Encontrar
una definición precisa y definitiva, que abarque todo aquello que
significa Estado, es una tarea dificultosa, y es una
preocupación de filósofos y politólogos.
Las
relaciones político-sociales que moldean al Estado son
múltiples, diversas y muy cambiantes a lo largo del tiempo; esta
complejidad dificulta la posibilidad de establecer una definición
breve del concepto. Por otro lado, cualquier definición que se
alcance no podrá ser única, aunque siempre hay una forma de
interpretar la realidad de acuerdo con los intereses de la persona
que está realizando el análisis y construyendo la definición.
Una
de las maneras de definir el Estado es como institución de
dominación.
Puede
definirse al Estado como una institución de dominación
política en una sociedad que está territorialmente delimitada. El
Estado es una institución porque perdura a lo largo del tiempo: los
medios que utiliza para ejercer la autoridad y la administración
(las leyes, el sistema de justicia, la administración pública, las
Fuerzas Armadas, la división de poderes, etc.), aunque puede
adquirir formas diversas o nuevas, tiende a ser continuos en sus
características y funciones principales.
La
dominación puede ser entendida como la capacidad que
tienen algunos sujetos o grupos para imponer regularmente su voluntad
sobre los otros. El
Estado implica una instancia de dominación porque lleva adelante
funciones de control y orden, es decir, personas o grupos de personas
logran imponer su voluntad sobre otras personas o grupos. No existe
un orden dentro de una sociedad con el que todas las personas estén
de acuerdo ni que favorezca a todos por igual. Por el contrario: la
manera en que se organizan y ordenan las sociedades es resultado de
las voluntades que unos imponen sobre otros e implica siempre alguna
forma de dominación.
La
dominación política del
Estado es diferente a otros tipos de dominación como la dominación
económica, basada en el control sobre los recursos económicos. El
carácter político de la dominación del Estado proviene del hecho
de poseer el control de
los medios de coacción física
dentro de un territorio delimitado. Para
ejercer sus funciones de orden y de mando sobre la sociedad, para
defender el territorio y hacer cumplir las leyes, El Estado puede
recurrir al uso de la fuerza física como último recurso que
respalda su autoridad (lo hace a través de las fuerzas de seguridad,
como la Policía, las Fuerzas Armadas, la Gendarmería, etc.). Sólo
el Estado puede hacer uso de la fuerza legalmente, por eso se puede
decir que el Estado posee el monopolio de la coacción física,
dentro del Territorio
Nacional. Fuera de los
límites territoriales el Estado no tiene la posibilidad de aplicar
la fuerza para exigir que se cumplan sus leyes porque allí operan
otros Estados. Por ejemplo,
el Estado argentino puede hacer valer su ley dentro de su territorio
nacional, inclusive utilizando la fuerza física para imponerla sobre
quienes no quieran cumplirla, pero no puede hacer lo mismo en
territorio uruguayo, chileno o paraguayo porque en esos espacios
tienen atribuciones los otros Estados recién nombrados.
Las
categorías de control dominación u orden indican relaciones
entre sujetos
individuales o colectivos. En cualquier forma de dominación existen
personas y grupos que actúan y establecen relaciones con otros. El
estado da formato a esas relaciones sociales pero, al mismo tiempo,
es producto de ellas. El Estado no es un sujeto real, con voluntad y
vida propia, sino un conjunto de relaciones entre sujetos que se
desenvuelven en una determinada sociedad y a partir de sus
desenvolvimientos conforman el Estado. Así como el Estado controla y
ordena las acciones de las personas, también las acciones de las
personas le dan vida y forma al Estado.
Cuando
se habla de Estado se habla de una relación social. Y dado que toda
relación social es histórica, el
Estado también tiene una exigencia histórica: surge, se desarrolla
y cambia a través del tiempo.
Durante
la Edad Media no existía el Estado con las características y
funciones que en la actualidad se le reconocen. El Estado Moderno tal
cual lo conocemos hoy es el Estado
Capitalista, que se
inicia con el surgimiento del capitalismo.
En el Medioevo las organizaciones políticas como -la Iglesia, los
señores feudales, los militares o los nobles o propietarios de
tierra- no
lograban concentrar en sus manos la coacción física como lo hace el
Estado moderno actual, sino que cada institución medieval detentaba
una pequeña porción de poder en territorios que no siempre estaban
determinados con precisión. La transición del feudalismo al
capitalismo produjo el surgimiento del Estado moderno a partir de un
proceso de concentración de los medios de coacción física
que pasaron a estar depositados en una sola institución -el Estado-.
EL
ESTADO CAPITALISTA.
A
fines del siglo XVIII, en Europa se produce la Revolución Industrial
que terminó de definir el proceso de transformación que en algunos
países había terminado con el feudalismo para pasar al capitalismo.
La
transición del feudalismo
al capitalismo no ocurrió
de un día para otro, sino que se dio a través de un paulatino
proceso de cambios destinados a privilegiar la producción industrial
y el comercio internacional. La aparición y el desarrollo del Estado
moderno fue parte del mismo proceso de transición. Desde entonces,
la existencia del Estado no puede separarse de la existencia del
capitalismo: como dos caras de una misma moneda.
La
industrialización estructuró las sociedades en torno a la propiedad
privada de los medios de producción: por
un lado los capitalistas o burgueses,
propietarios de las fábricas, máquinas, insumos y capital
financiero necesarios para la producción; por otro lado, los
trabajadores o
proletarios, que solo
disponen de su fuerza de trabajo para ofrecer a los capitalistas a
cambio de un salario. Esta diferencia en las posesiones genera una
relación de dominación económica y social.
La
industrialización provocó una nueva organización de la sociedad
asentada en dos clases sociales que generó nuevos conflictos,
propios de a división social. El capitalismo permite que los
propietarios de los medios de producción exploten a la clase
desposeída al apropiarse de la mayor proporción de los beneficios
que produce el trabajo humano. Las dos clases, trabajadores y
capitalistas, colaboran en el proceso productivo y en la generación
de riqueza, pero los beneficios que producen en conjunto distribuyen
de manera desigual, que produce conflictividad desde sus orígenes
caracterizado por el capitalismo generando tensión en esa relación
de explotación por parte del capitalista hacia el trabajador. En
este esquema, el Estado tiene
la función de ejercer una dominación política capaz de preservar
el capitalismo y mantener entre las clases sociales dentro de límites
de conflicto tolerables.
LEGITIMACIÓN
DEL ESTADO CAPITALISTA.
Como
en toda relación de poder, la dominación estatal no es solo la
aplicación de la coacción física, sino que para lograr estabilidad
y conseguir que sus medidas no sean rechazadas, el Estado también
requiere legitimidad,
o sea, el consenso o aprobación social sobre el orden y el control
que se ejerce. Si el Estado soló utilizara la fuerza, sus medidas no
se sostendrían en el tiempo porque la mayoría de la sociedad
cuestionaría y se opondría a ese abuso por parte del Estado.
La
función principal que tiene el Estado
capitalista es garantizar la existencia de la propiedad privada,
que permite la división de clases sociales opresoras y oprimidas y
se mantiene como sistema de organización social.
El
Estado debe de recurrir a mecanismos
de legitimación: actúa
en el ámbito ideológico
transmitiendo valores relacionados con el bien común, la
convivencia social o la identidad nacional, etc, y lo hace a través
de la educación o los medios de comunicación. También interviene
en el ámbito material por medio de políticas públicas que buscan
la satisfacción de las necesidades materiales y proveen un mínimo
de equidad en las condiciones de vida. Para ello, realiza obras
públicas, fija salarios mínimos, subsidia servicios públicos,
asiste a los más necesitados, brinda seguridad, etc.
NACIÓN.
El
concepto de Nación hace referencia a una comunidad de personas que
tienen un mismo idioma o lengua, una misma cultura, un historia en
común y expectativas de futuro que son compartidas. También existe
un sentimiento de pertenencia a un territorio que se simboliza con
una bandera que homogeneiza a todas aquellas personas que conviven
bajo la misma autoridad del Estado. La Nación ofrece una identidad
colectiva que está por encima de las individualidades y las
diferencias sociales. La
identidad nacional es un factor de cohesión:
crea un imaginario, lealtades, emotividades que tienden a establecer
una identidad común. Y el Estado va a ser el interprete de los
intereses nacionales y actúa llevándolos adelante a través de sus
políticas. En nombre de la “nación” se han justificado muchas
guerras o se han desconocidos derechos a otros pueblos.







