por qué hablar por celular?
Leibniz alcanza la pregunta fundamental de la filosofía: ¿por qué el ser y no más bien la nada? ¿por qué hay algo y no más bien nada?.
La pregunta del por qué es abrir algo que permanece cerrado. ¿Por qué hay cosas?, ¿por qué hay colores?, ¿por qué hay formas?. Las preguntas están hechas para no ser contestadas sino para que nos extrañemos, para que interrumpamos la lógica de la utilidad. En términos existenciales hay un sinsentido originario del que provenimos y todo el tiempo estamos tapándolo con la cotidianeidad.
La cotidianeidad es un conjunto de problemas que se presentan durante la vida y hay que resolverlos y los resuelve el pensamiento técnico cotidiano. Si se rompe un caño de mi casa debo de llamar al plomero para que me solucione el problema o llamo al mecánico para que me arregle el auto para ir a trabajar.
En cambio, el pensamiento filosófico crea problemas, porque hay una zona humana que tiene que ver con los aspectos existenciales.
Esa es la diferencia, en la vida cotidiana debemos de ser resolutivos, debemos resolver los problemas que se nos presentan, pero en los problemas existenciales, filosóficos, problematicemos.
El que viaja, el viajero, el que anda con una mochila o en bici, se sale de lo cotidiano y hace filosofía, piensa que va a cambiar al mundo. Viajando se hace filosofía, se rompe con lo cotidiano, con lo mundano.
A Tales de Mileto, el primer filósofo, del cual Platón hace referencia en uno de sus diálogos denominado “El Teeteto”:

“SOCRATES: Cuéntase, Teodoro, que, ocupado Tales en la astronomía y mirando a lo alto, cayó un día en un pozo y que una sirvienta de Tracia, de espíritu alegre y burlón, se rió de él diciendo que quería saber lo que pasaba en el cielo y que se olvidaba de lo que tenía delante de sí y a sus pies.

Le decían que era un idiota, porque para los griegos idiota era aquella persona que solo le importaba lo privado, estaba metido en sí mismo, no le importaba lo público, lo de todos, que para los griegos en aquella época la polís y la vida comunitaria era muy importante. Tales cuando descubre la filosofía queda maravillado del cielo y empieza a mirar las cosas con otros ojos, queda deslumbrado de lo que ve. Tales miraba tanto para arriba que se caía en todos los pozos y todo el pueblo se reía de él, le decían idiota, porque estaba tan metido para adentro mirando para arriba.("Conócete a ti mismo y conocerás a Dios"... decía Santo Tomás de Aquino).
Entonces: ¿Para qué sirve la filosofía?
Si Tales no podía resolver lo más elemental y se caía en todos los pozos.
La vida pasa y que hacemos entonces: ¿miramos para arriba o tapamos los pozos?
Para Heidegger lo que importaba eran las ideas de las personas y decía que sólo transcienden las biografías de sus autores y decía que Aristóteles nació, pensó y murió. Es decir que para Heidegger la vida de Aristóteles no importaba nada, solo importaba las ideas, como en el arte la obra trasciende al autor.
Como reflexión nos queda que en la vida nos la pasamos tapando pozos, pero en algún momento levantamos la cabeza para mirar para arriba. En la vida deberíamos encontrar cierta pendulación, oscilación. Cuando nos damos cuenta de que estamos tan metido abajo tapando pozos es bueno levantar la cabeza y viceversa cuando tenemos la cabeza durante mucho tiempo en las nubes, debemos bajar, poner el cuerpo.

El pensamiento filosófico es abstracto, angustiante, inconducente, interruptivo, lo que propone la filosofía es un cuestionamiento a las totalizaciones. En filosofía siempre se llega a paradojas, inutiliza porque cuestiona, por qué todo tiene que servir para algo, cuestiona lo cotidiano. Cuestiona también a quién le somos serviles, el verbo servir tiene que ver con la utilidad pero también con lo servil. ¿Útil para quién, para qué?

La filosofía interrumpe la idea o el valor de utilidad. 


Video: La filosofía. Mentira la verdad.

lunes, 24 de noviembre de 2014

El conocimiento según Platón.


Para Platón el conocimiento tiene dos ámbitos:
1) Uno del que se puede opinar y del que para los griegos se denominaba doxa, que todos aquellos conocimientos que no necesitan ser demostrables, comprobables, son los conocimientos de la vida cotidiana, del sentido común del que podemos manejar los objetos e instrumentos del mundo que nos rodea y de las personas.
2) El otro conocimiento es el inteligible, el conocimiento real, verdadero o episteme, y que abarca el conocimiento de las matemáticas y el saber filosófico. La inteligencia humana se independiza de lo que percibimos a través de los sentidos para lograr un saber completo sin supuestos.


Para Platón el conocimiento va desde la ignorancia hacia un conocimiento completo, pleno, que nos hace diferente de los animales, las plantas u objeto a través de la experiencia sensible, que pueda ser visto, tocado, manipulado por una persona que lo observó, conversó, convivió. Pero también incluye en este tipo de conocimiento a la imaginación o eikasía, en el que se incluyen los sueños, las fantasías, que no son reales pero simulan serlo. La imaginación se ocupa de imágenes, de copias que tienen la capacidad de confundirnos con el verdadero conocimiento.

El conocimiento de lo sensible es un conocimiento de naturaleza inferior, y es lo que Platón denomina doxa, pero que no es episteme, es decir, el conocimiento verdadero.
También toma distancia de la creencia o pistis, cuya característica fundamental es que la creencia es la incapacidad de dar razón de aquello en lo que se cree. Es práctica, es costumbre, es experiencia personal, pero no es un saber que pueda ser justificado o probado desde lo racional.
La creencia es casi siempre falaz porque los objetos del conocimiento del ámbito sensible son mudables, múltiples, todas las situaciones son diversas y las condiciones cambiantes.


Lo inteligible, en cambio es el conocimiento científico (episteme), en donde, para Platón, hay dos niveles: el nivel inferior corresponde a las matemáticas, el matemático da por supuesto ciertas nociones como la de par o impar, los números, las figuras, las tres clases de ángulos, etc, no necesitan demostración porque son evidentes para todos. El pensamiento propio de la matemática es el pensamiento discursivo o dianoia, que marcha desde los principios buscando la conclusión que se deriva de esos principios. En el nivel superior: ubica a la filosofía, el pensamiento discursivo como la mediación entre la opinión y el trabajo de la inteligencia pura o nous, propia de la filosofía. El nous es la facultad del alma a través de la cual se contemplan las ideas.

La dialéctica tiene por objeto el conocimiento de las ideas, que como tal es puramente intelectual. Es el ámbito propio en el que se desarrolla la filosofía.


Dice Platón: Quien se dedica a la dialéctica está en condiciones de alcanzar, sin el auxilio de los sentidos y mediante el uso de la razón, la esencia de cada cosa, y si no desiste hasta lograr apoderarse, con la sola inteligencia, de la esencia del bien, llegará al término de lo inteligible....


viernes, 31 de octubre de 2014

La ética de la responsabilidad por el desarrollo científico-tecnológico de la humanidad

El desarrollo científico-tecnológico, que ha tenido la humanidad en los ultímos dos siglos, con el inicio de la revolución industrial y el desarrollo del capitalismo, hace al hombre éticamente responsable de esta problemática.
Hans Jonas, en su libro El principio de responsabilidad, sostiene que la ética hasta ahora se aplicaba a la evaluación de la acción con un alcance inmediato. Tenía que ver con el aquí y el ahora, con situaciones concretas de los hombres tanto en la esfera pública como privada. La acción u omisión tenía que ver con aquellas personas que rodeaban al autor de un hecho y que se vieron afectadas por su acción. Pero que no había responsabilidad por efectos posteriores no previstos.
En la actualidad, se ha agrandado la esfera de su acción, lo mucho que hace hoy el hombre traerá consecuencias para la vida futura de los seres humanos. El impacto provocado por la ciencia y la tecnología, en el plano de la vida humana y en la naturaleza es de mucha envergadura. La propuesta consiste en pensar un modelo ético que parta del impacto que produce la tecnología en la naturaleza, de tal manera que se pueda regular el costo futuro por sus acciones.


La tecnología está en un progreso constante y se supera día a día, y su finalidad es lograr un mayor dominio sobre las cosas. Es un inmenso poder el que se está desplegando.
Jonas dice que si la producción invadió el ámbito de la acción, la moral tendrá que penetrar el ámbito de la producción y concretarse en políticas públicas. Hoy en día no existen políticas públicas que legislen con miras al futuro, que tengan como sujeto de derecho a las generaciones futuras.
Este modelo ético parte del imperativo categórico kantiano reformulado de la siguiente manera: “Obra de tal manera que tú quieras que lo que hagas permita seguir manteniendo la vida en el planeta”. La obligatoriedad estará puesta en que la acción que se realizará debe de garantizar la continuidad de la existencia humana. Es importante poner el acento en los efectos que se desprenden de las decisiones que se toman. “No hay derecho a arriesgar la vida de las generaciones futuras a causa del progreso u obrar humano de la actualidad”.
La ética también se interesa por el futuro previsible y el futuro remoto, del que también somos responsables. Las políticas públicas deberían estar orientadas también por los intereses de los no nacidos y de los que aún no tienen poder.

La responsabilidad por el obrar humano está dada por la ética y hoy nos exige:

  • Responder por un acto del cual se es causa, o por su omisión.
  • Responder ante los otros, es decir, por el poder que tenemos sobre los demás.
  • Responder por el futuro, por los efectos de nuestras acciones a largo plazo, en las generaciones venideras.


Este imperativo a diferencia del kantiano, abre un horizonte temporal, exige pensar en “un futuro real previsible como dimensión de nuestra responsabilidad”.


La ética en el mundo actual. ¿La posmodernidad: es una época de búsqueda de consensos?


En una época tan convulsionada por acontecimientos mundiales que conmovieron a la humanidad, la ética es la especialidad de la filosofía que más ha reflexionado, cuestionado y fundamentado el accionar humano. Los planteos acerca de la libertad y la justicia en un contexto mundial regulado por el mercado y los temas relacionados con los avances científicos y tecnológicos, abren el debate acerca de dar una fundamentación universal de las normas conforme a las diferencias existente en cada comunidad; como así también busca plantear problemas de bioética o sobre el impacto ecológico que produce el accionar humano.
La ética solo puede ser comprendida dentro de un desarrollo histórico, y actualmente vivimos una época posmoderna, es decir el paso de la modernidad a la Posmodernidad. Y ¿como podemos entender este cambio?.
Con el nombre de posmodernidad, se hace mención a una nueva época de la humanidad. Las características principales del mundo moderno están sujetas a una crisis profunda, de tal manera que podríamos conceptualizar a la posmodernidad como la crisis de la modernidad.
La pregunta fundamental de ésta época esta relacionada con el interrogante acerca de si creemos que el progreso de la ciencia, de la economía, el arte, le permitirán a la humanidad vivir un mundo mejor. No es facil dar una respuesta fehaciente a esta pregunta, pero nos puede servir para comprender la diferencia entre la modernidad y la posmodernidad.
El hombre moderno es definido como aquél que confía en que el curso de la historia debe de estar orientado por el progreso, y el progreso debería garantizar un futuro mejor que el presente. Por el contrario, la posmodernidad surge del descreimiento, de la desconfianza y hasta del escepticismo. El ser posmoderno no cree que el progreso constituya un bien para la humanidad. Gianni Váttimo, en su libro El fin de la modernidad dice: “el progreso se ha vuelto rutina”.
La posmodernidad desvaloriza todos los ideales y expectativas. La falta de confianza en el futuro, junto con la desaparición de los grandes proyectos comunes (ideologías de la emancipación, utopías), dejan un vacío que a menudo es llenado por el pesimismo o el desinterés, que inducen al hombre actual hacia un proceso de aislamiento.
Otro de los filósofos que se ha ocupado de pensar la posmodernidad es Jean Francois Lyotard, que sostiene que la posmodernidad es el resultado de la modernidad, diciendo que: “la posmodernidad es cosa moderna”, y describe a la condición posmoderna como la instancia en la que el hombre se ve cada vez más lejos de incidir en sus acciones en el curso de la historia. Experimenta de que los acontecimientos se han vuelto independientes respecto de sus actos, y que lo que cada hombre puede hacer es demasiado poco.
En cambio, Jürmen Habermas defiende la vigencia del proyecto moderno que debe de ser completado. Destaca que la modernidad se asienta sobre el proyecto de libertad fundado en la razón. Defender el proyecto moderno es defender la necesidad de fundamentar racionalmente nuestras acciones, mantener la autonomía del arte, la ciencia y la moral. Sigue sosteniendo que la racionalidad es la condición de posibilidad de un mundo donde todos y cada uno de los hombres pueden llegar a ser libres.
La transformación consiste en pasar de la filosofía del sujeto a una filosofía de la acción intersubjetiva. Habermas se orienta en pasar del paradigma físico-matemático, que ha dominado la humanidad, al paradigma de las ciencias sociales, y desarrollar una teoría de la comunicación entre sujetos diferente al del sujeto cartesiano.
La posmodernidad es una época producida y dominada por los medios de comunicación (en especial la TV). Para muchos pensadores los medios de comunicación permitieron el acceso a la opinión pública de minorías de todo tipo. Se trata de un proceso de pluralización que hace imposible un punto de vista único acerca de la realidad. Muchos intelectuales pensaron que la simultaneidad de la televisión y la circulación de la información producirían una sociedad más transparente donde los obstáculos de la comunicación fuesen eliminados. Al multiplicarse los centros desde donde surge la información se multiplicaron también los sujetos y las narraciones, lo que dio lugar a una fragmentación de la imagen del mundo.

Los medios de comunicación en la actualidad han producido una cultura del espectáculo cuya finalidad es como dice Alain Finkielkraut: “llenar bien los ojos para vaciar las cabezas”. Solo basta con pensar en los programas periodísticos convertidos en Show, y en Argentina los hay y muchos.
Otro pensador que nos hace reflexionar sobre los medios de comunicación es Jean Baudrillard que sostiene que con el televisor el mundo se nos mete en nuestras casas. Ya no existe límite entre lo público y lo privado, como consecuencia de la invasión de los medios. Su poder simulador produce una realidad poderosa y más real que la conformada entre sujetos y objetos.

Vivimos un mundo más complejo a causa del poder de los medios sobre la formación de una conciencia pública. Un mundo plagado de informaciones y donde la realidad es creada diariamente. Es un desafío vivir este mundo interrogado por la tecnología y la comunicación.
Habermas es quien más se ha dedicado a la tarea de una reconstrucción crítica de la racionalidad como base de una sociedad democrática y como cumplimiento del ideal emancipatorio de la modernidad. Ha desarrollado su propia teoría de la acción comunicativa, la cual constituye una ética del discurso. Como vimos él parte de una racionalidad intersubjetiva que se expresa a través del hablar o de la comunicación. De este modo sustituye la problemática moderna que se centra en la conciencia subjetiva, por una reflexión crítica acerca del lenguaje.
Cuando hablamos hay estructuras universales que sólo pueden ser puestas de manifiesto a través de la crítica. Cuando hablamos un idioma no necesitamos conocer su gramática, tampoco necesitamos conocer los elementos universales que se encuentran en el mismo acto de hablar.
Para Habermas también existe una pragmática contenida en el habla cotidiana como la existencia de estructuras gramaticales y sintácticas.
Hay rasgos universales presenten en el lenguaje. Por ejemplo, cada vez que alguien me dice algo, lo escucho suponiendo que lo que dice es verdad, más allá de que lo que dice sea cierto o no. La comunicación solo se hace posible partiendo de la confianza en la intención. Hay un principio de intencionalidad en toda acción comunicativa.
Muchas veces nos vemos en la necesidad de tomar una decisión conjunta, y ello depende de la legitimidad de nuestra comunicación, es decir de nuestra capacidad de expresar nuestra posición y la de comprender la de los otros.
Una decisión justa es una decisión fundada en el consenso alcanzado mediante la argumentación racional de las posiciones de todos los involucrados.
La validez del juicio ético para Habermas se obtiene a través del consenso construido mediante la comunicación producida con argumentos racionales. Descarta de pleno la posibilidad de aceptar como legítimos aquellos consensos limitados a la opinión de la mayoría. La cantidad no da certezas. La mayoría puede equivocarse. Propone lo que el denomina consenso dialógico-argumentativo que tiene las siguientes características especiales:
  • En la discusión cada uno de los participantes deberá exponer sus argumentos, responder a las críticas, argumentar en función de los intereses propios o del grupo.
  • Cada participante, por el solo hecho de entrar en la discusión, reconoce a los otros hablantes componentes como sujetos de derecho.
  • Los participantes en la discusión deberán renunciar al uso de la fuerza, la amenaza, la manipulación ideológica, el engaño, etc. para defender racionalmente sus argumentos.
  • Un consenso será legítimo y fundamentará una norma moral legítima, cuando se respetan todas las normas de procedimiento.
Habermas reformula el imperativo categórico de Kant. La razón es dialógica, no puede haber excluidos en la discusión, y todos los argumentos deberán ser atendidos. La ética del discurso no aspira a delinear el contenido de las normas morales o los ideales de la buena vida, sino a ejercer una función crítica y legitimar o no los acuerdos políticos, económicos sociales alcanzados dentro de una comunidad histórica o entre las naciones. En este sentido se puede decir que es una ética formal o de procedimientos.
La ética del discurso da pautas para que los sujetos y los pueblos en su variedad cultural puedan determinar lo que es bueno para todos los ciudadanos mediante un debate abierto.


El pensar se desarrolla en el diálogo. Aprender a pensar es aprender a argumentar y a confrontar con los argumentos de los otros.

Lo más destacado de esta idea de Habermas es poder fundamentar las normas básicas de convivencia desde esta racionalidad comunicativa, entendida como los fundamentos éticos de una teoría de la comunicación.


jueves, 30 de octubre de 2014

Kant: La ética moderna.

Las ideas de la ética moderna estuvo representada por el pensamiento de Kant. Las tres ideas básicas de Kant son:
  1. Centralidad de la razón. El sujeto racional es el eje a partir del cual se organizan el saber,el arte y la moral. Se confía en ella como la fuerza transformadora de la sociedad y la historia.
  2. La libertad frente a la naturaleza. El mundo del espíritu es el ámbito de la libertad y de las producciones humanas más elevadas (ciencia, arte, moral, religión, filosofía); mientras que el mundo de la naturaleza es el ámbito del determinismo.
  3. La cultura humana. Se separan los distintos ámbitos de la cultura, ciencia, ética, arte, cada uno con su objeto propio, construyendo esferas que abordan sus cuestiones en forma específica.
El esfuerzo que realizó la modernidad consistió en construir una ética universal, racional, válida para todos los hombres, independientemente de sus creencias religiosas y de sus circunstancias particulares.
La pregunta fundamental que se hace Kant es ¿qué debo hacer?. Con lo cuál podemos pensar que la ética tiene relación con el deber.
Para Kant la ética tiene que ser universal, sus principios deben de ser válidos para todos los seres racionales de modo absoluto y necesario. La moral que se basa en la experiencia particular de un sujeto, sólo tiene un valor aleatorio y particular. La moralidad debe de partir de un principio universal con el cual confrontar las acciones. Este principio de la moralidad reside en la razón y no puede derivarse de las sensaciones, inclinaciones o deseos sino que debe determinarse a priori a la voluntad. Esto significa que para Kant la ética debe de ser racional. La naturaleza le dio, a la voluntad, la razón como directora. La razón sacrifica los intereses de los impulsos y con ellos la propia felicidad.
Kant piensa que: debe de haber un propósito más digno que la felicidad al cuál está destinada la razón y al que deben de subordinarse todos los fines particulares del hombre”. Y con ello la felicidad.

¿Qué es la buena voluntad?


La voluntad es la capacidad para determinarse a sí mismo a obrar según un principio universal de la razón. Porque nada es en sí mismo bueno ni malo. Dice Kant: “Los talentos del espíritu; el valor, la decisión, la perseverancia en los propósitos, como cualidades del temperamento, son sin duda en muchos aspectos buenos y deseables; pero también pueden llegar a ser malos y dañinos si la voluntad que ha de hacer uso de estos dones de la naturaleza (…) no es buena”.


El poder, la riqueza, la fama, el éxito, la felicidad dependen de una buena voluntad que los acomode y los ordene a un fin concreto. La voluntad humana no siempre actúa conforme con la razón, a veces está sometida a condicionamientos subjetivos, esto es a impulsos o deseos.
Cuando la voluntad es determinada por un objeto que se desea, este principio es material o empírico. La decisión depende del sentimiento de agrado o desagrado que cause ese objeto, o sea, del placer. Por ejemplo: una persona que abandona un trabajo importante, por concurrir a una fiesta o no devolver un dinero que pidió para irse de vacaciones.
Cuando el principio que determina a la voluntad es la ley de la razón, este principio es formal, y la voluntad se determina a priori, significa que el principio por el cual actúa no lo saca de la experiencia, sino que lo encuentra en sí misma.
La voluntad no depende de ninguna sensación de agrado o desagrado, de ningún deseo, de ninguna necesidad, sino sólo de sí misma, de lo que la razón determina.

Una voluntad buena en sí misma es aquella que:
  1. Actúa por deber y no conforme al deber.
  2. Es autónoma porque es de suyo legisladora, es decir, es libre para darse a sí misma su propia legalidad.
Kant en la primera afirmación está indicando la diferencia entre moralidad y legalidad. Una voluntad moralmente buena actúa siempre por deber. Por ejemplo: en esta época de alta inflación, un comerciante, pensando en mantener e incrementar su clientela, cobra lo justo por sus mercaderías que vende sin estafar a sus clientes, podemos decir que este proceder es honesto. Pero ¿Es éste un comportamiento moral? Kant dirá que no se lo puede considerar un acto moral, porque si bien se cumple con el deber, la acción realizada es un medio para su satisfacción. Este ejemplo sería una acción conforme al deber pero que no tiene valor moral.
Una acción es hecha por deber cuando el sujeto la realiza sin otro fin que el deber mismo. Es el ejemplo de aquél comerciante que cobra lo justo porque es lo que debe de hacer, y no para sacar beneficio de ello.
Sólo una acción hecha por deber tiene valor moral; y el deber es la necesidad de acción por respeto a la ley.

El imperativo categórico.


¿Cuál es la ley que toda acción humana debe respetar para ser considerada moralmente buena?

Kant plantea la diferencia entre máximas y leyes prácticas. Las primeras son principios subjetivos de la acción, pero que son válidas sólo para el mismo. Las máximas son principios subjetivos de la acción. Las leyes prácticas son principios objetivos de la acción, o imperativos, o sea, “un deber que expresa la obligación objetiva de la acción”
Los imperativos ordenan a obrar porque indican lo que toda persona debe hacer. Si bien el hombre es un ser racional, no es la razón el único motivo que determina la voluntad. Ésta también puede dejarse determinar por las inclinaciones, los deseos, las necesidades. De otra forma, el hombre no quiere siempre lo que se debe, es necesario que se rija por imperativos que le dicta la razón.
Estos imperativos pueden ser hipotéticos o categóricos. Los primeros determinan la voluntad en función de cierto fin deseado, son más bien preceptos de habilidad. Por ejemplo: “se debe de trabajar y ahorrar en la juventud para no morir de hambre en la vejez”. Este precepto práctico de la voluntad surge de la razón pero no se puede exigir por igual a todos los hombres. Este imperativo está condicionado al sujeto.
Un imperativo categórico cuando ordena a obrar de un modo necesario a todos los hombres por igual, independientemente de las condiciones subjetivas. Por eso son leyes prácticas. Dice Kant, que la ley moral es “un imperativo que ordena categóricamente porque la ley es absoluta; la relación de la voluntad con esta ley es de dependencia y es obligatoria, es decir es una imposición para una acción que se llama deber”.
Esta ley no indica de que debe de hacerse esto o lo otro, sino que conserva la forma pura de la legalidad. Esa ley es así: “Obra de tal manera que quieras que la máxima de tu voluntad se convierta en ley universal”.
Lo que vale para una persona debe de valer para todos en la misma situación. Este es el imperativo categórico, una ley moral, principio absoluto y fundamento de la moralidad, es porque es principio objetivo universal. La acción realizada por respeto a la ley es el deber, y cumplir con el deberes la condición de una voluntad buena en sí misma.


Por ejemplo: Si voy por la calle y veo que a alguien se le cae una billetera y sigue su camino sin darse cuenta, y en ese momento nadie me está observando lo que sucede, ¿qué debo de hacer?. Puedo quedármela porque total nadie me está viendo y la otra persona no se dio cuenta, o puedo devolvérsela. ¿quién determina en este caso lo que está bien y lo que está mal? Kant diría: la ley moral ¿Cómo debo de proceder? Debo de confrontar el principio subjetivo de mi acción con la ley moral: si cumple con lo que esta ley indica, la acción es buena y debe de ser realizada, no no, es mala, por lo cual debe de evitarse.