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domingo, 5 de octubre de 2014

Un Ser para la muerte.

El hombre es un ser finito en un mundo infinito”.

Heidegger reflexiona sobre el "ser para la muerte", de la finitud del "ser ahí". Nuestro ser es una posibilidad entre las muchas posibilidades que se presentan durante nuestra vida, pero entre todas estas posibilidades, está la muerte, la posibilidad de dejar de existir, que siempre es no siendo aún algo. Siempre está presente en nuestra conciencia la posibilidad de morir.

Y cuando nos ponemos a pensar en la muerte, es en principio pensar la vida humana desde su límite, que se manifiesta como la única posibilidad de ser. La finitud es la condición de posibilidad que define la condición del ser humano, en su límite busca trascender, y lo hace a través de su cultura, el arte, la religión, como formas creadoras de un ser que reconoce su posibilidad de morir y busca constantemente su trascendencia.

Nos dice Gevaert:

El hombre quiere vivir y por eso se pone a trabajar para retrazar lo inevitable. El tiempo no es sólo amenaza sino también distancia y retrazo de la muerte. En contra de la inseguridad fundamental de la existencia, permanentemente expuesta a la muerte, el hombre ha creado los elementos y las estructuras de una inmensa civilización.

Tomamos conciencia de que no somos dueños del tiempo y que no todas las posibilidades que tenemos durante la vida son realizables. El inicio de la vida está signada por la muerte que es la raíz de nuestra existencia. La muerte como fin no significa principalmente final, como el camino o el final de algo. Fin como aquello que se realiza y se cumple. La vida humana como proyecto no tendría sentido sin la muerte. Esto no significa desconocer que tomar conciencia de la muerte o cuando mueren seres queridos nos produce angustia, pero que significa pensarla como un acontecimiento propio de la existencia humana. A veces, no la ignoramos pero preferimos olvidarla.

Luypen en su libro Fenomenología Existencial dice:

El hombre anónimo conoce la muerte como un aviso en la columna de sepelios del periódico. Para el hombre cotidiano, la muerte es un acontecimiento trivial que afecta al hombre desde afuera: “se muere”, por supuesto, pero precisamente ahora se salva él mismo. Se muere quiere decir: el que muere no soy yo sino cualquiera, es decir nadie. De este modo siempre es algo que le ocurre a los otros, siempre es el otro el que se muere. El “se” marca el modo impersonal de referirse a la muerte, y esta actitud le permite al hombre cubrir su temor.

Pensar la muerte es hacernos valorar la vida, la existencia del hombre no debe de ser en vano, ni anónima. La muerte nos debe de hacer responsables en el valor que le demos a nuestra vida. Muchas veces ante un accidente o una enfermedad, muchas personas transforman su vida radicalmente, como si esa experienia límite, de cercanía a la muerte, revela el valor de la vida y darle un sentido a nuestra existencia.


ESTO ES HACER FILOSOFÍA. SABER QUE ESTAMOS HECHOS PARA MORIR Y PODER DISFRUTAR LA VIDA PLENAMENTE EN EL DÍA A DÍA.


Un poco de humor.


Caco.


sábado, 4 de octubre de 2014

La cultura determina al hombre.

Ernst Cassirer dice en su libro de Antropología filosófica: El hombre es un ser simbólico.
Si observamos la conductas de los animales hay entre el sistema receptor de estímulos y el efector – que conduce la respuesta a esos estímulos- hay una relación directa. Los animales están determinados por sus impulsos no pudiendo esperar ni postergar su descarga. Viven en su medio natural provistos de todo lo necesario para poder sobrevivir.
Por el contrario, en el hombre hay un sistema simbólico que es el eslabón intermedio entre el receptor y el efector. Y este sistema simbólico es lo que llamamos cultura que diferencia las reacciones animales de las respuestas humanas. El hombre no puede vivir en ese estado natural, esta determinado por su cultura que es su segunda naturaleza. Naturaleza simbolizada por el hombre siendo el único espacio donde puede vivir.
El hombre no puede escapar de su propio logro, no le queda más remedio que adoptar las condiciones de su propia vida; ya no vive en un puro universo físico sino en un universo simbólico. El lenguaje, el mito, el arte y la religión constituyen partes de este universo, forman los diversos hilos que tejen la red simbólica, la urdimbre complicada de la experiencia humana. (…) El hombre no puede enfrentarse ya con la realidad de un modo inmediato; no puede verla, como si dijéramos, cara a cara (…) En lugar de tratar las cosas mismas, en cierto sentido, conversa constantemente consigo mismo. Se ha envuelto en formas lingüísticas, en imágenes artísticas, en símbolos míticos o ritos religiosos, en tal forma que no puede ver nada sino a través de la interposición de este medio artificial.
El hombre en su obrar interpreta los hechos, los pone en palabras, selecciona tal o cual aspecto, los incorpora al texto de una narración. Percepción, afectos, deseos, temores, imágenes le dan la perspectiva a su visión. Tampoco en su obrar es víctima pasiva de de impulsos y deseos, puede establecer una pausa entre el estímulo y la respuesta. Esa pausa significa que el hombre simboliza su respuesta, a través del lenguaje, la imaginación y el pensamiento. En la vida cotidiana, cuando decimos de alguien que reacciona en forma primitiva o brutal, es porque pasa a la acción sin ninguna mediación, ni del pensamiento ni de la palabra.


La creatividad del hombre es otra manifestación de su capacidad simbólica. Elabora herramientas, instrumentos, utensilios a través de los cuales puede disponer de su medio, conocer, explorar y hacer habitable la naturaleza.
El hombre modifica el mundo con su trabajo. En esa transformación el mundo natural se hace mundo humano, es decir, un mundo cultural. La palabra cultura proviene del verbo cultivar, por ejemplo, el cultivo de la tierra se lo llama agricultura; también hablamos de cultivar la amistad y de rendir culto a Dios. La cultura es la actividad humana en el ámbito de la naturaleza, los otros seres humanos y Dios.

Por lo tanto, podemos pensar que la naturaleza le otorga al hombre las condiciones básicas para la vida, y deja que el mismo las realice. Existir humanamente es una tarea, y el permanecer en la vida es un problema para cuya solución el hombre deberá sacar de sí y de su entorno las posibilidades, transformándolas en posibilidades para vivir.


El humanismo.


Los fundamentos básicos del humanismo son:
  • El hombre es el centro – SER-EN-EL-MUNDO.
  • El hombre es libre y posee libertad -ES UN SER QUE VIENE AL MUNDO PARA SER LIBRE.
  • El hombre se autorealiza a través de la autonomía y emancipación histórica.
  • El hombre desarrolla el valor de la ciencia, el arte y la cultura.
  • Se debe de propender por ideales humanos que apunten hacia la paz y que estos valores se propagen por el mundo, con la promesa del desarrollo de un hombre nuevo.
Los primeros escritos humanistas fueron desarrollados por Carlos Marx, en sus Manuscritos económicos-filosóficos, en 1844, que se fueron difundiendo por todo el mundo:
  • Mantiene la pretensión de universalidad del humanismo alemán del siglo XVIII.
  • Utiliza la crítica de las ideologías para alcanzar al hombre real.
  • Ve en la lucha de clases el camino de la liberación.
Marx se preocupa por el hombre de carne y hueso, el hombre real. Postula la lucha social para la liberación del hombre de la presión de las necesidades económicas básicas, solo así podrá alcanzar el pleno desarrollo humano como trabajador, artista, crítico, padre de familia.
La crítica de Marx se concentra en la economía política que convierte al trabajador en un esclavo. Critica al capitalismo por las injusticias que produce en la distribución de las riquezas, por más aumento salarial que se logre no libera al trabajador ni modifica las condiciones de producción. El trabajo dice Marx produce la alienación del hombre, porque no se realiza haciendo lo que produce, no goza de su esfuerzo en el producto de su trabajo.


Los lineamientos del pensamiento humanista cristiano se encuentran fundamentados en la antropología cristiana que surge de los siguientes principios:
  • El hombre es un ser creado a imagen y semejanza de Dios.
  • Es un ser que posee un alma espiritual e inmortal y un cuerpo material.
  • La libertad del hombre consiste en poder elegir, pero también en poder amar y desear el bien.
  • El hombre es el centro y señor de la creación.
  • El hombre pecador experimenta su naturaleza a través del mal y sufre dolor y muerte, es redimido por Cristo y elevado a una dimensión trascendente.
La influencia de pensadores como Kierkegaard, E. Gilson, G. Marcel y Jaqués Maritain, fue prominente durante el desarrollo del mundo contemporáneo.

Maritain es quién asume la crisis que se plantea en la tradición cristiana durante el medioevo, la aparición del humanismo renacentista y luego en la modernidad. Tanto el teocentrismo medieval como el antropocentrismo moderno resultan insuficientes para plantear un humanismo contemporáneo. El teocentrismo, porque subordina demasiado lo natural a lo sobrenatural; y el antropocentrismo porque convierte en absoluto el valor de lo humano y propone rescatar los elementos del cristianismo para construir una alternativa diferente de la de las ideologías modernas del liberalismo y el socialismo. 

El existencialismo es un humanismo, es un libro escrito por Jean Paul Sartre, donde abre el debate en torno a si el existencialismo era o no una propuesta humanista.
Las ideas plasmadas por Sartre eran tres:
  • el existencialismo es ateo,
  • el hombre es lo que se hace,
  • estamos en un plano en donde solamente hay hombres.
Para Sartre hay dos tipos de existencialismo:
  1. el existencialismo cristiano de Marcel y Jaspers;
  2. el existencialismo ateo, de Heidegger y él.
El existencialismo, dice Sartre, debe de ser necesariamente ateo, porque si consideramos la existencia de Dios como fundamento de la existencia humana, esta siempre va a estar precedida por otra existencia que contiene su esencia de antemano. El hombre no es existencialmente libre si su esencia es predeterminada. Para Sartre “la existencia precede a la esencia”. El existencialismo se inicia cuando el hombre queda a solas con su existencia, o sea, cuando termina con su ilusión de toda esencia que lo preceda.
El hombre del humanismo existencialista se hace a sí mismo. Existir implica estar condenado a ser libre. La libertad así entendida tiene como contracara la instancia del compromiso del hombre con su elección. El hombre es lo que elige ser.
Decir que: “El hombre se inventa a sí mismo” es igual a decir que “estamos solos sin excusas”, y ésta es la relación entre humanismo y existencialismo. El existencialismo libera al humanismo de sus trabas y de sus supuestos.
En el humanismo existencialista, el hombre trasciende constantemente su esencia. Trascender no en el sentido cristiano de trascendencia de Dios, sino trascender la existencia del hombre con respecto al hombre mismo, porque “no hay otro universo posible que no sea el universo humano”.


Los más críticos al humanismo fueron Louis Althusser y Michel Foucault, quienes afirman la dignidad de la vida humana pero rechazan a la antropología y la idea de hombre como su construcción, de constituirse en el eje de todo saber.
Ambos filósofos denuncian el lado oculto del humanismo, que pone al hombre como centro del conocimiento y lo vuelve manipulable para las estrategias del poder.
Althusser, propone desde el seno del Marxismo abandonar el humanismo de Marx y conprender al Marxismo como una propuesta científica. Dice: “En consecuencia deberá mostrarse que el marxismo no es una doctrina que propone una idea de hombre, sino una ciencia de la transformación de la sociedad al servicio de la emancipación de los individuos concretos”.
Según Foucault, lo que denominamos hombre es una representación reciente que tiende a desaparecer, un invento que sólo tiene dos siglos. La “muerte del hombre” de Foucault, se incluye en la misma línea de la “muerte de Dios”, de Friedrich Nietzsche: ambas ideas surgen de la crítica a la modernidad y de la crisis del sujeto moderno. Foucault denuncia que el hombre concebido como sujeto es un concepto histórico y construido, perteneciente al paradigma de los discursos, y no una evidencia intemporal capaz de fundar la ciencia o la ética.
Para Foucault, el hombre no es el problema más antiguo ni el más importante del saber humano. Sostiene que: “el humanismo es el que ha inventado todas las soberbias sometidas, tales como el alma (soberana del cuerpo y sometida a Dios), la conciencia (soberana en el orden de los juicios, sometida al orden de la verdad), la libertad fundamental (soberana interiormente, pero que consiente y está de acuerdo exteriormente), el individuo (soberano titular de sus derechos, sometido a las leyes de la naturaleza o a las normas de la sociedad). En resumen, el humanismo es todo aquello con lo que, en occidente, se ha suprimido el deseo de poder, se ha prohibido querer el poder y se ha excluído la posibilidad de tomarlo”.


viernes, 3 de octubre de 2014

Reflexiones acerca del hombre contemporáneo.



Scheler observó que el hombre en su relación con los demás seres vivos no es sólo un producto de la evolución de la vida, sino que va a establecer la diferencia con respecto al espíritu. Va a decir que el hombre es una realización única nunca intentada antes por la naturaleza. Por ejemplo, la percepción del hombre es el sistema básico de orientación en el mundo, específicamente humano.


A comienzos del siglo XX se abre un debate acerca de dar respuesta de cómo interpretar al hombre. La teología, la filosofía, las ciencias, en especial la biología con su teoría de la evolución, ofrecían ideas acerca del hombre desde una perspectiva determinada.
Tanto Max Scheler como Arnold Gehlen, que si bien piensan distinto abren una discusión con el evolucionismo.
La teoría de la evolución dice lo siguiente:
  1. Todas las especies vivas, junto con el hombre vienen de un mismo tronco.
  2. La selección natural de los más aptos: los seres vivos crecen en proporción geométrica y los recursos de subsistencia en proporción aritmética.
La teoría de la evolución fue criticada por la religión, ya que esta idea de que los seres vivos habían evolucionado por procesos naturales negaba la creación divina del hombre, colocándolo en el mismo nivel que los animales.

Se pensaba que ésta es la segunda de las tres grandes humillaciones que ha sufrido el hombre:


El concepto de hombre según Scheler es una oscuridad en su significado. Desde un punto de vista indica las características constitutivamente diferentes que posee el hombre de los demás seres vivos, subordinando el concepto de hombre al de animal, considerándolo un subgrupo muy pequeño del grupo de los animales, pero animal al fin. Este concepto de Scheler se denominó concepto sistemático natural. Por otro lado, la palabra hombre indica lo opuesto al animal. No es el punto de vista orgánico, sino que busca en el hombre una dimensión distinta y superior desde la cual captar lo propio del hombre.
La pregunta que se hace Scheler es como plantear una concepción del hombre sin desconocer el conocimiento científico, pero reduciendo lo propiamente humano a un simple materialismo evolucionista.

La esencia del hombre en el cosmos no está determinado ni por la inteligencia ni por su capacidad de elección, sino por su espíritu. No pertenece a la esfera vital, no constituye un grado más en la jerarquía de los seres vivos, porque es ajeno a la vida, opuesto a ella, no surge de la evolución natural de la vida pero extrae de ella la energía para sus actos. El hombre es persona, entendido como el centro activo en el que el espíritu se manifiesta.
La autonomía, la objetividad y la conciencia de sí mismo son propiedades esenciales. La autonomía es su “independencia frente a los lazos de la presión de lo orgánico, de la vida. Semejante ser espiritual ya no está vinculado a sus impulsos, ni al mundo circundante sino que es libre frente a éste, está abierto al mundo”. La objetividad es la capacidad de tomar distancia respecto de las necesidades e impulsos y de los estímulos del medio, para poder dar una respuesta elaborada, distanciada de las presiones internas y externas. Y finalmente, la conciencia de sí es la capacidad de saberse sujeto y poseerse a sí mismo, a diferencia del animal que sólo puede tener conciencia de lo otro pero nunca de sí mismo.


Parte de la idea del hombre como ser inacabado, carenciado, no adaptado a ningún medio determinado. El hombre debe de transformar la carencia en oportunidades de vida. Necesita tomar posición respecto de sí, interpretarse, saber quién es y que tareas tiene por delante.
Debe construir una imagen de sí mismo. No es lo mismo concebirse como una criatura de Dios a concebirse como un mono que ha tenido éxito. Su modo de comportarse, sus fines y sus demandas a las que se sujete serán diferentes en uno u otro caso.
En su libro El hombre, Gehlen dice que el hombre tiene que dar una interpretación de su ser y partiendo de ella tomar una posición y ejercer una conducta con respecto a sí mismo y a los demás. El hombre es el único ser que necesita saber acerca de sí mismo para poder diseñar su vida y para saber como conducirse con respecto a los demás. Su vida depende de lo que él haga, su existencia es una tarea y para lograrlo debe de emplear todas sus capacidades.
Caracteriza al hombre como un ser práctico signado por la acción, es alguien que debe de actuar para vivir, proveerse de todo aquello que la naturaleza no le dio a fin de hacer posible su vida. Para poder existir debe transformar y dominar la naturaleza, y la esencia de la naturaleza transformada por él en algo útil para la vida se llama cultura. El mundo cultural es el mundo humano.
El hombre es también un ser previsor orientando su futuro para crear las condiciones para poder vivir no sólo el día a día, sino también el mañana.
La diferencia que Gehlen hace de Scheler es que el hombre y los animales se diferencian por la cualidad especial que tiene el espíritu, que es una categoría separada de lo orgánico, pero que a su vez el hombre utiliza esa energía vital para la realización de los actos espirituales.
El problema radica en que no hay tal relación entre el comportamiento instintivo y el inteligente, más bien se excluyen, porque cuando los instintos son fuertes la inteligencia es mínima.
Gehlen propone una antropobiología que reúna los saberes de la ciencia y de la filosofía, pero no poniendo la diferencia en que un rasgo específico sea superior -el espíritu- o inferior, tal como sostiene el evolucionismo. El hombre es una realización única, su estructura biológica (su amplia percepción, y su plasticidad de sus pulsiones) es original, por lo que constituye una única realización de la naturaleza, jamás vista. Gehlen busca construir una antropología (hombre) que exprese la unidad de lo biológico con lo espiritual.


sábado, 13 de septiembre de 2014

El poder desde la filosofía

¿El poder es o se ejerce? ¿Hay un poder absoluto o fluye en todas nuestras relaciones? ¿Condiciona el poder nuestras vidas o las potencia? ¿Qué es el poder? La historia del poder representa la historia de una realización. Lo humano se fue desbordando de sus propios límites, siempre buscando cada vez más, reinventándose, para seguir encontrando un sentido a las cosas. El poder tiene que ver con esa capacidad de invención, con la conciencia de nuestros propios límites y con sus transgresiones.
La mayoría de los relatos mitológicos enfrentan a los humanos con los dioses en una lucha por el poder. Toda la esencia del poder radica en comprender el lugar que ocupamos en el cosmos. Si hay o no hay límites y siempre lo humano pierde. ¿Tiene que ver el poder con lo posible o con lo imposible?
Cuando Aristóteles se pregunta por el Ser, nos dice que las entidades se dan en acto o en potencia. El acto nos remite a la realización de la esencia en cualquier entidad, o sea, ¿cómo en la actualidad logró realizarse?
Por ejemplo: la ventana es en acto ventana o actualmente es ventana ¿por qué? Porque aunque sea lo que tiene que ser: una ventana no lo fue siempre ni lo será eternamente.

¿Qué es la potencia? Tiene que ver con la idea de poder como posibilidad, es decir, la capacidad de cualquier entidad de poder ser otra cosa.
¿Qué es el poder? ¿Cuál es su límite?
En los textos bíblicos las historias se entrecruzan. Por un lado, Dios crea a lo humano y le da un mundo cerrado para que lo domine y lo nomine. Las cosas vienen predeterminadas por la creación. En el Edén, el árbol del conocimiento del bien y del mal es importante. El árbol prohibido marca el punto de lo imposible, si comen del árbol serán mortales y si no comen permanecerán inmortales. ¿Para qué come el hombre si pierde la inmortalidad? No es la inmortalidad lo que está en juego, sino el poder. La historia de poder se desplaza hacia las relaciones vinculares. Caín mata a Abel. Esta dificultosa relación entre lo humano y sus dioses, señala el camino de toda relación de lo humano con lo humano. Lo humano nunca es idéntico es siempre con un otro. El poder se juega una falencia que supone una otredad y busca someter a esa otredad y subyugarla a su propia identidad. Para que el poder se ejerza se necesita de zonas no alcanzadas, se necesita de un otro que siga siendo un otro para poder ser sometido y que el poder actúe. El poder se apropia de lo otro para someterlo a su identidad, pero al mismo tiempo necesita que siga habiendo algo extraño para poder seguir apropiándolo.

En Atenas, el poder se entrelaza con el saber.En Atenas la figura de los sofistas se vuelve preponderante. Para Platón los sofistas se trataban de mercaderes del saber que educaban a los poderosos en la formalidad de la palabra, en la oratoria y en el arte del convencimiento, provocando en los atenienses una ciudadanía vacía, falsa y amoral, preocupada solo en el éxito de sus argumentos. Para los sofistas como Protágoras: No hay verdades, sino que “el hombre es la medida de todas las cosas”. Los sofistas entienden a la verdad como un artilugio retórico. Si la verdad es la mentira más eficiente solo se trata de una cuestión de poder. Un discurso verdadero es aquél que se logra imponer como un discurso sobre la normalidad.
En platón supone la figura del filósofo rey. Si la justicia en cada comunidad se dirime en que cada uno ejerza el rol que le corresponde al filósofo le cabe el rol del gobernante, porque según Platón: “tiene que gobernar el que más sabe”. El que accede a la verdad. Sólo el filósofo puede atravesar la multiplicidad de lo real y alcanzar los fundamentos de todas las cosas. La convicción de platón reside en la autoridad del poder -al que más sabe por naturaleza le corresponde el poder-. La sabiduría es virtud, el mal es ignorancia.

Saber, poder y ética, forman la base del pensamiento platónico de una autoridad incuestionable que solo va a ser modificada en la filosofía política moderna.
Hobbes ve el origen del poder político en un contrato. Somos libres por naturaleza, pero renunciamos a la libertad absoluta a cambio de que alguien nos proteja. La desproporción entre nuestras necesidades y los medios para satisfacerlas genera una “guerra de todos contra todos”. Una persona quiere ser libre pero el de al lado también, por lo tanto, quiere matarme, pero si la persona se entrega a un poder absoluto (Estado) le garantiza su seguridad. El miedo es, entonces. uno de los motores principales para fundar un orden. La libertad solo es posible si primero se fortifica la seguridad. El poder absoluto nos garantiza la libertad sólo a cambio de nuestra sujeción a sus normas. Pero, entonces, ¿existe la libertad? ¿qué es el poder? ¿qué es lo que puede el hombre? ¿podremos confiar en este poder? o ¿estamos en el inicio de un nuevo tipo de poder que en el capitalismo persigue la normalización del sistema?
La cuestión del poder siempre estuvo ligada al ser humano que quiso transgredir sus propias limitaciones y por eso desde el inicio en las culturas antiguas el poder estuvo ligado siempre al saber. Sin embargo, con la modernidad la idea de un poder soberano intenta representar la voluntad de todos los ciudadanos. ¿Nó termina el poder siendo un dispositivo de sometimiento? ¿Nó termina el poder siendo la forma en que todo se relaciona con todo?
En el siglo XIX, Carlos Marx, va a dar un paso cualitativo en la cuestión del poder, la democracia política no representa una verdadera democracia popular en la medida que no cuestiona el principio de desigualdad estructural del capitalismo. La economía capitalista supone una desigualdad social que intenta justificarse en la igualdad formal de los ciudadanos ante la ley. Pero la ley no hace más que reproducir un sistema donde unos pocos ejercen el poder y una mayoría queda sometida a ese dominio. Para que el poder funcione con eficiencia resulta necesario que la sociedad lo naturalice, mientras haya personas trabajando a cambio de un salario, recibiendo sólo una parte del valor de su trabajo, la democracia no es real. Si se logra convence a todo el mundo que la desigualdad económica es algo que proviene de la naturaleza humana y es inmodificable, el que tiene poder triunfa en su cometido. “No hay mejor poder que el que no se ve”. El poder para Marx es fundamentalmente poder económico que se manifiesta en el sometimiento de una clase social a otra a través de la explotación laboral. ¿Qué es la explotación para Marx? Es la aceptación de una sociedad dividida en clases sociales, donde los que no son dueños tienen que intercambiar su fuerza de trabajo por una remuneración que nunca equivale al valor de lo que hacen. Pero nadie lo ve, todos naturalizan esta expropiación. La desigualdad es vista como algo natural y el salario como algo justo, ningún salario es justo para Marx, la existencia misma del salario es lo injusto. Pero el poder triunfa cuando una sociedad interioriza estos valores dominantes como si fuese algo real, cuando la sociedad se aliena. Según el pensamiento Marxista, la alienación se produce a través de todos los dispositivos que en una sociedad funcionan para que un orden se establezca, pero sobre todo en el Estado. Para Marx el Estado se vuelve un dispositivo de poder que se presenta como representantes de todos, cuando lo único que hace es legitimar la desigualdad representando solo a aquello a los que cuida sus intereses. La alienación va mostrando como el poder ingresa en las zonas más elementales de la conciencia para ser efectivo. Va moldeando las cabezas de las gentes, sus deseos, sus pensamientos, sus sentimientos. Por eso todo cambio debe de hacerse desde la raíz para Marx. La única salida posible contra el poder es la revolución.
¿Y si todo es poder? ¿Y si nuestra existencia está atravesada por el poder? ¿Y si el poder trasciende lo político para manifestarse en cualquier acto, en cualquier entidad? ¿Y si todo es político, porque todo es potencia? ¿Y si el poder no se reduce a los soberano, sino que estalla por todos lados?
Por el hecho mismo de ser en potencia, todos nuestros actos se vuelven políticos, se vuelven voluntad de poder.
Nietzsche sostiene que la vida es esencialmente un conjunto de fuerzas en constante potenciación, no es que el poder opera sobre la vida, sino que la vida misma es poder en expansión. Poder en la ambigüedad del doble sentido, de posibilidad y despliegue. Nietzsche pone en entredicho la cuestión del origen. ¿Qué hay en el origen del todo? No hay Nada. No hay orden, ni estabilidad, ni identidad, sino diferencia. Y si hay diferencia hay conflicto. El conflicto es el origen, el poder inunda todas las cosas, porque todo proviene en última instancia de un conflicto originario. A diferencia del contractualismo que entiende al poder como garantía de supervivencia y del Marxismo que lo asocia con la represión. Nietzsche lo entiende como exceso, como expansión incesante de la vida. Una vida que se expande es una vida que se reinventa permanentemente a sí misma. En el esquema de Nietzsche se parte de la ausencia de origen y por ello el descentramiento de toda verdad. La expansión solo puede entenderse como la capacidad que tiene la vida de crecer negándose constantemente a sí misma. La voluntad de poder es la destrucción infinita de lo mismo y el desborde incesante de una vida que busca siempre superarse a sí misma. Si para Marx la revolución es la liberación de las fuerzas productivas al servicio de la humanidad. En Nietzsche es un estado permanente de reinvención de lo humano. El poder de lo humano destruye y se destruye ya que se vé a sí mismo como mera contingencia.
Toda la filosofía, toda la religión, todo el saber han surgido como un antídoto contra una voluntad de poder que se desborda a sí misma. Esta es tal vez nuestra tragedia. El vértigo del exceso nos asusta y nos encadena a nosotros mismos.
Para Foucault, en nuestros tiempos piensa a ambos conceptos poder y saber, el poder se plasma en el discurso. La palabra crea verdad y la verdad crea un orden. Por eso quién maneja el saber maneja el poder.
Michel Foucault, fue uno de los filósofos que mejor ha pensado al poder. Su mayor contribución es haber desesencializado el poder. El poder no es, no se tiene, sino que se ejerce. El poder no es una propiedad, ni una sustancia. El poder es siempre una relación. Las relaciones de poder atraviesan todas las cosas, pero no se estructuran de manera vertical y estable entre clases sociales, sino que van desplazándose entre los hombres de manera fluctuante. El poder siempre está presente en toda relación en que uno trata de dirigir la conducta del otro, desde la política hasta el amor. Pero el poder no solo reprime, sino que para Foucault produce sentido. El poder mantiene una relación esencial con el poder y por ello con la verdad. Y nosotros los sujetos, estamos sujetados a los dispositivos del saber que nos constituyen como sujetos. El padre normaliza, el maestro normaliza, el jefe normaliza, los oficiales de policía normalizan. En cada acto de normalización hay una forma que se instala como correcta y se instituye. El hombre domesticado a través de las instituciones. Las instituciones como la familia, la escuela o el lenguaje son las que producen realidad cotidiana. Una de las figuras que Foucault resignifica es la figura del Panóptico, que es una estructura carcelaria en la cual un vigilador se encuentra en un lugar privilegiado, ya que puede ver el interior de las celdas de los presos sin ser visto. El dispositivo carcelario funciona a la perfección. Cada preso que no ve a los otros presos solo se siente controlado por el vigilador central y, por lo tanto, obedece. El poder es total. Para foucault esta estructura es aplicable a gran parte de los modos en que se encuentra organizada las instituciones. Así la estructura se repite en la fábrica, la familia, la escuela, el hospital y siempre es la misma la auto-obediencia.
No pueden existir relaciones de poder sino en la medida en que los sujetos seamos libres. Pero ¿no será al revés, no es que si el poder está presente entonces no existe libertad?. Hay relaciones de poder porque hay posibilidades de libertad en todas partes. Como el poder es potencia y el poder se desborda siempre se necesita algo que quede afuera. Todo poder genera una resistencia, dice Foucault. ¿Pero es la resistencia una manera de pelear contra el poder? ¿O es algo que el poder construye para seguir ejerciendo?
Deleuze dice que en el mundo de la globalización y el capitalismo avanzado, la empresa ha reemplazado a la fábrica, la marca al producto y el consumidor al ciudadano. La sociedad de hiperconsumo de la cultura global no ejerce el poder desde el encierro, sino desde la libertad. El panóptico se ha desmaterializado. Este poder es tan potente que no necesita de barrotes, ni pedestales, ni armas; es un poder que se ejerce desde la libertad del individuo. El cielo parece vacío, pero se encuentra cruzado de redes virtuales que nos constituyen y nos vigilan. Hoy existir es estar conectado y la conexión supone un orden y un interés. Tal vez las nuevas resistencias tengan que ver con la posibilidad de desconectarse. Posibilidad, potencialidad, de nuevo el poder. El poder de no hacer. Permanecer en la potencia. Lo humano es siempre posibilidad. Lo humano es siempre proyecto abierto.
Se dice de Dios que es omnipotente. ¿Esto significa que todo lo es, o que lo puede todo? ¿Y si todo lo puede, no tendría que seguir pudiendo indefinidamente? Si así fuese, el verdadero poder resultaría ser el que se sigue atreviendo a negarse a sí mismo. O retomando una idea bíblica, el poder está en la debilidad. Sin embargo, nuestros poderosos abandonan la potencia, la posibilidad para convertirse en los grandes cristalizadores de la realidad vigente.
Ser establisment, significa solo eso. Sostener el actual estado de cosas como inmodificable.

Pero otro poder es posible, un poder que se ofrece como una invitación a la transformación permanente y a la apertura ilimitada. Un poder que es una apuesta a no permanecer nunca en lo que somos, a desbordarnos y a salirnos incluso de nosotros mismo.