miércoles, 24 de febrero de 2010

PRESIDENCIA DE SANTIAGO DERQUI.

BIOGRAFÍA.

 

Santiago Derqui, nació en córdoba, el 19 de junio de 1809, y era hijo de don Manuel José Derqui y de Doña Ramona Rodríguez. Curso sus estudios de derecho en esa Universidad, y concluyó la carrera en un solo año, recibiéndose de abogado en 1831. Su nombre empezó a figurar desde esa época, qué fundó con otros jóvenes el periódico titulado “El Narrador”, que sostenía la política Federal. En 1832, fue elegido Diputado a la Legislatura local bajo el gobierno de Reinafé, llegando a presidirla. El 8 de octubre, el Gobernador de Santa Fe, Estanislao López, dirigió una circular a las demás provincias consultándolas acerca de cuál sería la autoridad competente para juzgar al General Paz, que siendo Gobernador de Córdoba, había sido tomado prisionero por las fuerzas santafesinas. El asunto se discutió en la Legislatura, y Derqui se opuso a que fuera Juzgado por el gobierno de Córdoba, pues lo ejercía, en ausencia de Reinafé, el delegado don Benito de Otero, enemigo irreconciliable de Paz. Derqui consiguió el voto de la mayoría, y la causa quedó en Santa Fé. En 1833, fue designado profesor de filosofía y vicerrector de la Universidad. Como gozaba del favor oficial, al crearse la cátedra de Derecho Público, por decreto del 19 de febrero de 1834, le fue encomendada sin compensación alguna, y allí mientras explicaba el “Curso de Política”, de Benjamín Constant, se le oyó citar continuamente El Espíritu del Derecho y sus aplicaciones a la política de la organización de la monarquía constitucional, por Alberto Fritot. Dictó cátedra hasta 1836. Influyó después de Barranca Yaco en la designación de Sixto Casanova como Gobernador de córdoba en 1835, y lo sucedió por algunos días hasta que Manuel López, impuesto por Rosas, se hizo cargo del gobierno provincial. Derqui publicó “!”El Cordobés” hasta 1836, en que sufrió la prisión, y fue desterrado de Santa Fe, pasando luego a Corrientes convocado por Riera “para ver el modo de hacer la guerra a Rosas”. Esos años fueron de brava pelea, de campañas y de exilio. En 1841, junto con Manuel Leiva redactó” El Nacional Correntino”, cuyo primer número apareció el 25 de abril. Alejado de esa redacción, Derqui acompañó a paz, como Secretario en la campaña de Corrientes que culminó con la batalla de Caa-Guazú (28 de noviembre de 1841). Después Paz penetró con su ejército vencedor en la Provincia de Entre Ríos, de la que fue nombrado Gobernador, y a su vez, designó Ministro de Hacienda y Guerra al Doctor Derqui. Breve fue ese gobierno, pues contrariado por el de Corrientes que exigió el regreso del ejército, éste se disolvió, y el General Paz debió abandonar precipitadamente la Ciudad de Paraná, acompañado por su Secretario Derqui, buscando la incorporación de las fuerzas uruguayas que al mando de Rivera operaban sobre la costa del Uruguay. Luego Paz y Derqui se dirigieron a Montevideo donde el primero fue el Jefe de la Defensa. En 1844, ambos partieron con destino a Río de Janeiro.

Levantada otra vez Corrientes contra Rosas, el Gobernador Madariaga invitó a dirigirse a la Provincia, adonde llegó acompañado por Derqui.

El 7 de marzo de 1845, Paz lo designó enviado extraordinario ante el Presidente de Paraguay. Derqui propuso a éste una alianza defensiva y ofensiva contrario a Rosas, que pronto se firmó pero sin éxito inmediato. En ese año, junto con Leiva y Marcelino Pareja redactó “La Revolución”, uno de los mejores periódicos aparecidos durante la lucha contra Rosas, prédica que prosiguió en 1846, con “El Pacificador”. Disuelto el ejército Correntino, Paz pasó a Asunción con Derqui, y posteriormente a Río de Janeiro, donde permaneció hasta el derrocamiento de Rosas. Después de Caseros volvió con la emigración, y fue elegido constituyente a fines de 1853, en representación de Córdoba. Se incorporó al Congreso el 19 de febrero de 1853, del que fue elegido Vicepresidente 1º, y luego Presidente, cargo que desempeño hasta el 7 de marzo de 1854, fecha de la disolución de aquel cuerpo. Esa célebre Asamblea dió por concluida su misión con un Manifiesto dirigido al pueblo de la República, , cuya redacción se le atribuye. “Más que visión del futuro -ha dicho León Rebollo Paz”-, Derqui tenía noción del presente, y sobre todo, un conocimiento profundo de la realidad del país y de su tiempo”. Urquiza, que lo ha visto actuar en Santa De, lo nombró en 1854, primer Ministro de Justicia e Instrucción Pública, y desde noviembre del mismo año, del Interior; después habrían de quedar sucesivamente en sus manos las otras carteras del gabinete, con excepción de la Guerra y marina. “Talentoso, precavido y flemático”, será la semblanza posterior de Cárcano. Del Carril a cargo de la presidencia, por delegación de Urquiza, lo designó a Derqui el 11 de noviembre de 1858, para que presidiera la intervención de San Juan, después de la revolución que en esa Provincia se produjo contra Benavídez. Por fin, el 11 de noviembre de 1859, en San José de Flores quedó sellado el pacto de unión de Buenos Aires con la Confederación y la Provincia se dispuso a proponer las reformas constitucionales que la convención de 1860 ratificó como sanción legal definitiva del acuerdo. Es también esta la hora de la sucesión presidencial y Derqui, el único de los Ministros que cubrió todo el período presidencial de Urquiza, se enfrentó -descartada ya la candidatura de Del Carril- con Manuel Fragueiro, quien contó con el apoyo de Buenos Aires. Triunfó en la Asamblea por 72 votos contra 46; más difícil habría de ser la puja por la vicepresidencia, al no Obtener la mayoría ninguno de los tres candidatos, Marcos Paz, Juan Esteban Pedernera y Juan Pujol. El Congreso acordó finalmente su voto al segundo.

Derqui asumió la presidencia de la Nación en marzo de 1860; dos meses más tarde, Mitre se hizo cargo de la gobernación de Buenos Aires. Uno y otro se esfuerzan por salvar la paz, de los recelos que la desvirtúan. Juntos han peleado en Montevideo y unidos quieren imponer orden y progreso en la República; así, coinciden -a propuesta de Mitre. En la designación de Norberto de la Riestra como Ministro de Hacienda. Emilio Alvear irá a Relaciones Exteriores; José Severo Olmos, a Justicia, Culto e Instrucción Pública, y Benjamín Victorica, a Guerra y Marina.

Los veinte meses de la presidencia del Doctor Derqui son absorbidos por la urdimbre de los sucesos políticos y militares, que detallaremos más adelante. Trabado además por la escasez de recursos económicos, la actividad gubernativa se restringe en buena medida.

Anotemos, sin embargo, las promisiones de numerosos cónsules en el exterior, el interés por el arraigo de la línea de fronteras con el indígena, el estímulo a un viaje de exploración a través del Chaco emprendido por el capitán José María Arce, el arreglo de las postas en la Provincia de Jujuy, el trazado de un plano catastral del territorio federalizado, el establecimiento de la Municipalidad de Paraná y del Instituto Histórico y Geográfico de la Confederación Argentina. Entre los meses de febrero a septiembre de 1861 circula la “Revista del Paraná”, dirigida por Vicente G. Quesada, faena cultural de alto vuelo y de elogiosos ecos en el ambiente intelectual americano.

Urquiza es Gobernador de Entre Ríos. Se avanza todavía más en la pacificación, y el 6 de junio de 1860 Mitre envió a Vélez Sarsfield a Paraná y, con Victorica y Daniel Aráoz, se firmó otro solemne compromiso: que Cepeda sea una dolorosa cicatriz en la memoria Argentina. El 7 de septiembre, cuando la convención nacional sancionó en Paraná las reformas propuestas por Buenos Aires, Mitre le escribió al Presidente: “Ya ve usted que se acerca el momento solemne. La suerte presente y futura de la nación está pendiente de ese fallo, y una grave responsabilidad pesaría sobre todos si, por falta de prudencia de los hombres influyentes, se malograse una obra que cuesta ya tantos sacrificios”. Las reformas se votan. “Después -relata Rebollo Paz- vino lo imprevisible. El drama de Virasoro y el drama de Aberastain encresparon los ánimos y encendieron de nuevo pasiones; las pocas voces serenas que trataban de hacerse oír fueron ahogadas por el oleaje de las injurias y los vituperios. En ese clima, el arbitrario rechazo de los diplomas de Buenos Aires en el Congreso de 1861 era un suceso que no podía dejar de llamar la atención. Cualquier cosa se podía esperar”.

Sarmiento, amigo entrañable de Aberastain, levanta una vehemente polémica en la Legislatura; Buenos Aires responde también al reto. Es ésta, otra vez, la hora de las armas, y en Pavón se reencuentran los ejércitos. El 17 de septiembre Urquiza da por terminada la batalla, Derqui resiste y, todavía hacia fines de octubre, le insta a reanudar el combate. Es tarde. Pedernera asume provisionalmente la presidencia de la República “de la Nación Argentina”, el nombre oficial que Derqui le ha otorgado definitivamente por decreto de 1860. El 5 de noviembre de 1862, en el navío inglés “Ardent”, Derqui parte hacia Montevideo. Regresará durante la presidencia de Mitre, en la hora de la Paz interna en la cual muchos de los colaboradores del anterior gobierno han de ser llamados nuevamente a la función pública. Derqui se ha recluido ahora en Corrientes y allí pasará los últimos años de su vida. Murió en la mayor pobreza, el 5 de septiembre de 1857, y su cadáver quedó insepulto durante tres días. Estaba casado con Doña Modesta Cossio y Vedoya, de familia distinguida de la sociedad correntina. Sirvió a la patria con dignidad y sacrificio en la más alta magistratura. Ramón J. Cárcano dijo de él, que era un “espíritu sagaz y penetrante, apasionado y combativo, perseverante y enérgico, decidido y generoso, cuando le movía una ambición; escéptico y frío, indiferente y abandonado, contradictorio e intermitente, cuando se aflojaban sus resortes interiores y la decepción le dominaba. En este estado de su alma, mantenía, sin embargo, los prestigios que temprano supo conquistar, por la simpatía personal que siempre inspiraban los atractivos de su ingenio y su trato de hombre gentil. “En su despreocupación moral, el éxito para él no tenía restricciones cuando era necesario alcanzarlo”. Lucio V. Mansilla lo retrató del modo siguiente: “...Era una cabeza algo esférica, faz guarnecida de cabello fino, lacio, castaño oscuro, cano ya; de tez blanca, sanguínea, con lustre...”. sus restos fueron trasladados a Corrientes, el 11 de octubre de 1916, conservándose en la iglesia de la Cruz del Milagro, en una urna de rica madera con el escudo argentino tallado: ha sido declarado lugar histórico.

 

LAS REFORMAS A LA CONSTITUCIÓN NACIONAL.

 

De acuerdo con las cláusulas del convenio de San José de Flores la Provincia de Buenos Aires. reúne una convención con el fin de examinar la Constitución Nacional. En el curso de once sesiones se aprueba un plan de veintiséis reformas a otros tantos artículos. Se aspira en general a un federalismo más efectivo; a un amplio ejercicio de ciertas libertades; a unificar el régimen aduanero y a la mejor organización judicial. Se rechaza la federalización de Buenos Aires y se dejan a salvo poderes particulares de la Provincia.

 

NUEVOS AGRUPAMIENTOS POLÍTICOS.

 

A partir del segundo período presidencial, el juego político se desenvuelve en torno a tres personalidades: Santiago Derqui, Justo J. De Urquiza y Bartolomé Mitre. El primero se halla al frente del Poder Ejecutivo Nacional. El segundo pasa a ser Gobernador de Entre Ríos, luego que esta Provincia recobra el goce de sus instituciones en 1º de mayo de 1860. En cuanto a Mitre, tras desempeñar el Ministerio de guerra local, es electo cinco días después Gobernador de la Provincia de Buenos Aires. Es, además, Jefe del partido liberal, que reúne a elementos jóvenes y aspira a extenderse por todo el país en rivalidad con el antiguo partido Federal agrupado alrededor del Jefe entrerriano. Fuertes núcleos le corresponden desde ya en córdoba, Tucumán y Santiago del Estero.

En un principio, Derqui se empeña por ligarse doblemente a Urquiza, al designarlo general en Jefe del ejército de línea y al confiar el Ministerio de Guerra a su yerno, Benjamín Victorica. El general Mitre invita a uno y otro a celebrar juntos la efemérides del 9 de julio. Los tres personajes presiden en Buenos Aires promisorias demostraciones de fraternidad, una de ellas cumplida en la sede de masonería. Desde entonces se observa en el Doctor Derqui su afán de entenderse con el dirigente porteño y un correlativo desapego con su antecesor. El 17 de octubre comunica aquél su anhelo de “...gobernar con el partido liberal donde están las inteligencias” y su designio de propender a “...darle mayoría parlamentaria”.

Los nombramientos de Norberto de la Riestra y Francisco Pico -sugeridos por Mitre- en los ministerios de Hacienda y Relaciones Exteriores; la cesantía de los miembros de la Suprema Corte y el ascenso a Brigadier del vencido en Cepeda. Hasta piensa constituir un gabinete exclusivamente con miembros del partido liberal.

Tales disposiciones provocan un obvio distanciamiento con el señor de San José, cuyo hijo político renuncia a la cartera de guerra. Con el fin de paliarlo, el General José María Francia, sucesor de Victorica, insinúa una entrevista en la suntuosa residencia de campo. El 11 de noviembre vuelven a reunirse Mitre, Derqui y Urquiza. En la feliz circunstancia, Mitre entrega al dueño de casa el bastón de mando de los gobernadores del Estado bonaerense, manifestándole justicieramente: “Gracias a vuestro patriotismo y magnanimidad la Provincia de Buenos Aires es parte integrante de la república; su Gobernador no poseerá más este bastón que señala la época de la segregación. Os toca conservar esta prenda de seguridad como una conquista que habéis hecho”.

 

LA CUESTIÓN DE SAN JUAN.

 

Producida la muerte del General Benavídez y tras la destitución del Gobernador Gómez, ocupa la primera magistratura de la Provincia de San Juan el coronel José A. Virasoro. Oriundo de Corrientes, su candidatura triunfa gracias al auspicio de los comisionados federales. La calidad de extraño al medio, y al hecho de ser impuesto por la presión oficial, obraron de consuno a malquistarle las simpatías generales. Pronto se organiza una compacta oposición inspirada por el doctor Antonino Aberastain. Desde Buenos Aires coopera el partido liberal con poderosos recursos económicos y una ininterrumpida campaña periodística. Sarmiento contribuye con un violento alegato bajo el título de “El tirano José Virasoro”.

El 16 de noviembre de 1860 Urquiza, Derqui y Mitre, reunidos en San José, escriben una corta colectiva sugiriéndole a Virasoro la renuncia al cargo, con el propósito de evitar mayores desafueros. Pero en el mismo días es ultimado en su propia casa, junto con varios de sus íntimos. Aberastain asciende al gobierno de la Provincia.

El crimen quiebra bruscamente la fugaz armonía alcanzada. El Presidente Derqui resuelve intervenir San Juan. Nombra al efecto al Gobernador de San Luis, coronel Juan Saá, al que secundarán miembros de la comitiva de Mitre. Por su parte, Urquiza apremia por drásticas medidas, censurando simultáneamente dichos nombramientos.

Al saber el arribo del interventor, Aberastain se dispone a resistir. Se atrinchera en la rinconada del Pocito, donde el 11 de enero de 1861 sufre completa derrota. Hecho prisionero, se lo fusila al otro día por orden de un oficial subalterno. Su muerte desata controversias. Mitre ve reanudada la guerra civil; Sarmiento fulmina inmediata venganza. Urquiza condena el asesinato e insta a Derqui por el castigo de los culpables. El Presidente, pro el contrario, cree que el coronel Saá ha cumplido con sus instrucciones, ante cuyo juicio los Ministros porteños Pico y Riestra abandonan sus carteras y se alejan de Paraná.

El Gobierno de Buenos Aires censura el atentado en público manifiesto, lo recrimina ante el Ejecutivo Federal e incita a los gobiernos de las provincias a proceder en consecuencia. En repuesta, el de Entre Ríos niégale derecho a debatirlo, calificando de inoportuno el planteamiento: “Bajo cualquier aspecto, pues, que se quieran mirar los lamentables acontecimientos de San Juan, no son de aquéllos que amenacen a la sociedad entera de un desquicio completo en los principios, y en las leyes que la constituyen”.

De igual temperamento participan los gobiernos de Santa Fe, Córdoba, La Rioja, Catamarca y Corrientes, en tanto los de Tucumán, Santiago del Estero, Salta y Jujuy aplauden la temeraria actitud bonaerense.

En su descargo, el Ministro del Interior José S. De Olmos asienta el recto principio legal: “Los Gobernadores de Provincia en calidad de tales, no pueden censurar los actos del Gobierno Nacional, ni discutir sobre ellos sino en la parte que tenga relación inmediata y directa con los derechos peculiares de sus respectivas provincias, tesis rechazada por el aludido en nota de 21 de febrero. La disputa pone a prueba los vínculos entablados, a los que poderosas razones políticas sostienen todavía. Así lo aclara el General Mitre a José Posse, su corresponsal den Tucumán.

En cambio, Urquiza es objeto de procaces ataques en la prensa porteña al tiempo que, por la vía epistolar, polemiza sobre la tempestuosa actualidad con el Gobernador de Buenos Aires.

 

LA INTEGRACIÓN DEL CONGRESO NACIONAL.

 

Una de las reformas sancionadas en la convención nacional ad hoc exige que los miembros del Congreso sean nativos de las provincias representadas o con dos años de residencia inmediata en ellas. De esa manera se concluye con la anomalía de los denominados sarcásticamente “alquilones” por la prensa porteña, o sea la de tantos refugiados que encontraron en Paraná un puesto afín con sus inquietudes públicas. El Presidente Derqui se apresura a eliminarlos por el decreto del 26 de octubre de 1860. Al convocar extraordinariamente al Congreso Federal para el 1º de abril próximo, de acuerdo con los artículos 11 y 12 del convenio del 6 de junio, es decir, con el fin de incorporar a los representantes de la Provincia de Buenos Aires, recomienda a los gobernadores el reemplazo de los Diputados y Senadores carentes de aquel requisito. La retroactividad atribuida a la enmienda implica la destitución lisa y llana de dieciséis legisladores en ejercicio.

El referido decreto, al avanzar sobre las facultades del Poder Legislativo -único Juez de la elección de sus miembros-, encuentra gran resistencia. El Gobernador de Corrientes, presbítero José M. Rolón, se niega ostensiblemente a cumplirlo. Urquiza intercede ante el Presidente Derqui haciendo un llamado a la cordura del mandatario, que transforma el entredicho en punto de amor propio.

Frente a la posibilidad del rechazo, Mitre amenaza con atenerse al convenio de junio: “...quedaríamos... medio incorporados y medio independientes, sin que las leyes que dicte el Congreso sean obligatorias para nosotros, pues la de aduanas” (que es la principal) y demás leyes de comercio no pueden dictarse sin nuestro concurso. Derqui le asegura vencer la resistencia de Urquiza. Pero ninguno de ellos, ni el Ministro británico Eduardo Thornton, logran que el Gobernador de Entre Ríos abandone sus puntos de vista. Sólo promete abstenerse de toda actividad en contrario.

El conflicto se dirime en el recinto del Congreso. El 5 de abril de 1861 el senado declara la inexistencia de vacante alguna de su seno a mérito de la reforma constitucional. En la otra cámara el debate comienza el día 4, en que se lee la nota de protesta de los Diputados de Buenos Aires, que no fueron citados a la sesión. Se les exige presentar los respectivos diplomas o poderes. Dos días más tarde los diputados responden que bastan las actas y registros de las elecciones. Cuestionan la composición  actual del cuerpo, por lo cual la cámara reproduce el dictamen del Senado acerca de las vacantes. El 7 de abril se desaprueban dichas elecciones por violar el artículo 37 de la Constitución Nacional y la Ley del 4 de julio de 1859, que consideran a cada Provincia distrito electoral único. La diferencia es notoria según el informe de la comisión.

El precedente veredicto lo achaca el Ministro británico a la poca firmeza del Presidente Derqui, mientras los rechazados lo imputan al ascendiente de Urquiza sobre los legisladores.

El Poder Ejecutivo Bonaerense invoca un acuerdo verbal con el Presidente Derqui en el sentido de realizar las elecciones según la Ley provincial. Alega además el derecho de no observar una Ley del Congreso sancionada sin su participación. Y se niega a repetir los comicios.

 

RUPTURA DE HOSTILIDADES.

 

Desconcertado por la reacción de sus ocasionales amigos, el Presidente Derqui vuelve ahora en busca del apoyo  de su antecesor. Urquiza pasa por alto las recientes veleidades y se lo depara generosamente, dispuesto a apuntalar la tambaleante autoridad nacional.

Medidas hostiles se precipitan por una y otra parte, el Congreso declara el estado de sitio en Córdoba y San Luis, Provincias donde está a punto de estallar la lucha; otorga pensión a la viuda del Coronel Virasoro y rehusa a los nombramientos de Sarmiento y Mariano Balcarce en la diplomacia. El gabinete aprueba la conducta “altamente meritoria” del coronel Saá, encomienda al coronel Ricardo López jordán defender la Ciudad de Rosario de un amago de invasión por el sur, y a Urquiza, organizar el ejército nacional. Se ordena, en fin, al gobierno bonaerense desmovilizar las fuerzas reunidas en Rojas, orden que se desacata.

Mitre despacha el 1º de junio al coronel Marcos Paz con la misión de preparar la resistencia en el interior. Cierra en el mismo día su correspondencia con el Doctor Derqui, no sin instalarlo antes a adoptar una firme postura en salvaguardia de su autoridad. Este la asume, por cierto, pero ubicándose en muy opuestas filas. Marcha a la Provincia de Córdoba resuelto a quitar sus posiciones al partido liberal; se encarga allá del gobierno de la Provincia el 15 de junio en carácter de interventor y forma un fuerte ejército, que ha de enfrentar a la liga del Norte, encabezada por el coronel Rojo. Detiene, por último, al coronel Paz, remitiéndolo preso a Paraná.

Sabedor de la falta de recursos económicos y militares. Urquiza alienta la esperanza de un arreglo pacífico. Logra convencer al Doctor Derqui de la conveniencia de aceptar los buenos oficios de los Ministros de Francia e Inglaterra, aunque no obtiene igual acogida entre los legisladores. Un grupo intransigente impone la Ley del 6 de junio. Por ella se autoriza al Poder Ejecutivo Nacional a intervenir en la Provincia de Buenos Aires, a cuyo gobierno se califica de sedicioso, por haber roto los pactos del 11 de noviembre de 1859 y del 6 de junio de 1860.

A espaldas del Anterior Mandato, Derqui y Urquiza Mantienen conferencias con los emisarios bonaerenses a bordo del buque inglés “Oberon”, en el puerto de Las Piedras. Rotas las negociaciones se empeña la lucha definitiva. De regreso al campamento de Grondona, Urquiza conoce los hilos de un vasto complot urdido por los amigos de Derqui, descubrimiento que le desazona en extremo, sintiéndose traicionado. En tal calamitoso estado de ánimo acude al campo de batalla de Pavón el 17 de septiembre de 1861, moralmente vencido de antemano. Triunfa el ala derecha de su ejército sobre la caballería bonaerense, pero dispersadas las columnas del centro y de la izquierda, opta por retirarse salvando las divisiones entrerrianas. Desde Diamante pide que lo revelen del comando. Explícale al Presidente Derqui: “Ud. Es testigo de cuánta repugnancia tenía yo de hacer esta campaña; el encarnizado combate que presencié, me disgustó en extremo; enfermo desde que empezó la campaña, pues me levanté de la cama para la marcha y combate de todo el día, las falsas noticias que recibí, la desmoralización que he presenciado y que no me es dado soportar, todo me decidió a retirarme”. Su `plan se concreta ahora a la defensa del gobierno nacional en la Provincia de Entre Ríos, una vez restablecida su salud, si bien desatiende insistentes ruegos por el retorno a la actividad. Uno de sus planes radica en el papel de la escuadra, lamentablemente desprovista de víveres y de combustible.

 

RECESO DEL GOBIERNO NACIONAL.

 

Dueño del campo de batalla, el ejército bonaerense avanza hacia la Provincia de Santa Fe. En conocimiento del abandono de la Ciudad de Rosario por el Presidente Derqui, quien se encamina hacia Coronda, Urquiza comprende la inutilidad de la resistencia. Entra entonces en negociaciones de paz con el general Mitre. Falto de poder, el Doctor Derqui comunica al Vice Presidente Pedernera su renuncia, ausentándose a Montevideo a bordo del buque inglés “Ardent”. Mr. Thornton habría influido en la insólita decisión.

El gabinete porteño pretende la caducidad de los poderes nacionales y de la Constitución Nacional, obstaculizando el entendimiento directo entre Urquiza y Mitre. Por ello el Gobernador de Entre Ríos se adelanta resuelto a toda iniciativa. El 28 de octubre pide el cese de las hostilidades. Hondo estoicismo alienta en su nueva postura.

En el plan Mitre se contempla el dominio sobre Santa Fe y Córdoba y muy en particular sobre la aduana de Rosario; la neutralización de Corrientes y Entre Ríos y la convocatoria de un nuevo Congreso tras destituir a las autoridades existentes. Habiendo pasado el general Pedernera a ejercer la presidencia de la república, quiere el veterano guerrero delegar en Urquiza el alto cargo. La idea cuenta con el auspicio de los Ministros extranjeros, más trasmitida a Mitre por el intermedio del Doctor Martín Ruiz Moreno, se la impugna al instante. Ante el rechazo, Urquiza debe mostrar a sus comprovincianos la conveniencia de una rápida paz. Días antes en Cañada de Gómez se habían presenciado extremos de crueldad y de terror.

Si los intereses generales lo requirieran, él se retiraría de la vida pública. Sabe que su gesto provocará juicios contradictorios, pero la envergadura del objetivo entrevisto le estimula en su emprendimiento.

La Provincia de Entre Ríos, por Ley del 1º de diciembre, declara terminada la guerra, reasumiendo su soberanía “...hasta tanto que reunidas de nuevo las Provincias Argentinas bajo la Constitución Federal jurada, cuya fe guarda, se encuentre la nación en estado de completa paz y quede garantido el cumplimiento de aquella. En una circular dirigida a los gobiernos del interior se explica la imposibilidad de continuar resistiendo por la absoluta falta de recursos del gobierno nacional. Ni siquiera se puede contar con la escuadra, pues uno de los jefes  -Luis Cavassa- deserta, sobornado por los contrarios. Hasta se hipoteca el edificio de la casa de gobierno de Paraná.

El día 2 se reglamenta la Ley anterior. Un Jefe político ha de regir la Ciudad que fuera sede de las autoridades federales. A él se entregarán los archivos y demás pertenencias administrativas, determinación que sella el destino del gobierno nacional. Al conocerla, después de varios días de expectativa, el Vice Presidente Pedernera y los Ministros Nicanor Molinas, José S. De Olmos y Vicente del Castillo deciden poner fin a su cometido. Los consternadores considerandos del acuerdo del 12 de diciembre de 1861 trasuntan la singularidad de la emergencia.

Conclúyase por decretar el receso “...hasta que la Nación reunida en Congreso en la forma que estimare conveniente dicte las medidas necesarias a salvar las dificultades que obligan al Gobierno a tomar esta disposición....”

Cuatro días antes, el Gobernador Rolón es depuesto en Corrientes, en tanto Mitre se apodera de Santa Fe el día 5 y despliega enseguida fuerzas sobre Córdoba al mando del General Paunero, quien ha de proceder a cambiar por completo el cuadro político de esa Provincia.

El 19 de diciembre la Legislatura cordobesa emite un violentísimo manifiesto contra el gobierno de Paraná, documento al que han de seguir los de otras provincias -Santa Fe, Jujuy, etc.- igualmente condenatorios de las entidades caídas.

 

ÚLTIMAS DERIVACIONES DE LA BATALLA DE PAVÓN Y GOBIERNO INTERINO DE MITRE.

 

Bartolomé Mitre acepta la paz ofrecida por Urquiza. La reorganización ha de partir, empero, de principios totalmente opuestos a los imperantes hasta el momento de la crisis. Por sus avances en Santa Fe y en Córdoba, por el cambio operado en Corrientes, aquél cree poder adjudicarse la mayoría de la opinión. Bajo tal concepto exige la entrega de la escuadra y de los archivos, y sin esperar respuesta, apenas se entera del desarme de las unidades, se apodera de los barcos en la víspera de la Navidad.

Con gran altruismo y visión a la par, Urquiza reconoce a su adversario, veinte años menor de edad, “el derecho y la aptitud” de encabezar la nueva etapa en la vida del país. Deslinda su responsabilidad en la caída de un gobierno al que Mitre mismo contribuye a también a sostener y enuncia una vez más el todavía inaccesible ideal: “...una política de orden, de unión, de fraternidad, bajo el imperio de la libertad y de la Ley, corresponden a quien ha luchado con más esfuerzos que fortuna a fundarla permanentemente para el país”. “Deseo esa fortuna a otros con sinceridad, para que recaiga con ventaja en beneficio de la felicidad y prosperidad de mi patria”.

“En la esfera que me toque, cumpliré el deber de cooperar con la abnegación y desinterés a cuanto pueda convenir al bien de la Provincia en particular y de la República en general, sin empeño en que se aprecien mis servicios, esperanza que se ha hecho vana por mi larga experiencia, pero satisfecho de propender al bien por el bien mismo.

Renunciamiento que no basta aún. El Gobernador de Buenos Aires discute al de Entre Ríos el derecho a reivindicar el territorio federalizado, a retener las aduanas y archivos nacionales, a reclamar preferencia en el pago de la deuda. En fin, le insinúa el retiro de la vida pública, exigencia que la Legislatura entrerriana considera agraviante, prohibiendo toda disputa sobre el punto. Frente a la amenaza implícita, una Ley del 16 de enero de 1862 autoriza al Poder Ejecutivo Nacional a “...usar de todos los elementos de que pueda disponer la Provincia para garantir sus derechos, su orden y seguridad”. Notas cambiadas poco antes con el gobierno de corrientes, plantean en precaución la necesidad de la marcha uniforme de las dos provincias del Litoral, cada una de las cuales ha reasumido su soberanía particular.

Es preciso una última gestión confiada al tacto del Doctor Salvador del Carril con el fin de zanjar el entredicho. El ex Vice Presidente trasmite un altivo mensaje de su compañero en el gobierno de la confederación:

El Sr. Mitre y todos los argentinos deben saber que el General Urquiza no esquiva la responsabilidad de su vida pública, y que está  resuelto a ser víctima indefensa de las facciones políticas en su patria, antes que resignarse a llevar la deshonra de ella y su propia vergüenza al extranjero.

Concreta su embajada en sencillas palabras: “yo vengo a pedir a V.E. declare: Que el Gobierno y el Pueblo de Buenos Aires están en paz con la Provincia y Gobierno de Entre Ríos, y que la gloria y la quietud del vencedor de Caseros quedan bajo el amparo del honor de la Nación y con sujeción a sus leyes”.

Garantía necesaria en momentos en que arrecian los ataques de los diarios porteños contra la fama del organizador de la República. Aunque Mitre no se apee de sus exigencias respecto a la salida de Urquiza del escenario político, las seguridades de paz ofrecidas a la  Provincia, deciden a la Legislatura  de Entre Ríos a conceder la autorización requerida. En consecuencia, un decreto del Gobernador Urquiza y los Ministros Luis J. De la Peña y José María Domínguez faculta al Gobernador de Buenos Aires “...para que a la brevedad posible proceda a la convocatoria e instalación del Congreso Nacional legislativo nacional con arreglo a la Constitución Nacional reformada”.

Estamos a 28 de enero de 1862. Han transcurrido, pues, cuatro largos meses desde el encuentro de los ejércitos de Pavón. Las demás provincias, siguiendo el camino abierto por Córdoba el 19 de diciembre último, otorgan en distintas fechas de los meses de febrero y marzo análoga facultad al General Mitre, ampliada con las inherentes a un Poder Ejecutivo Nacional interino, el conjunto de cuya autoridad éste acepta el 12 de abril de 1862. Simultáneamente, sendos movimientos subversivos, apoyados los más por las fuerzas expedicionarias del General Paunero y sus comilitones, trastruecan los cuadros políticos del interior. El partido liberal domina todas las posiciones, salvo en Entre Ríos. La Provincia que tuvo iniciativa final en la lucha contra la dictadura de Rosas pierde el papel primordial de que disfrutara durante una década, y el centro político del país retorna definitivamente a la antigua capital del virreinato del Río de la Plata.