La lectura y escritura nos hace entrar en el juego de poder participar en la propia experiencia para constituirnos como sujetos, la búsqueda de experiencia de saber quiénes somos, pero también de formarnos, de conocernos inmersos en un mundo, una sociedad, una cultura a la que pertenecemos. Es la posibilidad de llegar a ser o que se es en la búsqueda cultural que cada persona puede tener en un proceso interno donde se madura a través del contacto con el mundo, desarrollando un pensamiento crítico, reflexivo, ético y empático con el otro semejante. Poder narrar lo vivido, sumergirnos en la búsqueda de nuestra propia identidad, aprender a caminar o marcar un sendero como el caracol que va lento por la vida, pero dejando una huella de lo que somos. Y para poder leer y escribir necesitamos la escucha, el silencio, intimidad, de poder sacar todo afuera. Es un proceso de aprender a caminar a través de la experiencia vivida, es un viaje que aunque sea inconcluso, abierto, un viaje sin rumbo, sin saber a dónde se llega, aún resulta ser una agradable experiencia de aprender a ver y leer el mundo, de conformar nuestra propia identidad narrativa inmersa en un tiempo y espacio que se construye con lo que contamos, pero también con el aporte del relato de las personas que nos rodean (familia, amigos) que nos definen y determinan lo que somos.