sábado, 13 de septiembre de 2014

El poder desde la filosofía

¿El poder es o se ejerce? ¿Hay un poder absoluto o fluye en todas nuestras relaciones? ¿Condiciona el poder nuestras vidas o las potencia? ¿Qué es el poder? La historia del poder representa la historia de una realización. Lo humano se fue desbordando de sus propios límites, siempre buscando cada vez más, reinventándose, para seguir encontrando un sentido a las cosas. El poder tiene que ver con esa capacidad de invención, con la conciencia de nuestros propios límites y con sus transgresiones.
La mayoría de los relatos mitológicos enfrentan a los humanos con los dioses en una lucha por el poder. Toda la esencia del poder radica en comprender el lugar que ocupamos en el cosmos. Si hay o no hay límites y siempre lo humano pierde. ¿Tiene que ver el poder con lo posible o con lo imposible?
Cuando Aristóteles se pregunta por el Ser, nos dice que las entidades se dan en acto o en potencia. El acto nos remite a la realización de la esencia en cualquier entidad, o sea, ¿cómo en la actualidad logró realizarse?
Por ejemplo: la ventana es en acto ventana o actualmente es ventana ¿por qué? Porque aunque sea lo que tiene que ser: una ventana no lo fue siempre ni lo será eternamente.

¿Qué es la potencia? Tiene que ver con la idea de poder como posibilidad, es decir, la capacidad de cualquier entidad de poder ser otra cosa.
¿Qué es el poder? ¿Cuál es su límite?
En los textos bíblicos las historias se entrecruzan. Por un lado, Dios crea a lo humano y le da un mundo cerrado para que lo domine y lo nomine. Las cosas vienen predeterminadas por la creación. En el Edén, el árbol del conocimiento del bien y del mal es importante. El árbol prohibido marca el punto de lo imposible, si comen del árbol serán mortales y si no comen permanecerán inmortales. ¿Para qué come el hombre si pierde la inmortalidad? No es la inmortalidad lo que está en juego, sino el poder. La historia de poder se desplaza hacia las relaciones vinculares. Caín mata a Abel. Esta dificultosa relación entre lo humano y sus dioses, señala el camino de toda relación de lo humano con lo humano. Lo humano nunca es idéntico es siempre con un otro. El poder se juega una falencia que supone una otredad y busca someter a esa otredad y subyugarla a su propia identidad. Para que el poder se ejerza se necesita de zonas no alcanzadas, se necesita de un otro que siga siendo un otro para poder ser sometido y que el poder actúe. El poder se apropia de lo otro para someterlo a su identidad, pero al mismo tiempo necesita que siga habiendo algo extraño para poder seguir apropiándolo.

En Atenas, el poder se entrelaza con el saber.En Atenas la figura de los sofistas se vuelve preponderante. Para Platón los sofistas se trataban de mercaderes del saber que educaban a los poderosos en la formalidad de la palabra, en la oratoria y en el arte del convencimiento, provocando en los atenienses una ciudadanía vacía, falsa y amoral, preocupada solo en el éxito de sus argumentos. Para los sofistas como Protágoras: No hay verdades, sino que “el hombre es la medida de todas las cosas”. Los sofistas entienden a la verdad como un artilugio retórico. Si la verdad es la mentira más eficiente solo se trata de una cuestión de poder. Un discurso verdadero es aquél que se logra imponer como un discurso sobre la normalidad.
En platón supone la figura del filósofo rey. Si la justicia en cada comunidad se dirime en que cada uno ejerza el rol que le corresponde al filósofo le cabe el rol del gobernante, porque según Platón: “tiene que gobernar el que más sabe”. El que accede a la verdad. Sólo el filósofo puede atravesar la multiplicidad de lo real y alcanzar los fundamentos de todas las cosas. La convicción de platón reside en la autoridad del poder -al que más sabe por naturaleza le corresponde el poder-. La sabiduría es virtud, el mal es ignorancia.

Saber, poder y ética, forman la base del pensamiento platónico de una autoridad incuestionable que solo va a ser modificada en la filosofía política moderna.
Hobbes ve el origen del poder político en un contrato. Somos libres por naturaleza, pero renunciamos a la libertad absoluta a cambio de que alguien nos proteja. La desproporción entre nuestras necesidades y los medios para satisfacerlas genera una “guerra de todos contra todos”. Una persona quiere ser libre pero el de al lado también, por lo tanto, quiere matarme, pero si la persona se entrega a un poder absoluto (Estado) le garantiza su seguridad. El miedo es, entonces. uno de los motores principales para fundar un orden. La libertad solo es posible si primero se fortifica la seguridad. El poder absoluto nos garantiza la libertad sólo a cambio de nuestra sujeción a sus normas. Pero, entonces, ¿existe la libertad? ¿qué es el poder? ¿qué es lo que puede el hombre? ¿podremos confiar en este poder? o ¿estamos en el inicio de un nuevo tipo de poder que en el capitalismo persigue la normalización del sistema?
La cuestión del poder siempre estuvo ligada al ser humano que quiso transgredir sus propias limitaciones y por eso desde el inicio en las culturas antiguas el poder estuvo ligado siempre al saber. Sin embargo, con la modernidad la idea de un poder soberano intenta representar la voluntad de todos los ciudadanos. ¿Nó termina el poder siendo un dispositivo de sometimiento? ¿Nó termina el poder siendo la forma en que todo se relaciona con todo?
En el siglo XIX, Carlos Marx, va a dar un paso cualitativo en la cuestión del poder, la democracia política no representa una verdadera democracia popular en la medida que no cuestiona el principio de desigualdad estructural del capitalismo. La economía capitalista supone una desigualdad social que intenta justificarse en la igualdad formal de los ciudadanos ante la ley. Pero la ley no hace más que reproducir un sistema donde unos pocos ejercen el poder y una mayoría queda sometida a ese dominio. Para que el poder funcione con eficiencia resulta necesario que la sociedad lo naturalice, mientras haya personas trabajando a cambio de un salario, recibiendo sólo una parte del valor de su trabajo, la democracia no es real. Si se logra convence a todo el mundo que la desigualdad económica es algo que proviene de la naturaleza humana y es inmodificable, el que tiene poder triunfa en su cometido. “No hay mejor poder que el que no se ve”. El poder para Marx es fundamentalmente poder económico que se manifiesta en el sometimiento de una clase social a otra a través de la explotación laboral. ¿Qué es la explotación para Marx? Es la aceptación de una sociedad dividida en clases sociales, donde los que no son dueños tienen que intercambiar su fuerza de trabajo por una remuneración que nunca equivale al valor de lo que hacen. Pero nadie lo ve, todos naturalizan esta expropiación. La desigualdad es vista como algo natural y el salario como algo justo, ningún salario es justo para Marx, la existencia misma del salario es lo injusto. Pero el poder triunfa cuando una sociedad interioriza estos valores dominantes como si fuese algo real, cuando la sociedad se aliena. Según el pensamiento Marxista, la alienación se produce a través de todos los dispositivos que en una sociedad funcionan para que un orden se establezca, pero sobre todo en el Estado. Para Marx el Estado se vuelve un dispositivo de poder que se presenta como representantes de todos, cuando lo único que hace es legitimar la desigualdad representando solo a aquello a los que cuida sus intereses. La alienación va mostrando como el poder ingresa en las zonas más elementales de la conciencia para ser efectivo. Va moldeando las cabezas de las gentes, sus deseos, sus pensamientos, sus sentimientos. Por eso todo cambio debe de hacerse desde la raíz para Marx. La única salida posible contra el poder es la revolución.
¿Y si todo es poder? ¿Y si nuestra existencia está atravesada por el poder? ¿Y si el poder trasciende lo político para manifestarse en cualquier acto, en cualquier entidad? ¿Y si todo es político, porque todo es potencia? ¿Y si el poder no se reduce a los soberano, sino que estalla por todos lados?
Por el hecho mismo de ser en potencia, todos nuestros actos se vuelven políticos, se vuelven voluntad de poder.
Nietzsche sostiene que la vida es esencialmente un conjunto de fuerzas en constante potenciación, no es que el poder opera sobre la vida, sino que la vida misma es poder en expansión. Poder en la ambigüedad del doble sentido, de posibilidad y despliegue. Nietzsche pone en entredicho la cuestión del origen. ¿Qué hay en el origen del todo? No hay Nada. No hay orden, ni estabilidad, ni identidad, sino diferencia. Y si hay diferencia hay conflicto. El conflicto es el origen, el poder inunda todas las cosas, porque todo proviene en última instancia de un conflicto originario. A diferencia del contractualismo que entiende al poder como garantía de supervivencia y del Marxismo que lo asocia con la represión. Nietzsche lo entiende como exceso, como expansión incesante de la vida. Una vida que se expande es una vida que se reinventa permanentemente a sí misma. En el esquema de Nietzsche se parte de la ausencia de origen y por ello el descentramiento de toda verdad. La expansión solo puede entenderse como la capacidad que tiene la vida de crecer negándose constantemente a sí misma. La voluntad de poder es la destrucción infinita de lo mismo y el desborde incesante de una vida que busca siempre superarse a sí misma. Si para Marx la revolución es la liberación de las fuerzas productivas al servicio de la humanidad. En Nietzsche es un estado permanente de reinvención de lo humano. El poder de lo humano destruye y se destruye ya que se vé a sí mismo como mera contingencia.
Toda la filosofía, toda la religión, todo el saber han surgido como un antídoto contra una voluntad de poder que se desborda a sí misma. Esta es tal vez nuestra tragedia. El vértigo del exceso nos asusta y nos encadena a nosotros mismos.
Para Foucault, en nuestros tiempos piensa a ambos conceptos poder y saber, el poder se plasma en el discurso. La palabra crea verdad y la verdad crea un orden. Por eso quién maneja el saber maneja el poder.
Michel Foucault, fue uno de los filósofos que mejor ha pensado al poder. Su mayor contribución es haber desesencializado el poder. El poder no es, no se tiene, sino que se ejerce. El poder no es una propiedad, ni una sustancia. El poder es siempre una relación. Las relaciones de poder atraviesan todas las cosas, pero no se estructuran de manera vertical y estable entre clases sociales, sino que van desplazándose entre los hombres de manera fluctuante. El poder siempre está presente en toda relación en que uno trata de dirigir la conducta del otro, desde la política hasta el amor. Pero el poder no solo reprime, sino que para Foucault produce sentido. El poder mantiene una relación esencial con el poder y por ello con la verdad. Y nosotros los sujetos, estamos sujetados a los dispositivos del saber que nos constituyen como sujetos. El padre normaliza, el maestro normaliza, el jefe normaliza, los oficiales de policía normalizan. En cada acto de normalización hay una forma que se instala como correcta y se instituye. El hombre domesticado a través de las instituciones. Las instituciones como la familia, la escuela o el lenguaje son las que producen realidad cotidiana. Una de las figuras que Foucault resignifica es la figura del Panóptico, que es una estructura carcelaria en la cual un vigilador se encuentra en un lugar privilegiado, ya que puede ver el interior de las celdas de los presos sin ser visto. El dispositivo carcelario funciona a la perfección. Cada preso que no ve a los otros presos solo se siente controlado por el vigilador central y, por lo tanto, obedece. El poder es total. Para foucault esta estructura es aplicable a gran parte de los modos en que se encuentra organizada las instituciones. Así la estructura se repite en la fábrica, la familia, la escuela, el hospital y siempre es la misma la auto-obediencia.
No pueden existir relaciones de poder sino en la medida en que los sujetos seamos libres. Pero ¿no será al revés, no es que si el poder está presente entonces no existe libertad?. Hay relaciones de poder porque hay posibilidades de libertad en todas partes. Como el poder es potencia y el poder se desborda siempre se necesita algo que quede afuera. Todo poder genera una resistencia, dice Foucault. ¿Pero es la resistencia una manera de pelear contra el poder? ¿O es algo que el poder construye para seguir ejerciendo?
Deleuze dice que en el mundo de la globalización y el capitalismo avanzado, la empresa ha reemplazado a la fábrica, la marca al producto y el consumidor al ciudadano. La sociedad de hiperconsumo de la cultura global no ejerce el poder desde el encierro, sino desde la libertad. El panóptico se ha desmaterializado. Este poder es tan potente que no necesita de barrotes, ni pedestales, ni armas; es un poder que se ejerce desde la libertad del individuo. El cielo parece vacío, pero se encuentra cruzado de redes virtuales que nos constituyen y nos vigilan. Hoy existir es estar conectado y la conexión supone un orden y un interés. Tal vez las nuevas resistencias tengan que ver con la posibilidad de desconectarse. Posibilidad, potencialidad, de nuevo el poder. El poder de no hacer. Permanecer en la potencia. Lo humano es siempre posibilidad. Lo humano es siempre proyecto abierto.
Se dice de Dios que es omnipotente. ¿Esto significa que todo lo es, o que lo puede todo? ¿Y si todo lo puede, no tendría que seguir pudiendo indefinidamente? Si así fuese, el verdadero poder resultaría ser el que se sigue atreviendo a negarse a sí mismo. O retomando una idea bíblica, el poder está en la debilidad. Sin embargo, nuestros poderosos abandonan la potencia, la posibilidad para convertirse en los grandes cristalizadores de la realidad vigente.
Ser establisment, significa solo eso. Sostener el actual estado de cosas como inmodificable.

Pero otro poder es posible, un poder que se ofrece como una invitación a la transformación permanente y a la apertura ilimitada. Un poder que es una apuesta a no permanecer nunca en lo que somos, a desbordarnos y a salirnos incluso de nosotros mismo.