Haciendo
filosofía aprendí a dudar de todo lo que leo, escucho, observo, de todo aquello
que aparece como una verdad incuestionable, de todo aquello que se normaliza,
naturaliza y se toma como cierto, porque detrás de cada verdad aparente fluye
una mentira encubierta dirigida a manipular nuestro pensamiento y es lo que
ocurre cotidianamente en los medios de comunicación, las redes sociales, en nuestra
sociedad, en nuestro trabajo. Estamos rodeados de mentiras de las que hay que
desconfiar, desmantelar, deconstruir. Debemos esmerarnos por buscar un método
que nos asegure la certeza, buscar reglas cuya observancia nos permita que
nadie tome nunca como verdadero nada falso.
Pero, ¿cómo empezar? Por las razones enumeradas, René Descartes en su libro “El discurso del método”, comenzó por la duda, no real sino metódica;
sin embargo, en cuanto más rigurosa es la duda más clara y evidente resultará
la verdad obtenida.
De esta manera se sumerge Descartes en la duda absoluta y a partir de ella
resulta la primera verdad encontrada en la afirmación: Cogito ergo sum, que
significa “pienso luego existo”.
Por mucho que dude, tengo que existir, pues yo dudo, yo me equivoco. En el acto
mismo de la duda se pone de manifiesto mi existencia, de lo contrario no podría
dudar, esta es la primera verdad no contaminada por mis sentidos ni por la
razón. Dice Descartes: “Yo soy, yo existo,
eso es cierto”. Pero, ¿cuántas veces? Solamente cuando pienso; porque podría ocurrir
que, si yo finalizo enteramente de pensar, termino igualmente de existir. Yo
soy, yo existo, es necesariamente verdad cada vez que lo pronuncio o que lo
concibo mentalmente”. Descartes agrega en su tercera meditación: “Soy
una cosa que piensa, es decir, duda, afirma, niega, conoce pocas cosas, ignora
otras muchas, ama, odia, quiere, no quiere y también imagina y siente; pues
aunque las cosas que siento e imagino no existan acaso fuera de mí y en sí
mismas, estoy, sin embargo, seguro de que esos modos de pensar residen en mí”.
Esta primera verdad en el método cartesiano es sumamente importante porque a partir
de ella se encuentra el criterio de otras verdades, es decir, el criterio para
distinguir de una vez por todas lo verdadero de lo falso, así como el punto de
partida para la construcción del método seguro y de la exactitud de las ideas
mediante las cuales se manifiestan las verdades Las reglas del método.
Brevemente, para no extendernos demasiado, podemos hacer una síntesis en la que
expresamos las reglas de método cartesiano a partir de las obras de Descartes,
sobre todo de El discurso del método.
Estas
reglas son las siguientes:
1. Regla de la evidencia: evitar los juicios precipitados y
los prejuicios. Sólo aceptar lo que se nos presente clara y distintamente como
verdadero. Percepción clara es para Descartes: la que se muestra presente y
manifiesta a una mente atenta. Distinta es aquella que siendo clara, se encuentra
tan separada y escindida de todas las demás que no contiene en sí, sino lo que
se muestra de modo manifiesto.
2. Regla del análisis: dividir cada
una de las distintas dificultades que examinaré en cuantas partes fuera posible
y en cuantas requiriese su mejor solución.
3. Regla de la síntesis: conducir
ordenadamente los pensamientos, comenzando por los objetos más simples y fáciles de conocer, para
ascender paulatinamente hasta el conocimiento de los más complejos.
4. Regla de la enumeración: hacer en
todos los casos recuentos integrales y revisiones generales que aseguren no
omitir nada.
