viernes, 13 de septiembre de 2013

Mitos y leyendas de las culturas americanas.

De los relatos de los conquistadores españoles y las numerosas inscripciones en los monumentos aztecas se encuentran las fuentes de las leyendas y mitos de los pueblos americanos.
Hernán Cortés, partió a la conquista del reino de los Aztecas, en febrero de 1519. Entró en Tenochtitlán y tomó como rehén al rey Moctezuma. Pero la infortunada actuación de Pedro de Alvarado provocó la reacción de los aztecas. En la “noche triste” los españoles se vieron obligados a huir. Después de reorganizarse Cortés retomó a Tenochtitlán; tomó la ciudad y extendió su conquista en territorio mexicano, mostrándose implacable con un pueblo que no estaba preparado para enfrentar a los conquistadores españoles.
Las leyendas de los aztecas, mayas e incas se confunden con episodios históricos que hablan de sus viajes, de sus conquistas y de las relaciones con otros pueblos.

Los dioses aztecas.

Una de las principales divinidades de los aztecas se encuentra Quetzalcóatl, la serpiente emplumada, que dominaba el segundo mundo de los cinco mundos de los orígenes  y que había creado el pueblo de los aztecas. En el comienzo de los tiempos, se había enfrentado con el dios Sol, Tezcatiploca, espejo humeante, en una sanguinaria y terrible batalla que provocó la destrucción de cuatro de los cinco mundos y sus soles. Al término del enfrentamiento, las dos divinidades se aliaron para crear el mundo actual y para dar nacimiento al Sol, Ollin. Después de originar vida a los hombres con gotas de su sangre,  Quetzalcóatl se dio cuenta de que no tenían nada para comer. Por esa razón, se transformó en una hormiga y penetró en el interior de una montaña para robar un grano de maíz. De ese grano derivaron todos los cereales, fuente esencial para todos los seres humanos.

El viaje a la tierra prometida de los dioses.

Al parecer, antes de llegar a México, los aztecas vivieron durante un tiempo en un expléndido valle situado al norte del río colorado, en lo que hoy es Estados Unidos. En dicho valle había siete cuevas, tierra suficiente para las siete tribus aztecas, flores, peces y toda clase de animales. Los hombres no tenían necesidad de cultivar el suelo, porque producía espontáneamente todo lo que hacía falta. Un día, el dios Huitzilopochtli se encarnó en un pájaro de ese reino paradisíaco, e invitó a su pueblo en ir en busca de  la tierra de los dioses que los dioses habían destinado a los aztecas. Así, se pusieron en marcha guiados por el cacique Tecpaltzin, llevando adelante la imagen de su dios, elevada sobre una plataforma de cañas. A lo largo del camino, Huitzilopochtli predijo a los sacerdotes que encontrarían un lugar donde las olas lamían una planta de cactus; sobre ese cactus había un águila magnífica, que sostendría entre sus garras una gran serpiente y tendría las alas abiertas con las plumas resplandecientes expuestas al sol naciente. Pasó el tiempo, y la tierra soñada seguía sin aparecer. El paisaje que rodeaba al pueblo de los aztecas era áspero y desolado; el suelo, pedregoso y lleno de ramas secas que dificultaban la marcha.
Un día Huitzilopochtli le habló nuevamente al cacique Tecpaltzin, diciéndole:  “Coloqué dos paquetes frente al campamento para ponerlos a prueba. En uno hay muchas ramas secas, en el otro piedras preciosas; a ustedes les toca elegir”.
Cuando los aztecas se vieron ante los dos paquetes, no se pusieron de acuerdo. La parte de ellos que dominaría México se decidió por las ramas secas –más útiles aunque menos preciosas-, mientras que los otros partieron por el mundo. Los primeros llegaron a una ciudad maravillosa Tollán, en la cual vivieron mucho tiempo en paz y armonía. Pero  Huitzilopochtli, se les presentó nuevamente y les dijo que todavía no había llegado el momento de detenerse; los aztecas volvieron a ponerse en marcha y llegaron finalmente al valle de México, a orillas del lago Tezcoco. Allí vieron cumplir el prodigio, y descubrieron el cactus lamido por las olas del lago, y el sol del amanecer, resplandeciendo sobre las plumas del águila. El dios salió entonces al encuentro de su pueblo y dijo a los aztecas que llegarían a ser amos del mundo.
Los arqueólogos consideran que la migración azteca duró cerca de trescientos años, a cuyo término fundaron la ciudad de Tenochtitlán, alrededor de 1320. Dos siglos mas tarde, el 8 de noviembre de 1519, el conquistador español Hernán Cortés y sus huestes (110 marineros y 570 soldados con 11 naves, 10 cañones y 16 caballos) entraron en la espléndida ciudad construida sobre el lago y devastaron jardines, huertos, casas, palacios y el inmenso templo construido por el dios 

Huitzilopochtli.

Las antiguas civilizaciones.


Ya en la antigüedad, el valle de México era sumamente fértil. Albergó a evolucionadas civilizaciones desde el 2000 a.C. Entre las culturas que ejercieron influencia sobre los aztecas, sobresale la de los olmecas, si bien tuvo mayor importancia la cultura que se conoce  con el nombre de “edad clásica” y que se desarrolló 300 a 600 d.C. en la ciudad de Teotihuacán. A esta gran civilización pertenecen los restos de enormes templos y de pirámides, edificios construidos en honor a los dioses de los fenómenos atmosféricos, que en parte también  fueron adorados por los mismos aztecas. Posteriormente, pero no menos importante para el mundo azteca, fue la civilización de los toltecas, que tenían su capital en la ciudad de Tollán. Pueblo guerrero y sanguinario, extendió su dominio también fuera del valle de México.

Cultura Maya.

En el siglo XVII un miembro de la tribu maya Quiché escribió una obra titulada Popol Vuh, que recogía muchos mitos de su tribu y del pueblo maya. Entre los relatos más bellos destaca el que relata la creación del mundo y el nacimiento de los seres humanos. Como sucede también en las leyendas de muchos otros pueblos, en el mundo maya estaba el silencio, antes del origen de todas las cosas. No había animales que alegraran la Tierra y el cielo, sino solo dos extensiones ilimitadas, inmóviles y silenciosas: el mar y la tierra. No había campos, ni arrancas, ni ensenadas, ni cuevas y montañas, ni flores y árboles, solo mar y cielo. Un día dos dioses, Pepeu y Gucumaz, el Creador y el Modelador, que vivían en la profundidad de los fondos marinos, se pusieron a conversar y a pensar cómo podía ser el mudo y la vida en él. Mientras hablaban, decidieron llevar la luz por encima de las aguas y borrar la oscuridad de la noche, para dar vida al mundo. De inmediato, en cuanto su voluntad fue clara, el sol comenzó a aclarar el cielo y los mares se retiraron para abrir paso a la tierra. Los dioses crearon entonces os montes y los árboles y todos los animales, para que pudieran honrarlos. Cuando el mundo estuvo lleno de seres vivos, los dioses pidieron a los animales que los adorasen pronunciando su nombre en voz alta. Pero los animales no supieron hacer otra cosa que emitir ruidos extraños pero no podían articular las palabras.  Pepeu y Gucumaz, muy contrariados decidieron que los animales serían cazados y asesinados por los hombres, en tanto que los hombres adorarían a los dioses. Como estaba por llegar la aurora, los dioses se dieron cuenta de que debían darse prisa si querían crear a los seres humanos antes de que naciera el día. Tomaron un poco de barro de los fondos marinos, lo modelaron y plasmaron una figura con forma de hombre. No obstante, apenas creado, el hombre resultó incapaz de mantenerse erguido y se disolvió al contacto con el agua.




Los hombres de madera y los hombres de maíz.

Después de este primer fracaso, Pepeu y Gucumaz comprendieron que debían crear al hombre con un material más resistente que el barro. Esculpieron nuevas criaturas, que estaban hechas de la dura materia de la madera. Como estos nuevos seres humanos eran fuertes y resistentes, pudieron reproducirse, llenando la Tierra de descendientes. Si bien eran indiscutiblemente superiores a los anteriores, no tenían juicio y no sabían adorar a los dioses. Pepeu y Gucumaz decidieron entonces eliminar a los hombres de madera de la Tierra y enviaron un gran aluvión para inundarlos, ordenando a cuatro grandes pájaros que devoraran a los sobrevivientes. Los seres humanos de madera se dieron cuenta de que el mundo se volvía en su contra: fueron atacados en sus propias casas por los animales con los cuales habían vivido y no lograron encontrar refugio alguno en la Tierra.
Solo algunos hombres de madera pudieron ponerse a salvo en las selvas, transformándose poco a poco en monos.
Los dioses crearon entonces a los hombres perfectos, hechos de pulpa de maíz, cuyos nombres eran Balam-Quisé, Balam-Acab, Manucutah e Iqui.Balam. no solo eran capaces de adorar a los dioses y darles las gracias por la belleza del mundo, sino que conocían el secreto de la sabiduría y los misterios de lo creado. Temiendo que pudieran llegar a ser demasiado poderosos, Pepeu y Gucuzman los privaron de ese saber y los adormecieron. Cuando los cuatro hombres se despertaron, encontraron a su lado a otras tantas esposas, con las cuales engendraron los hijos necesarios para llenar el reino de los mayas.

Los templos mayas.


Se habla del Imperio Maya porque fue una civilización que contribuyó una unidad lingüística, cultural y geográfica, que se destacó tanto por su arquitectura como las artes en general. Un significado particular tuvieron los templos de forma piramidal. Las paredes externas, con altas gradas y escalinatas estrechas y empinadas, permitían el acceso al santuario, restringido a unos pocos. En realidad, solo los sacerdotes podían establece el diálogo con las divinidades. Los templos estaban situados en el centro de la ciudad y a su lado se encontraba el espacio destinado al juego de la pelota, que tenía connotación religiosa: la pelota era el símbolo del sol en su recorrido y el campo representaba el mundo, tanto de los vivos como de los muertos.

Los incas.

La región de Cuzco fue dominada a partir del siglo XIII por los Incas, quienes fundaron un vasto imperio, desde Colombia, pasando por Ecuador, hasta Bolivia, Argentina y Chile. El término inca, que inicialmente designaba solo a la figura del soberano, más tarde se utilizó para indicar también a los miembros de su familia y a los seguidores que participaron en los operativos de conquista. La civilización inca, que fue sojuzgada por los españoles desde el siglo XVI, identificaba en el inca a la máxima autoridad del Estado, y lo consideraba soberano absoluto, además del dios más importante de todos: el sol. En su honor se construían espléndidos templos y se ofrendaban sacrificios de animales.
Pero los Incas, también creían en la existencia de otro espacio que no era físico sino mágico. Este espacio estaba dividido en tres territorios:
Hanan Pacha : El mundo superior o también llamado mundo de arriba. En este mundo de arriba estaba el mundo de los antepasados llamado Ñaupa Pacha.
A este mundo solo pueden llegar las almas de los justos, que deben cruzar antes un puente tejido con pelos.
Kay Pacha : Era el mundo visible o mundo de aquí. De este mundo formaban parte los plantas, los animales, los hombres y también los espíritus.

Uku Pacha : Era el mundo de abajo o mundo subterráneo. Estaba reservado para los muertos.