martes, 13 de agosto de 2013

¿Qué es un mito?

Para los antiguos griegos, un mito era un tipo de relato: una historia contada entre los miembros de una familia, en la corte de los príncipes o en las plazas griegas. El mito consiste en contar una simple historia, pero debe de tener ciertas características que lo diferencian de una fábula.
Entre los primeros mitos creados entre el ser humano se encuentran los conformados por La cosmogonía, lo cual se explicaba la forma en que el mundo había surgido y se develaba el misterio de la aparición del hombre y de las criaturas vivas.
Cuando no existía la escritura el mito se transmitía de boca en boca, a través del relato oral de los más antiguos de las familias y luego pasaban a las ciudades. Con la invención de la escritura se fueron registrando en textos. En la antigüedad, la gente seguía escuchando los extensos relatos de los rapsodas, que recitaban de memoria las más extrañas y maravillosas historias del mundo mítico. Junto a estos relatos se describían el origen del universo, el hombre produjo sagas interminables, que hacían referencia a las acciones extraordinarias de los héroes y su lucha contra los monstruos y los peligros del mundo conocido. En la época en que ocurrían esos hechos se denominaba  “heróica” y se situaba en un tiempo remoto y en un universo todavía salvaje, cuando los monstruos poblaban la tierra y los dioses acudían en ayuda de los simples mortales durante una casería o batalla.

La leyenda y el mito.

Es arduo establecer un límite entre el mito y la estructura de una fábula o leyenda. También en las fábulas y las leyendas hacen referencia de príncipes, monstruos, reinos malditos de magos y hechizos. En algunas culturas como la china o la céltica no existían mitos propiamente dichos, sino historias fantásticas que en la realidad se confundían con la imaginación. Tal vez, para los más antiguos la diferencia entre el mito y fábula radicaba en el nexo del primero con la religión; los primeros relatos míticos trataban de explicar de dónde venían los dioses, cuál era su vínculo con los hombres y de que manera debían ser adorados. No obstante, la línea que separaba mito, fábula y lyenda era casi invisible, pero con frecuencia los mismos relatos míticos que en determinada cultura narraban la compleja trama de las relaciones entre la divinidad y los hombres, en otras civilizaciones se transformaron en fábulas y leyendas.

La historia y el mito. 


Es dificultoso precisar, en algunos casos, cuál es el límite entre un mito y la historia. En algunas culturas los héroes mitológicos se convirtieron en figuras históricas reales, y otras, por el contrario, se volvieron tan legendarias las gestas de los personajes históricos que los transformaron en dioses y héroes. Uno de los ejemplos más emblemáticos es la figura del faraón: para los egipcios, su soberano no era simplemente un rey, sino un dios, e ingresaba por derecho propio en el mundo del mito, y sus hazañas tenían el sabor de la leyenda.

En el mundo clásico, los hombres célebres como Alejandro Magno y Julio César eran considerados héroes divinos; en los relatos, sus empresas erales se transformaban en acciones mágicas. Los reyes de Roma, personajes que al parecer existieron históricamente en realidad han sido descriptos en el mito como figuras en el límite entre la divinidad y  el héroe. El rey Arturo, la personalidad más famosa del mito céltico, probablemente es una figura que existió de verdad, pero pronto sus hazañas se convirtieron en leyenda.

Los mitos de la antigua Mesopotamia.


Al principio de los tiempos, muchas de las divinidades del mundo mesopotámico habitaban el universo, entre ellas Enlil, rey de los reyes que poseía la tierra y soplaba sobre ella con todos los vientos y las brisas; Anu, padre de las deleidades, que denominaba las regiones celestes; Sin, la Luna y sus hijos; Shamash, el Sol; Istar, el planeta Venus, la caprichosa y voluble diosa del amor y la guerra. Un día la gran Diosa Madre, creadora de todas las cosas, decidió dar origen al linaje de los hombres, para que fueran servidores de los dioses inmortales. La nueva progenie fue criada por los Siete Sabios, hombres divinos que existían desde tiempos inmemorables y que conocían el secreto del saber. Pero, el constante clamor que profería la estirpe mortal irritó profundamente a las divinidades, quienes resolvieron inundar la Tierra con un terrible diluvio para exterminar a los hombres. Pero algunos de ellos sobrevivieron y con ellos se inició una época más feliz para los hombres.




El diluvio.


En la cultura mesopotámica aparece un relato que se repite en muchas otras mitologías, el del diluvio, en el que se narra la destrucción del mundo y el surgimiento de una nueva era. A la que accederá sólo aquél que se haya comportado bien.
Este primer hombre es prevenido por los diosas y puede salvarse, en general con toda su familia y con sus animales que logre llevar consigo a la nave de salvación. También en la religión cristiana existe este mito, en el que el sabio Noé, recibe a Dios el aviso de que el diluvio inundará la tierra y que todas las criaturas morirán. Noé, construye un barco,  el Arca, con la que se salva. En la India, el Dios Vishnú salva a un hombre que se está ahogando; en los que Mayas, se presenta la serpiente del diluvio universal; el mito griego, recuerda las aventuras de Deucalión y su esposa Pirra, los únicos sobrevivientes del diluvio.          

El mito en Egipto.

Pese al profundo interés que el pueblo egipcio dedicó a los difuntos y al destino que esperaba al muerto en el más allá, la mitología manifiesta también un profundo amor por la vida y una gran devoción por los elementos de la naturaleza, entre los cuáles el río Nilo revistió siempre una relevancia especial en los egipcios. Heródoto, estaba convencido de que Egipto era un don del Nilo, en sus riberas se desarrolló la vida del reino egipcio desde sus orígenes. Durante las crecidas, regaban con regularidad las tierras contiguas, haciéndolas fértiles.; la agricultura fue durante milenios el recurso económico básico de Egipto. El Nilo era considerado una divinidad con su propio culto.
El sacerdote supremo era el Faraón, a quien rendían los honores representados a las demás deidades.
Los egipcios fueron un pueblo muy religioso. Crearon numerosas divinidades a la que le dedicaron majestuosos templos y ofrecieron todo tipo de honores. Debido a la importancia atribuida a la religión y al ritual, los sacerdotes tenían un gran prestigio. Cada centro de culto produjo sus mitos y leyendas sobre cómo sus dioses habían creado el universo.    
Hubo aquí quienes dijeron que de las aguas, llamadas Nun, que en un principio se identificaba al universo, había salido una colina, y sobre ésta, el Dios creador de todas las cosas había asumido una forma: se convirtió en un pájaro fantástico, dotado de larga plumas de colores, y lanzó un grito tan alto que hizo estallar el silencio del cosmos. Según otra versión, en las aguas del Caos navegaban ocho criaturas: los varones tenían cabeza de rana y las mujeres, cabeza de serpiente. Eran los primeros Dioses y se llamaban Heh y Hehet, Nun y Naunet, Ket y Keket  y Amón y Amaunet. Cuando estos seres se fusionaron, dieron vida a un huevo de inmenso tamaño, del cual según el mito, surgió el creador. En algunas leyendas se narraba que este huevo había sido llevado a la cima de una colina por una oca mágica, que lo incubó durante muchísimos años, hasta que el cascarón se abrió y emergió el ave Félix, espléndido y legendario pájaro sagrado, muy venerado por los egipcios. Al parecer tenía aspecto de un águila gigantesca y muy bella.
La versión más curiosa de la historia es la que habla de la creación del loto desde el abismo primordial. Según este relato, el loto, flor acuática de suave corola, había surgido de las aguas tranquilas al comienzo de los tiempos, que al abrirse develó al dios creador, el Sol. Cada noche el loto se hundía en las profundidades de las aguas, ocultando el sol al universo, y cada día volvía a la superficie, desplegándose para traer la luz.

El ave Fenix.


Nacido en Etiopía, donde vivió durante un período que varía de 500 a 1461 años, y de algunas tradiciones, 12954 años. La leyenda narra su muerte y renacimiento. En este punto las versiones son discordantes: según algunas, el ave Fénix recolectaba plantas aromáticas, entre otras el incienso, y formaba un nido del cual surgía un nuevo pájaro, tras la muerte del original. En otros relatos, el ave Fénix incendiaba las ramas, y de la hoguera emergía una nueva ave: esta ponía el cuerpo de quien la había engendrado en un tronco hueco de mirra y lo llevaba Heliópolis, donde un sacerdote incineraba el cadáver del primer pájaro y celebraba el nacimiento del segundo. El ave Fénix era considerada un animal divino, eterno, y por eso los cristianos lo tomaron como símbolo de resurrección. Para los egipcios, en cambio, era la encarnación del sol y del dios de los muertos, Osiris.  
Isis y Osiris.

Osiris era el dios de la vegetación, y su culto probablemente llegó a Egipto desde Siria en tiempos muy antiguos: desde sus orígenes se lo asoció con la devoción a los muertos, como muestran muchos aspectos de su mito. Cuenta la leyenda que en el tiempo en que Osiris ocupó el trono heredado de su padre, los hombres aún vivían como bárbaros: se alimentaban con carne humana y no sabían adorar a los dioses. Con su ascenso al poder, el dios llevó la civilización a sus súbditos, en señalándoles qué comer y cómo honrar a las divinidades. Su culto se difundió por todo Egipto, donde era adorado junto a Isis y a su hijo Horus, nacido después de su muerte.
Isis.


Era la esposa de Osiris. Al parecer le había enseñado al dios la práctica de la agricultura y este hizo participes de ella a los hombres. Su papel fue más bien secundario mientras su marido estuvo vivo, pero al morir Osiris, la figura de Isis cobró un valor fundamental en la mitología egipcia. Adorada a lo largo de la historia, se la consideraba el símbolo de  la rica y fértil tierra de Egipto, Mientras que Osiris simbolizaba el Nilo, que con sus crecidas fecundaba la tierra. A menudo se la representaba con cuernos o incluso con cabeza de vaca; otras veces se la mostraba como una mujer amamantando a su hijo el pequeño Horus.