sábado, 28 de junio de 2014

El hombre Alienado. Carlos Marx.

Para Karl Marx, el hombre el sujeto real de carne y hueso, es un ser perfectible, un ser que siempre tratará de perfeccionarse y progresar. La imaginación y la creatividad del hombre son potencialmente infinitas. Sin embargo, en el momento en el que Marx escribe, se consolida el sistema capitalista y el desarrollo industrial. Los obreros que trabajan en las fábricas durante largas jornadas, pasan la mayoría de su tiempo encerrados y privados del sol, el aire y el cariño de sus familiares y amigos.
Lo que distingue al hombre de los animales es el trabajo, dice Marx, el hecho y la capacidad para usar la razón  y la imaginación para tomar un objeto de la naturaleza y convertirlo en algo nuevo, es decir, crear algo. Pero, durante el capitalismo, el hombre como obrero no produce algo nuevo, sino que produce en serie. No produce todo el objeto, solo una parte. Eso lo obliga a repetir durante horas y horas de la mayor parte de su vida, el mismo movimiento rutinario. En ese sentido, el hombre se confunde con la máquina, y por eso, una de las escenas que más significativamente  ejemplifica esta situación es una película tiempos modernos en la que Charles Chaplin está acostado sobre la cadena de montaje o sobre un reloj. El ser humano se transforma en un autómata, un robot doméstico útil y dócil.


El ser humano, en el capitalismo está alineado, dice Marx, es decir, “separado de”, “privado de”, privado y separado de sus facultades humanas, de la imaginación y la creación, de su voluntad y de sus deseos.
El artesano medieval podía verse reflejado en su obra, satisfecho de lo que había fabricado, el obrero no, es un desdichado en su trabajo. Crea un mundo de mercancías que no le pertenece a él, sino al capitalista, y que son el símbolo de las personas que lo explotan. Crea mercancías que después no podrá disfrutar ya que el salario solo alcanza para satisfacer sus necesidades vitales. El trabajo era, como en las cárceles, trabajo forzado. Por eso, en cuanto puede, el obrero huye del trabajo como huye de las enfermedades.

Dice marx: “En consecuencia, el obrero no se afirma en su trabajo, sino que se niega; no se siente cómodo sino desventurado; no despliega una libre actividad física e intelectual, sino que martiriza su cuerpo y arruina su espíritu… El obrero solo tiene la sensación de estar consigo mismo cuando está fuera de su trabajo, y cuando trabaja no se siente en su casa”. Es decir que se siente un animal cuando hace lo que es propio del humano: trabajar; en cambio se siente un ser humano cuando en su casa realiza actividades propias del animal: alimentarse, procrear y dormir.

Marx soñaba un mundo donde los seres humanos pudieran ser felices en lo que hicieran, donde cada uno pudiese ir y volver feliz a su trabajo y sentirse realizado.