viernes, 11 de julio de 2014

Filosofía de la antigua grecia.

La palabra filosofía significa etimológicamente amor a la filosofía. Deriva de las palabras griegas philos, que significa “amor” y sophía, que quiere decir “sabiduría”.
En la Grecia del siglo IV a.C., el filósofo, el amante de la sabiduría, nació como el opuesto al Sophós, el sabio. Este último era el que poseía la sabiduría mientras que el filósofo era aquel que la buscaba constantemente porque carecía de ella; lo suyo era por la sabiduría. El filósofo interpreta, pregunta, plantea interrogantes más que respuestas, es un buscador de respuestas; la duda siempre lo acompaña. Se preocupa, se inquieta por el saber. ¿por qué busca constantemente la sabiduría que el sabio ya tiene? Porque el filósofo pretende saber pero para tener el sabor, es decir, para armonizar la razón y los sentidos, para saber vivir y saborear las cosas. ¿Qué ese saber que es al mismo tiempo sabor de las cosas? La búsqueda de la verdad. La verdad es para los filósofos de la Grecia del siglo IV a.C., aquello que da sentido, lo que es innegable, necesario, lo que los dioses ni los hombres logran desmentir, lo que explica la totalidad o el todo. El filósofo es aquél que pretende entender y explicar el origen de las cosas, de los seres humanos y el mundo.
La filosofía, como actividad que pretende explicar la totalidad y que busca la verdad, surgió en el siglo IV a.C., en Atenas, la Polis (ciudad-Estado) que dominaba a las otras ciudades griegas (Hélade). El filósofo apareció con las ideas de Sócrates y a él siguieron Platón y Aristóteles, cada uno maestro del siguiente. Platón y Aristóteles dejaron huellas en el pensamiento filosófico hasta nuestros días.
Aristóteles estableció el nacimiento oficial de la filosofía a partir de sus investigaciones en esa materia, señaló que fueron los sabios de la ciudad de Mileto como Tales, Anaximandro y Anaxímenes, quienes primero emprendieron una búsqueda del origen (arkhé) o fundamento de las cosas en el siglo VI a.C. Luego, siguieron otros en varios lugares de la Hélade: Jenófanes, Heráclito, Parménides, Zenón de Elea, Pitágoras, Empédocles, Anaxágoras, Leucipo, Demócrito. Finalmente llegaron Sócrates y Platón, quién elaboró el concepto de eidos o idea, y Aristóteles con la noción de ousía o sustancia.


La filosofía interpela la realidad, formula preguntas sobre todo lo que existe y conocemos, sobre la totalidad. Esta capacidad de hacerse preguntas, de cuestionar lo dado es lo que se denomina “problematización”, es decir, plantear en problemas, cuestiones o preguntas sobre los aspectos del mundo. Por eso, en filosofía se habla comúnmente de “problemas”: el problema de la verdad, de los seres humanos (el problema antropológico), del conocimiento, del arte, del bien y del mal, de la política, etc.
La filosofía no acepta las verdades establecidas, la “naturalidad” del mundo, el orden de las cosas, sino que los cuestiona, mira por debajo de ellos, lee entre líneas, formula una y otra vez preguntas sobre aquello que la mayoría de las personas han establecido. Vuelve a descubrir el mundo con los ojos de un niño, pone a prueba todos sus supuestos y presupuestos e inventa nombres que resignifican las cosas que ya conocemos: crea conceptos.
La filosofía se ha desarrollado desde el siglo IV a.C. hasta la actualidad y las personas que se dedicaron a ella, los filósofos, fueron redefiniéndola en cada época histórica, ofreciendo nuevas respuestas a viejos o nuevos problemas. Cada respuesta se presenta generalmente como un nuevo interrogante.
En síntesis, la filosofía permite analizar, reflexionar y comprender mejor la realidad en la que vivimos y a nosotros mismos.
El ser humano tiene una necesidad básica primitiva o atávica, es decir, común a todos los de su especie, de aprehenderlo todo, de atrapar el mundo, las cosas, la naturaleza y hasta a sus congéneres a través de las palabras.
El ser humano nombra el mundo, creando un universo de sentido y significado. Los pueblo primitivos son los más preocupados por clasificarlo todo y conocer la razón de todo, es decir, de entenderlo todo.
El lenguaje filosófico es abstracto y los conceptos que la integran fueron elaborados a través de la historia y a partir de las mismas preguntas: ¿qué es el ser humano? ¿qué es la verdad? ¿qué es el mundo y cómo funciona? ¿qué es el bien y el mal? ¿cuál es el destino de las personas?

¿Qué utilidad tiene la filosofía?.

Tales de Mileto, uno de los primeros filósofos de la antigua Grecia, del cual se narran algunas anécdotas. La primera es que pasaba mucho tiempo contemplando los astros, el sol y las estrellas. Un día Tales estaba mirando el cielo y por descuido se cayó a un pozo. Una joven de Tracia que pasaba por ahí, se burló de su preocupación por conocer las cosas del cielo, cuando ni siquiera se daba cuenta de lo que tenía en sus pies.
La segunda anécdota cuenta que unos conocidos, advirtiendo la pobreza de Tales de Mileto, le reprocharon la inutilidad y la falta de rentabilidad de la filosofía. Él, sin embargo, gracias a sus conocimientos de astronomía, logró prever una buena cosecha de aceitunas cuando aún era invierno. Con el poco dinero que tenía, consiguió los molinos de aceite de Mileto y de Quíos. En cuanto llegó la temporada, los subalquiló al precio que quiso y reunió una suma considerable de dinero para demostrar que es fácil para los filósofos hacerse ricos cuando quieren, pero que ése no es el fin de la filosofía.

La filosofía de los presocráticos.

Los filósofos anteriores a los sofistas y a Sócrates son denominados presocráticos. Estos filósofos tienen en común la búsqueda de un origen (arkhé) o fundamento primordial de la realidad que generalmente encuentran en elementos de la naturaleza.
Los primeros que filosofaron fueron los sabios de Mileto o milesios. Ellos pensaron que los únicos principios de todas las cosas son la naturaleza material. Por esta razón, se los denominó materialistas o ilosoístas. Entre los primeros milesios figuran Tales, Anaxímedes y anaximandro.

Los milesios.

Tales, el primero en filosofar, sostiene que el fundamento primero u origen de la realidad es el agua. Para Anaximandro ese origen es el ápeiron o infinito y para Anaxímedes es el aire.

Heráclito de Éfeso.

Sostiene que el origen de todas las cosas es el fuego. Pero además, señala que todas las cosas están en movimiento. De él, se suele recordar la idea de que no podemos bañarnos dos veces en el mismo río, para significar que la realidad fluye y que nada permanece igual, sino que hay un cambio permanente. En realidad, el fragmento de su obra que ha subsistido dice: “Para los que entran en los mismos ríos, corren aguas diferentes, y las almas son exaltadas de la humedad”.
La filosofía del movimiento es también una filosofía de la identidad. Todo es fenómeno de una misma realidad. Esta realidad no aparece cuando un fenómeno es aislado en un instante sino que, para comprender lo que es, hay que restablecerlo en la gran corriente del devenir que crea los fenómenos y los contiene, y fuera de la cual no hay nada.
Heráclito también se refirió al logos (discurso, relato, palabras, razón) como aquello que es eterno y común y que puede definirse como la ley del mundo en perpetua evolución que se conoce a través del lenguaje. Y pese a que es común, la multitud vive como si cada uno tuviera su propia inteligencia.

Los eléatas: Parménides y Zenón.

Parménides de Elea (sur de Nápoles), escribió un poema en hexámetros (versos de seis sílabas) del que quedan 155 versos. En él, el carro del poeta es conducido por las hijas del Sol hasta la encrucijada en la que se dividen las rutas de la Noche y del Día y en as que se abren las puertas que acceso a la Diosa, cuya voz es la de la verdad. Parménides sostiene que “lo que es, es y no puede no ser”.
Para Parménides, el conocimiento de la naturaleza implica dos caminos, el de la verdad y el de la opinión. Hay que elegir el camino de la verdad, aunque puede considerarse el camino de la opinión con la condición de hacerlo sin ilusión.
Zenón también era de Elea. Se refería a la flecha que no puede volar para significar la imposibilidad de pensar racionalmente la relación entre uno y lo múltiple.

Pitágoras.

Nació en la isla de Samos y para escapar de la invasión de los persas en Asia Menor, emigró a Crotona, sur de Italia, donde fundó una escuela que fue también una comunidad religiosa de reglas estrictas. Su nombre derivado de agoréuo, que tiene el sentido de “hablar en público”, parece más bien un sobrenombre y quiere decir “discurso en la pitia o pitonisa” que emitía el oráculo en nombre de Apolo de Delfos.
La mayor preocupación de Pitágoras es el orden religioso y teológico en relación con la creencia de la inmortalidad del alma. Era un apasionado de la aritmética y la geometría. Esa pasión está íntimamente relacionada con su preocupación teleológica: creó una “mística” de los números que no le impidió avanzar en la ciencia de los números y de las proporciones. Hizo de los números el fundamento de todas las cosas. Cada cosa es una armonía de los números y el número es una armonía de opuestos. A los pitagóricos debemos la idea de un “cosmos” como universo armoniosamente ordenado. Teorizó también sobre la música (fue el creador de la concordancia musical) y la cosmogonía, es decir, el origen del mundo. Tuvo asimismo ambiciones políticas, pretendía extender la búsqueda de la armonía moral que sostenía en su secta de iniciados a la ciudad griega en su conjunto.
A Pitágoras se lo señala como el creador de la palabra filosofía.

Empédocles de Agrigento.

Su pensamiento se ubica en el concepto de totalidad en el centro de sus preocupaciones. Se trata de una totalidad lógica y física que permite establecer una relación dialéctica entro lo uno y lo múltiple.

Anaxágoras de Clazomene

Fue el primero que asumió una posición clara respecto del infinito que relacionó con el “todo”.
Opinaba que la multiplicidad de los seres invita a considerar una fragmentación sin término; la división del ser va al infinito en el sentido de la pequeñez. A la inversa, en la composición de los seres, el infinito es considerado en el sentido de la grandeza. Así aparecen en Anaxágoras las dos nuevas nociones de infinitamente grande e infinitamente pequeño. Como consecuencia de ello, si se considera un ser determinado en relación con lo infinitamente pequeño, deberá considerárselo grande. En cambio, será pequeño en relación con lo que infinitamente grande. Por lo tanto, si lo infinitamente grande y lo infinitamente pequeño son dos conceptos fundamentales que constituyen el mundo, se deduce una relatividad fundamental de la experiencia.
Anaxágoras elaboró además el principio formal del intelecto o noús que permite determinar a los seres en este océano e indeterminación de lo grande o lo pequeño que es el todo, como medida de todas las cosas.

La escuela de Abdera: Leucipo y Demócrito.

En Abdera, ciudad de la isla de Thasos, desarrollaron sus ideas Leucipo y Demócrito. Ambos consideraban al ser como una multitud de cuerpos sólidos y al no ser como el vacío, receptáculo tan real como los átomos que en él se mueven.
Leucipo sostenía que si se afirma el ser por oposición al no ser, hay que dar al no ser una existencia tan sólida como la del ser. El ser está constituido por un conjunto de cuerpos materiales y el no ser es simplemente el vacío.
Demócrito es conocido como el filósofo que ríe perpetuamente. Los problemas que el planteó fueron la física atomista, la imagen del hombre como un microcosmos, la tesis moral de la tranquilidad del alma y del bienestar, el principio de la justicia medida y la preocupación política.
La realidad se descompone en lo que Demócrito denomina lo algo (den) y lo no algo (méden), es decir, lo vacío. Estas dos entidades existentes, los átomos y el vacío, son objeto de un conocimiento cierto (la verdad). En cambio, las cualidades, el gusto y los colores, lo claro y lo oscuro, lo frío y lo caliente, son el resultado de una convención; son puramente subjetivas y tienen que ver con la opinión.
La única cualidad del átomo es definida por el hecho de que excluye absolutamente el vacío. Es impenetrable, indivisible e impasible. Todos los cuerpos vivientes y materiales son el resultado de una combinación de átomos en el vacío.
Las preocupaciones de Demócrito por crear una teoría atomista y mecanicista de los fenómenos y del cambio son fundadoras de corrientes posteriores.

Los sofistas.

Como consecuencia de las transformaciones ocurridas en Atenas en el siglo V a.C., sus ciudadanos necesitaron usar la palabra como un arma fundamental en la vida pública de la polis. Así surgieron los sofistas, maestros del discurso y constructores de la verdad al mejor postor. Desde los lugares del mundo los griegos acudieron a Atenas, aunque sin establecerse en ella. Pasaban de una ciudad a otra, recogiendo aplausos y dinero.
Los sofistas enseñaban a los jóvenes atenienses a ser sabios (sophoi), es decir, a tener el conocimiento necesario para participar en los asuntos de la polis. Se representaban como maestros de sabiduría o de virtud, es decir, del arte de vivir, y como maestros de retórica, del arte de persuadir mediante el discurso.
Entre los sofistas figuran Giorgias de Leontinos, Hipias de Elide, Pródico de Ceos, Protágoras de Abdera, Antifontes y Sócrates.
Para los sofistas, la unidad es el criterio básico de la moral individual y pragmática. La moral no puede fundarse en ilusiones como una naturaleza humana definible, un orden del mundo exterior al hombre que lo incluye o más allá divino. Solo existen individuos y esos individuos sólo pueden tener opiniones.
Pero el individuo es un hombre de la polis, lo útil requiere un determinado consenso acerca de lo que es válido o lo que no es válido, existe o no existe. La creación del consenso se consigue mediante el dominio de la palabra y del arte de la retórica.
Lo que es útil a cada uno puede ser perjudicial para la polis. Si bien se exalta el individuo, ello no quiere decir que se haga lo mismo con el individualismo porque el éxito en la polis debe apoyarse necesariamente en un consenso provisorio.
Ya no se cree en los dioses de la polis. Todo queda ahora en manos de los hombres. Protágoras acuña la famosa fórmula de que el hombre es la medida de las cosas; de las que existen en tanto que existen; de las que no existen en tanto que no existen”. La realidad o irrealidad de las cosas y su modo de ser pueden determinarse solamente a travesee la representación que el ser humano hace de ellas.
No existe nada más allá de lo sensible; sólo las apariencias cambiantes percibidas o fabricadas por los sentidos. Por lo tanto, no puede existir ningún conocimiento verdadero. Como la verdad depende del sujeto, no existe una verdad que valga igualmente para todos los individuos. La verdad es relativa a cada uno de ellos, y a los diversos momentos y estados de los individuos. Cada uno tiene su verdad, provisional y cambiante.
Sócrates pasaba la mayor parte de su tiempo discutiendo en las calles, los gimnasios y los banquetes, suscitando la simpatía de muchos (ejercía una poderosa fascinación en sus oyentes) y una clara hostilidad en otros.
En sus enseñanzas empleos la ironía, la refutación y la mayéutica. El método de interrogación irónica y de refutación, hizo que lo compararan con una mosca por las preguntas y cuestionamientos insidiosos e infatigables que presentaba a sus interlocutores y discípulos. A través del método mayéutico (dar a luz el conocimiento) -que decía haber heredado de su madre, que era partera- pretendía dar a luz las mentes. Cada uno debía descubrir la verdad mediante la argumentación.
Si bien Sócrates fue un sofista, se opuso a ellos. Desdeñaba su vanidad, sus monólogos y sus pagos; pretendía seriedad en la argumentación, se interesaba por el interlocutor y buscaba la verdad (no en el juego de las palabras).
Lo acusaron de corromper a los jóvenes y de no creer en los dioses de la polis, fue sometido a proceso y condenado a muerte.
No escribió ningún libro. Todo lo que sabemos de su vida y sus ideas se lo debemos a Jenofonte, Platón y Aristóteles. Platón lo presenta en sus diálogos (Apología de Sócrates, Critón, Fedón, Banquete, Teeteto) como un maestro del pensamiento, el padre de la filosofía, capaz de despertar los espíritus a la reflexión gracias a la ironía y la mayéutica, el arte del diálogo y el cuestionamiento.
Lo esencial de la filosofía de Sócrates consiste en su fe en la razón con lo cual el ser humano puede alcanzar el conocimiento en sí y la felicidad.

Platón.

Su nombre era Aristocles pero lo llamaban Platón debido a sus hombros anchos. Provenía de una familia de la nobleza griega; su madre era descendiente del gobernante de Atenas, Solón quién dejó sin efecto las rigurosas leyes draconianas e introdujo una serie de reformas en la organización de la polis que precedieron a la reforma democrática de Clístenes.
En el 407 a.C. Platón conoció a Sócrates, quien sería su gran maestro y junto al que permanecería hasta su muerte en 399 a.C. Pese a las críticas que Platón formuló a los sofistas e incluso a Sócrates, éste tuvo una influencia innegable en el pensamiento de Platón.
Luego de la muerte de su maestro, Platón realizó una serie de viajes, en primer lugar a Egipto, y luego a la Italia Meridional y sucesivos periplos a Sicilia.
Fundó su propia escuela, la “Academia”, que recibió ese nombre porque estaba ubicada en un gimnasio, en las afueras de Atenas, dedicado a un héroe llamado Academo. Entre otros, Aristóteles estudió en ella.

Los diálogos de Platón.

Platón escribió diálogos en los que expuso sus ideas a través de los personajes. En ellos aparece Sócrates, otros sofistas y personalidades de la época.
Se clasifican en tres grupos:
Los diálogos tempranos, denominados también socráticos o aporéticos (de aporía, problema sin solución posible), se caracterizan por terminar en una dificultad y giran alrededor de una refutación. No establecen una doctrina. Entre otros figuran Apología de Sócrates, Critón, Protágoras, Laques, Cármides, Menón, Eutidemo y Cratilo.
En los diálogos de la madurez, aparecen la doctrina de las ideas y la doctrina del conocimiento o reminiscencia. El procedimiento argumentativo más importante es el empleo de hipótesis. Son fundamentalmente Fedón, República, Banquete o Simposio y Fedro.
Los diálogos tardíos, en los que el diálogo es menos intenso; son más metodológico y la figura de Sócrates está desdibujada. Ellos son: Teeto, Parménides, Sofista, Político, Filebo, Timeo y Leyes.
También se sabe por referencias de Aristóteles y Teofrasto (discípulo de Platón y Aristóteles), que Platón dejó un legado de enseñanzas no escritas que habría impartido en la Academia.

La doctrina de las ideas.

El eje central de la obra de Platón es la doctrina de las ideas. Por idea o “eidos” Platón entiende el aspecto, forma o el carácter común que tiene un conjunto de cosas cuando es aprehendido por la inteligencia. “Éidos” en griego significa “forma” o “configuración de algo”. Era la característica o forma común que puede ser aprehendida por el pensamiento.
Las ideas o formas son comunes a un conjunto de entidades universales. Son realidades verdaderas y únicas. Y, al mismo tiempo, son modelo o punto de referencia de las cosas sensibles, es decir, de aquellas que podemos percibir con los sentidos. Platón sostiene que las cosas sensibles son imágenes o copias de las ideas. Establece dos tipos de relación entre las cosas sensibles y las cosas inteligibles o ideas: una de participación o presencia y otra de imitación.
Con la doctrina de las ideas, Platón divide la realidad en dos mundos: el mundo de las ideas o o mundo inteligible y el mundo de las imágenes, apariencias o copias de las ideas o mundo sensible. En el mundo sensible viven los seres humanos. El mundo de las ideas está más allá de nosotros, es decir, es “trascendente”. Entre todas las ideas, la idea soberana es la de bien.
Entonces, para Platón el mundo o la realidad queda dividido en dos: el mundo inteligible o de las ideas, trascendente, y el mundo sensible o de las apariencias, terrenal, donde vivimos los humanos. Esta división de la realidad y el conocimiento será decisiva en toda la historia de Occidente y de la filosofía.

La doctrina del conocimiento o reminiscencia.

Reminiscencia o Anámnesis consiste en que el hombre cuando conoce recuerda aquello que el alma, antes de quedar presa en el cuerpo, contempló en el reino de las ideas. Platón emplea un mito para explicar esta concepción del conocimiento. El hombre es un ser caído que, al abandonar el reino de las ideas y atravesar el Río Leteo (del olvido). Al caer en el mundo sensible e “in-formar” un cuerpo, el alma, cada vez que ve una cosa, la reconoce y siente el dolor en sus muñones por el trauma de la pérdida. De ahí que conocer sea re-conocer por recuerdo o reminiscencia. Con el relato, Platón afirma que el conocimiento no es algo que proviene de afuera, sino que hay que buscarlo en nosotros mismos.

El filósofo rey.

Platón creía que los filósofos eran los más capacitados para gobernar la polis ya que eran ricos en virtud y sabiduría y habían contemplado la verdad. Sostenía que ellos estaban destinados a mandar, es decir, a ser gobernantes de una polis bien gobernada. Este sistema fue denominado sofocracia (gobierno de sabios) e influyó en muchas de las ideas políticas de Occidente hasta nuestros días para legitimar gobiernos elitistas, es decir, de pocos, que se consideran a sí mismo los mejores y más aptos para gobernar.

Aristóteles.

Nació en Macedonia, polis que había sido colonizada por los griegos. Viajó a Atenas y estudió con Platón. Diógenes Laercio cuenta que Platón llamaba a Aristóteles “la inteligencia”. Discrepó en gran medida con las ideas filosóficas de su maestro. Organizó y amplió el pensamiento filosófico heredado.
Filipo de Macedonia lo convocó como maestro de su hijo Alejandro Magno, a quién educó y que luego sucediera a su padre. Aristóteles regresó a Atenas que recibió el nombre de “Perípatos” (paseo), porque tenía la costumbre de enseñar paseando por los jardines. También recibió el nombre de”Liceo”, debido a que sus edificios eran vecinos a un pequeño templo dedicado a Apolo Licio.
Con la muerte de Alejandro Magno, se produjo en Atenas una reacción antimacedónica por lo que Aristóteles fue acusado de impiedad, es decir, de desconocer el poder superior de los dioses, y debió abandonar la polis.

Sus obras.

El “corpus aristotélico” se reúnen en los siguientes grupos:
  • Obras Lógicas que reciben el nombre de Organon (instrumento o herramienta) y comprende varios libros: Sobre las categorías, Sobre la interpretación, Primeros analíticos, Segundos analíticos y Tópicos y refutaciones analíticas; y los Tratados la Poética y la Retórica.
  • Obras de filosofía natural como la Física, El tratado del cielo, Sobre la generación y la corrupción y el tratado sobre meteorología; los tratados de psicología, de los cuales el más importante es Sobre el alma; y el conjunto de escritos menores denominados Parva Naturalia.
  • Escritos Metafísicos que comprenden un conjunto de catorce libros y que recibieron el nombre de Metafísica.
  • Obras sobre Ética y Política, de las cuales, las dos más importantes son la Ética Nicomaquea y la Política.
  • Tratados de Ciencias Naturales que compilan informaciones e investigaciones sobre tipos de animales y vegetales, cuestiones de naturaleza fisiológica, etc. Entre otros, figuran Historia de los animales, Sobre las partes de los animales, Sobre el movimiento de los animales y Sobre la generación de los animales.
  • Algunos fragmentos y títulos de obras perdidas de Aristóteles, en su mayor parte, diálogos destinados a divulgar su obra.
Aristóteles definió a la filosofía como la ciencia de las primeras causas o de los primeros principios de todo lo que hay, de la realidad. Señala que los Milesios, son los primeros en filosofar, cuando buscan el origen o arkhé de las cosas en los elementos naturales. Luego llega a su maestro Platón. Critica la separación que hace Platón entre una cosa y la idea que le corresponde, entre el mundo sensible y el mundo de las ideas, o entre una cosa y su sustancia o entidad. Para Aristóteles, una cosa no puede ser separada de su sustancia o entidad porque si está separada, no puede ser conocida ni explicada.
La filosofía se ocupa, además de las causas primeras de la realidad, de la sustancia. Entiende a la sustancia o ousía como “lo que es tanto que es”. Ousía significa la calidad de ser, el hecho de ser y no el hecho de ser esto o aquello determinado. Se puede traducir entonces como sustancia, entidad o esencia.
La sustancia puede entenderse de dos maneras:
  • como materia, es decir, como el sustrato primero de cada cosa, aquello de donde proviene y que permanece en ella; aquello de lo que la cosa está hecha; y
  • como forma, es decir, como determinación esencial de la cosa, lo que hace que sea lo que es.
Materia y forma hacen que la sustancia sea determinada, numéricamente uno, siempre sujeto de predicación y que no tenga contrario. Por ejemplo, en la fabricación de una silla de madera, se pasa de algo que es madera (materia) al objeto silla (forma).
Aristóteles denomina accidentes a las demás formas de la sustancia como la cantidad, la cualidad, la relación, el lugar, el tiempo, la posición, la posesión, la acción y la pasión.
Materia y forma muestran una perspectiva estática de la ousía, dejan de lado el movimiento. Introduce una dimensión dinámica de la entidad con los conceptos de potencia y acto. La potencia es la materia considerada dinámicamente, es decir, len sus posibilidades y el acto, la forma considerada dinámicamente, es decir, la forma consumada. Por ejemplo, en el caso de la silla de madera, el árbol es silla como potencia, es decir, como posibilidad de silla, pero, en tanto árbol, será solo árbol en acto.
Para conocer y explicar la entidad o sustancia. Aristóteles exige un fundamento intrínseco o “inmanente” a la intensidad misma. En este sentido, se opone a la “trascendencia” de las ideas o formas platónicas. Esta distinción entre inmanentismo y el trascendentalismo respecto del ente o la entidad tendrá consecuencias fundamentales en la filosofía, y dará lugar al idealismo y al realismo: las cosas son a partir de las ideas que las aprehenden o tienen una existencia propia independientemente del acto de conocimiento.

La ética.

Aristóteles dice que los actos del ser humano deben tender a un fin último o bien supremo que es la felicidad (eudaimonía). Las características más importante de la felicidad son que la elegimos por ella misma y nunca por otra cosa, y que consideramos a la felicidad como algo que se basta a sí mismo. Y que incluye en sí todo lo deseable en la vida. Según Aristóteles, la felicidad es una actividad del alma de recuerdo con la virtud (areté) y se alcanza en la vida contemplativa.

Aristóteles escribió dos obras éticas: la Ética eudemia y la Gran ética o Gran Moral.