jueves, 3 de julio de 2014

Los medios masivos de comunicación: la televisión. Pierre Bourdieu


A comienzos de la década del cincuenta, aparece la televisión, como medio de comunicación masiva. Su crecimiento abrumador genera incertidumbre sobre si la construcción del sentido resulta explícita. La duda sobre la verdad ha alcanzado su expresión máxima.
La televisión ocupa un lugar preponderante en relación con el sentido y la verdad acerca de la realidad. Nietzsche dudaba sobre la verdad, porque para él no hay una única verdad. Podríamos preguntarnos hoy: ¿hay alguna verdad?. Para Nietzsche: “No hay hechos, hay interpretaciones”.
Pierre Bourdieu, inicio un estudio de las informaciones que circulan en la televisión. Para él la televisión pone en peligro la producción cultural, es decir el arte, la literatura, la filosofía, la ciencia, el derecho. Hace referencia a las informaciones distorsionadas que circulan por la televisión, sobre todo en algunos programas de televisión.
Bourdieu, teme por los televidentes que, desprevenidos, se resisten a creer en los efectos que las presiones económicas y políticas ejercen sobre la programación que se consume a diario. Él no deseaba que sus análisis se percibieran como ataques a los periodistas y los trabajadores de televisión, sino que tenía la esperanza de que su análisis del mensaje televisivo pudiera contribuir a la crítica por parte de los televidentes.
Cuando surgió el fenómeno de la televisión, se pensó que sería solo un “medio de comunicación de masas”, es decir, un medio para transmitir mensaje masivamente. Según una mirada reprospectiva, la televisión también transformó a quienes la producen, a los periodistas y a los productores culturales en general, y se fue transformando poco a poco en un “fenómeno” con extraordinaria influencia sobre todas las actividades.


A Bourdieu le preocupaban las presiones comerciales, a través de los índices de audiencia, que definen lo que le convienen transmitir y lo que no le conviene. Para él, el mundo de la televisión, con sus intereses, constituye un filtro deformador de la realidad.
En las sociedades actuales, todo se constituye por medio de la “opinión pública” y lógicamente, los medios de comunicación masiva en general _y la televisión, en particular- representan la realidad, teniendo en cuenta que toda representación es una construcción, algo creado. La existencia y la trascendencia al margen de los medios de comunicación son apenas perceptibles. En cambio, todo lo que protagoniza alguna parte de esta representación de la realidad, adquiere existencia, existe.
Bourdieu dedica especial atención a los noticieros donde los periodistas, en vez de informar o educar, invocan las expectativas del público para proyectar su propia visión; fundamentalmente guiados y regidos por una política de “no aburrir”, otorgando prioridades a debates, polémicas que llamen la atención del público y que hagan subir las audiencias. El déficit nacional, la reducción o suba de impuestos, las deudas, los presupuestos de salud y educación, ya no son temas que importa sino que se destaca el enfrentamiento entre personas. La competencia periodística ya no está centrada en la objetividad o su conocimiento sobre el mundo, sino en la fuerza de los contactos, que cuanto más íntimos y confidenciales, mejor.


Para este pensador -como para otros como Guy Debord- no conviene hablar de una “sociedad de la información” sino, más bien de una sociedad del espectáculo”. La información ya no es un elemento democrático que permite formar opinión, sino que, como está tan procesada, mediada, construida -por no decir inventada- es un elemento más para mirar, algo para consumir como un espectáculo.
En síntesis, Bourdieu evalúa la televisión según parámetros que están lejos de ser aquéllos con los que la televisión y sus programas se consumen a diario. Desea desmontar el engaño y alertar a los millones de telespectadores en todo el mundo. Pretende descomponer la objetividad aparente para enfrentarla a una construcción real.
Otra más de la consecuencia-según Bourdieu- es el crecimiento de la televisión en el espacio de los medios de comunicación: es el paso de una política de acción cultural a una “demagogia de lo espontáneo”. Esto se refiere al espacio cada vez mayor que la televisión da a las tribunas libres y a los espacios de libre opinión. Para él, la televisión de los primeros años (década del cincuenta) pretendía ser cultural, mientras que la televisión de hoy se dedica a explotar los gustos para conseguir mayores índices de audiencia ofreciendo los derivados talk-show o reality show. Estos pretenden ser “retazos de vida” pero resultan ser exhibiciones de experiencia vivida vaciadas de sentido, para satisfacer intereses comerciales.
La consideración de los peligros inherentes a la información televisiva nos hace reflexionar acerca de que durante las últimas décadas, la televisión ha adquirido entre sus características la de desalentar el ejercicio de pensar, privilegiando el impacto de la imagen sobre el contenido y el de la emoción sobre la razón, a favor del vértigo y la impunidad de que goza por razones técnicas ya que en ese mundo virtual, los hechos, los dichos y los juicios son dificultosamente revisables porque pasan rápidamente de largo.

Mafalda siempre reflexiva.