domingo, 29 de junio de 2014

Derecho Natural. Contractualismo. Hobbes, Locke Y Rousseau.


Los filósofos del derecho natural o iusnaturalistas son un grupo de pensadores del los siglos XVII y XVIII, que sostenían que hay una serie de derechos naturales propios de los seres humanos que todos poseemos. Creían en la razón como elemento que conformaba el universo, la naturaleza y la cultura otorgándoles armonía. Estos filósofos también fueron denominados contractualistas porque utilizaron la metáfora del “Contrato Social” para explicar y legitimar el surgimiento del Estado Moderno, esto es, la formación del Estado como resultado de un acuerdo de voluntades.

El primero de ellos fue Thomas Hobbes, después de hacer un minucioso estudio de la fisiología, las capacidades, los sentidos, la imaginación y la razón del hombre, llegó a la conclusión de que el ser humano es una realidad única e indivisible compuesto exclusivamente en partículas de materia. Y que su conciencia o alma se debe a los movimientos de partículas minúsculas en el cerebro. No hay por lo tanto, para Hobbes, división entre cuerpo y alma. Todo es materia que busca el placer y huye del dolor.

Por otra parte, para Hobbes, todos los hombres son, considerados en su conjunto, iguales por naturaleza. Señala que si bien , a primera vista, un hombre es más fuerte de cuerpo y otro más sagaz de entendimiento que los otros, el más débil tiene suficiente fuerza para matar al más fuerte por medio de artimañas o uniéndose al otro; de igual manera, la inteligencia puede adquirirse a través de experiencias.
Todos los hombres tienen en común, además, el hecho de valorar sus propios talentos y menospreciar los de los semejantes.
Esa igualdad de los seres humanos en cuanto a su capacidad, trae como consecuencia la igualdad de esperanza respecto del logro de los objetivos. Esto, sumado al egoísmo, la envidia y la ambición, también naturales del hombre, provoca que, si dos hombres desean la misma cosa y o pueden disfrutarla ambos, se transforman en enemigos.
El hecho de que los bienes de la tierra sean limitados, pone potencialmente a cada ser humano en una situación de deseo respecto de los bienes del otro. Como consecuencia para Hobbes, se llega a una situación de guerra potencial y real, una guerra de todos contra todos. El temor a la muerte y deseo de las cosas necesarias para una vida confortable hace que los hombres pacten entre sí para conformar las sociedades y los Estados. Es decir, que lo único que une a los hombres en sociedad es el instinto de conservación.
Al contrario del pensamiento de Hobbes, los otros contractualistas clásicos John Locke y Jean Jacques Rousseau,no creían que el ser humano fuera naturalmente egoísta ni que solo le importara su autoconservación.
En su primera parte de su Discurso sobre el origen de la desigualdad, Rousseau afirma que el hombre era originaria y naturalmente un animal puro y solitario que respondía a su instinto, sin más ocupación que satisfacer sus necesidades físicas. No era bueno ni malo y no tenía vicios y virtudes.
En la segunda parte, describe un estado intermedio entre la brutalidad de los tiempos primitivos y la civilización actual, que es el más feliz de todos, ya que los hombres gozaban libremente entre sí de las alegrías de la relación mutua. Pero con la división del trabajo y la propiedad privada, la igualdad natural entre los hombres desapareció y el hombre se volvió malo a causa de los explotadores del pueblo y al robo de los ricos.

De estas premisas parte Rousseau para elaborar su obra: El Contrato Social, es decir, el pacto entre los hombres que permita la instauración de un Estado o un pacto social que asegure la asociación de todas las personas para conformar una sociedad civil, y al mismo tiempo, que el ser humano conserve su libertad.
Para Hobbes, la libertad impulsaba al ser humano a desear abarcarlo todo y a violar la libertad de los demás. En cambio, para Locke y Rousseau, la libertad es la voluntad de decidir y actuar entre todos, dejando de lado los impulsos físicos y los deseos, en beneficio de la voluntad general. La libertad civil es entonces posible, si solo es libertad moral, libertad para todos que no viole los derechos de nadie, sino que por el contrario los defiende.

Para Rousseau, además, la piedad es un sentimiento natural del hombre que lo diferencia del resto de los seres vivos. A la vez que modela su egoísmo, contribuye a la conservación mutua de toda la especie. La piedad es la que moviliza al ser humano a ayudar a quien está sufriendo.